Vacilación

Edward Roper, un científico británico, está decidido a cambiar de bando y poner todos sus conocimientos al servicio de los soviéticos. La prensa, los altos cargos del servicio de inteligencia británico y el Parlamento se preparan a darse un festín en el que "la seguridad nacional", "el amor a la patria" o "la honestidad", "la traición" y la "doble militancia" van a convertirse en los platos estrella del menú. Sin embargo, por encima de todo ello hay una mente pensante a la que no le gusta ni imaginar toda la basura que va a salir a la superficie cuando estalle el caso Roper. De manera que traza un doble plan. En primera instancia se trata de traer de vuelta al presunto traidor vivo o muerto, y de ello se encargará Denis Hillier, un viejo espía que gracias a este último acto de servicio se ganará el derecho a retirarse con una pensión mínima y que a duras penas si le dará para pagarse un asilo de jubilados. El plan se basa en la negativa del científico traidor a ser repatriado, razón por la cual Hillier no tendrá más remedio que eliminarlo. En cuyo momento, y aquí entra en juego la segunda parte del plan, un asesino a sueldo se encargará de Hillier y todos contentos.
Acantilado ha elegido como portada de su edición un detalle de La cocina de Pulcinella, de Tiépolo, probablemente con intención de alertar al lector de que se dispone a comprar una obra bufa. En la contraportada se habla claramente de una "auténtica caricatura del género de espionaje". Y algo hay de eso, aunque también habría que prevenir al lector de que se está llevando a casa una tragedia grotesca en la que, llevados a situaciones límites, todos los personajes deben asumir sus respectivos destinos (por descontado que apocalípticos).
Como es propio de la comedia bufa, todos los actores van profusamente disfrazados y, atrapados entre sus propias mentiras y las de los demás, actúan a la desesperada y sin más horizonte que su salvación. Y quién tiene tiempo para la moral, el altruismo o la amistad cuando está en juego la propia vida. Es decir que todos son unos miserables y nada sale como estaba previsto, por lo que la trama se adentra en el juego de las traiciones y engaños tan habitual entre espías. La irrupción de un gigantesco traficante internacional llamado Theodorescu y su mano derecha, una bellísima hindú de nombre Diva, son los agentes propiciadores de un crescendo de situaciones imposibles aderezadas con unas dosis bastante satisfactorias de asesinatos, emociones y sexo.
Sé que es una sugerencia imposible de poner en prácticas, pero creo que, puestos a dar pistas al posible lector, la editorial debería animarle a sobrellevar con paciencia una primera parte mal escrita, pesadísima y que, debido a las notorias diferencias de técnica y estilo, incluso parece un añadido. Como si el editor inglés, al leer el manuscrito, hubiese llamado a Burgess para decirle: "Anthony, tu novela es fantástica pero queda algo corta. ¿No podrías añadir 70 u 80 páginas para justificar que la vendamos a 20 €? "
La solución elegida por Burgess es una suerte de informe que Hillier le escribe a su jefe aunque varias veces se lamenta de que éste no lo vaya a leer nunca, por razones no especificadas. Pero le ha salido un pegote "anovelado", pues se trata de un informe que se parece demasiado a una novela o una novela que sufre de todos los males inherentes a un informe. Con el agravante de que ha sido colocada en el arranque de la obra. Es una lástima y recomiendo vivamente saltársela sin más. Primero porque, insisto, es una pesadez. Y segundo porque, salvo por unos pocos detalles iniciales , no es relevante para la narración en sí.
Pero quien no se desanime ante semejante entrada, o quien opte por leerla un poco en diagonal y sin dedicarle más allá de diez minutos, apenas entrar en la Segunda Parte tiene reservado un regalo impensable. Se trata de una competición gastronómica entre el malvado Theodorescu y Hillier, que ya nos ha sido presentado como aquejado de dos males crónicos: la glotonería y la satiriasis. Y si durante la competencia pantagruélica con el traficante se da cumplida muestra del primer mal, gracias a Diva, la hindú ayudante de Theodorescu y experta en Putam (una técnica erótica oriental que reduce el Kama Sutra a una horterada para dependientes del Corte Inglés) alcanzamos a comprender en la práctica lo que Burgess entiende por sufrir de satiriasis. Son veinte o treinta páginas disparatadas, repletas del mejor humor inglés y con metáforas tan afortunadas como la sustitución de la palabra "penetración" por una detallada enumeración de todos los acorazados, destructores, dragaminas y paquebotes de la armada inglesa que atraviesan tan disputado estrecho, pero ahora veo que, fuera de su contexto, la broma pierde gran parte de su hilaridad. O sea que mejor leer la secuencia completa, entre otras cosas porque detrás de semejante entrada, todo el resto de la novela se lee con sumo gusto e interés.
Vacilación
Anthony Burgess
Acantilado
[Publicado el 06/10/2009 a las 12:08]
Señor De Castro, me gustaría saber a razón de qué la noble y modesta profesión de reportero o profesor de una universidad de quinta en un rincón intrascendente del mundo le autoriza a referirse a los miembros de otras profesiones igualmente modestas en esos términos. Yo trabajo en el Corte Inglés y lo que menos necesito es que a falta de algo inteligente que decir un tipo como usted salga de paso menospreciando a lo demás. Por que si de burlarse se trata, podríamos empezar por su pinta de travesti mal operado (acá en el Corte Inglés le podríamos presentar a algún buen cirujano, porque ese restirado de cejas seguro se lo realizó un médico de guerra o uno de sus ilustres colegas de San Sebastián).
Comentado por: Roberto el 12/3/2010 a las 16:54
Comentado por: Elena el 19/10/2009 a las 19:47
A veces intento entrar en los distintos articulistas, en los ditintos blogs del boomerang; participo poco la verdad, pero a veces me pierdo, lo siento. Como escritor, como poeta, intento descifrar los entresijos de los artículos, empaparme de cultura, de buena cultura diría yo, sumergiéndome en la lectura de los mismos, pero repito, me pierdo, no puedo seguir el hilo; no puedo ponerme en la mente de un crítico literario cuando lo que aspiro es a ser un humilde lector. Es posible que como escritor, perdón como poeta, que no es lo mismo, no tenga la talla intelectual mínima para entrar en estos blogs y participar como cualquier otro lector, poder debatir ideas, artículos y textos literarios; a veces me olvido del boomerang por mucho tiempo, pero al final siempre me puede la duda, el saber si ya he alcanzado mi madurez intelectual para poder debatir, pensar sin hacer el ridículo. Viendo que nunca lo consigo no puedo más que cabrearme, lanzar una pataleta al aire prometiendome volver algún día con los deberes hechos.
Comentado por: Abelardo Manuel Martínez García el 08/10/2009 a las 20:11
Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial Bruguera, Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.
15/3/2010 09:50
Digo yo que el viaje del tal...
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