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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 12 de julio de 2020

 Javier Fernández de Castro

Cuentos completos

 

 

Nacida en 1909, la figura desgarbada y algo caballuna de Eudora Welty es un complemento indispensable en el paisaje literario estadounidense de la segunda mitad del siglo XX (o más, pues empezó a ser conocida a finales de los años treinta, se consolidó a lo largo de la década de 1940 y vivió hasta el año 2001. O sea, casi tres cuartos de siglo sin soltar la pluma).

                Se suponía que era le heredera natural de Faulkner y que, como tal, elevaría hasta las más altas cotas la capacidades expresivas del lenguaje literario sureño. Pero no hizo tal cosa, Ni por asomo. Es verdad de Faulkner y Eudora Welty comparten numerosos rasgos comunes, pues no en vano ambos nacieron y se criaron en el deep sur,  un paisaje creado por el Mississippi y plagado de desmotadoras de algodón, destilerías clandestinas de whisky, blancos descalabrados, negros como enloquecidos, predicadores, charlatanes y todo el elenco de personajes que uno espera encontrar allí. Pero salvo esas concurrencias circunstanciales, el supuesto maestro y la díscola alumna apenas tienen nada más en común.

                Por decirlo de alguna manera, la narrativa de Faulkner va perfilando un  mundo de adultos en el que por lo tanto ya ha tenido lugar el pecado original. A ratos parece que dicho pecado  fue lo más parecido a un sacrilegio cometido contra esa tierra virgen, mágica y abundosa que el hombre blanco usurpó para esquilmarla y envilecerla hasta lo indecible. Y la penitencia proporcional a tan inextinguible culpa  (lo dice el propio Faulkner en algún lugar)  sería la obligación de compartir tan degradado paraíso con unos negros que si ya eran una gran carga antes de la Guerra Civil, una vez perdida ésta y consumada la liberación de los antiguos esclavos, éstos son ahora un problema que se transmite de generación en generación sin que los Sutpen, los Sartoris o los Snopes sepan cómo resolver.

                La prosa de Eudora Welty por el contrario - y por llevar hasta sus últimas consecuencias la metáfora referida a Faulkner  - surge de un universo moral en el que todavía no ha ocurrido el pecado original. Está en ciernes, en el sentido de que la sombra funesta de la transgresión parece cernirse sobre todos, pero todavía no se ha consumado y ello permite a las gentes llevar vidas perfectamente cotidianas y reconocibles, casi anodinas.  En Eudora Welty la guerra, el crimen, la violencia o la sexualidad irreprimible no tienen una presencia tan determinante como en Faulkner. Están ahí. No es un mundo de almas cándidas o inocentes en el que las vidas transcurran ajenas a la condición humana. Pero, con ser una presencia evidente e irremediable, las miserias de la condición humana actúan más como en Virginia Woolf, otra maestra indiscutible de la sugerencia, de la capacidad de decir sin nombrar. Tanto una como otra facilitan al lector la información necesaria para que pueda juzgar en cada momento lo que pasa, solo que está dicho de forma sutil, no siempre evidente, a veces oculto tras una elipsis de elegancia insuperable.  Conste sin embargo que no trato de establecer ningún paralelismo entre la Welty y la Woolf, pues se parecen tan poco entre sí como puedan coincidir ambas con Faulkner.  Su presencia aquí es sólo a la manera de ejemplos que salen a vuelapluma y que conviene olvidar de inmediato.

                Sin embargo, el somero intento de descripción de la clase de prosa que va a encontrar un lector que no haya leído previamente a Eudora Welty me anima a hacer una nueva aproximación:  justamente porque  no siempre es evidente lo que se está narrando, una lectura cabal de la gran escritora sureña  exige una triple operación que va casi en sentido diametralmente a los hábitos de lectura actualmente imperantes.  Nada más abrir este volumen de los Cuentos completos aparecen narraciones como "Lily Daw y las tres damas", "Un recorte de prensa", "El hombre petrificado" o "La llave" que  exigen de entrada un cierto esfuerzo de comprensión, pues no siempre es obvio lo que está pasando. Paralelamente, se necesita una segunda operación, pues le corresponde al  lector ir reconstruyendo mentalmente el verdadero sentido de lo que se le está contando. La tercera y última operación consiste en deleitarse con esa nueva narración que surge como resultado de la interacción entre lo leído y lo interpretado. Y si todo esto parece una entelequia sin demasiado sentido, mi consejo es que se acuda directamente al texto y que se le de un margen de confianza a Eudora Welty. Según pasan las páginas y el lector se va familiarizando con sus técnicas y formas narrativas, los nuevos relatos no sólo adquieren un significado pleno sino que ocurre lo mismo con los leídos al principio, que de pronto se vuelven perfectamente comprensibles y cotidianos.

 

Cuentos completos

Eudora Welty

Lumen

[Publicado el 10/8/2009 a las 08:50]

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Comentarios (3)

  • Muy interesante su escrito...

    Comentado por: lembrancinhas valente el 10/7/2015 a las 03:34

  • Me encanta este sitio

    Comentado por: festa pooh el 10/7/2015 a las 03:32

  • Javier
    Me parece muy acertado que señales la sutileza y la sugerencia de los cuentos de Eudora Welty en tu apetecible nota. Una cualidad de la narrativa que hay que celebrar.
    saludos desde México

    Comentado por: Mónica Lavín el 21/8/2009 a las 13:55

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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