El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 23 de mayo de 2012

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

Tierras de poniente

Acaba de publicarse Tierras de poniente (Dusklands), la primera aparición pública de J.M. Coetzee, allá por 1974. Es inevitable que cualquier lector potencial, mientras hojee en la librería un ejemplar de esta novedad sopesando la posibilidad de comprarlo o no,  quiera saber si hace treinta y cinco años el señor Coetzee ya escribía "coetzees". O por decirlo de otra forma, creo que además de inevitable es legítimo que el presunto lector se pregunte si en Tierras de poniente va a reconocer la voz inconfundible del actual premio nobel o bien si le están ofreciendo el primer balbuceo inconexo y vacilante de un escritor en ciernes. Por desgracia, el redactor de la contraportada de esta edición no ayuda gran cosa al hablar de una "primera novela" cuando en realidad no se trata para nada de una novela sino de dos relatos absolutamente independientes. El primero  de ellos ha sido encauzado a través de un ciudadano norteamericano que trabaja  para el Pentágono y está redactando un curioso y especialmente malévolo "Proyecto Vietnam";  el proceso de degradación moral que sufre el redactor de la propuesta para ganar una guerra que ya entonces estaba irremisiblemente perdida se demuestra  demasiado fuerte para él y acaba sumido en la locura. En el segundo relato, fechado en 1760, un ciudadano boer llamado Jacobus Coetzee da cuenta del bestial ajuste de cuentas que él mismo ha llevado a cabo contra unos nativos que, en su opinión, habían atentado contra lo que él considera su honor.

Puestos a hilar muy fino, o sea si alguien tiene ganas de entretenerse buscando vetas de conexión entere estos dos relatos, podría decirse que ambos son una metáfora  de cómo el (mal)uso de un poder excesivo acaba provocando la destrucción de todos, verdugos y víctimas, amos y esclavos, fuertes y débiles, todos unidos por un mismo destino: la mutua aniquilación.  Pero,si se piensa un poco, esta definición valdría también para Moby Dick y para Guerra y Paz, por poner otros dos ejemplos de narraciones sin la menor conexión entre sí ni con las demás. Razón por la cual lo más sensato es ir directamente a lo que de verdad interesa: ¿son dos buenos relatos?

Por descontado que sí. Son dos relatos excepcionales.

¿Son aptos para todos los públicos? O lo que es lo mismo: si compro dos ejemplares y uno se lo regalo a mi suegra y el otro a mi pareja habitual de póker (que ni se conocen ni creo que vayan a coincidir jamás), ¿tengo la seguridad de que les va a gustar a las dos?

Bueno.  Hay que estar seguros de que a ambas destinatarias les gusta la literatura contada por "excéntricos", entendiendo esta denominación tal y como la emplea Borges al considerarse a sí mismo una especie de entomólogo que aprovecha su posición excéntrica respecto al campo de estudio para describir fría pero apasionadamente a dos ejemplares del género "hombre".   Pongo un ejemplo: el redactor del informe para el Pentágono, que desde la primeras líneas reconoce estar teniendo graves dificultades en su trabajo, achaca en parte esas dificultades al deterioro de las relaciones con su mujer, con la cual, aquellos transportes amorosos que un día les llevaron a engendrar un hijo han terminado siendo un acto en el que "mi semilla se derrama como orina dentro de los fútiles tractos reproductores de Marilyn".  Cuando se trata de ofrecer a sus clientes una receta para acabar con la guerra no es más romántico ni alberga un sentido heroico muy diferente del que pone de manifiesto al hablar de sus cuitas conyugales. El problema, les dice a sus jefes, se resolvería castigando al azar, sin hacer distingos entre combatientes y población civil. Nada de bombardeos con napalm y reproducidos en televisión para entusiasmo y regocijo de los televidentes (que creen estar asistiendo a una venganza por los actos de guerra sufridos por sus hijos o los hijos de sus vecinos). Hay que  matar uno por uno, y al albur, "pues a medida que prosigue el castigo el gusano de la culpa anida en las entrañas de cada cual hasta obligarlos a exclamar:"Estoy siendo castigado, luego soy culpable". Y quien pronuncia esas palabras está derrotado, concluye el fiel analista en beneficio de sus amos.

Otro tanto podría decirse del viejo boer vengador, quien al cabo de una sañuda persecución termina  dando alcance a los presuntos transgresores (unos pobres hotentotes que destilan desgracia y miseria irremediables). Una vez a buen recaudo, les suelta un interminable sermón acerca de Dios, del que no necesitamos que sea bueno, sólo que no nos olvide.  "Siendo como soy explorador de tierras salvajes, siempre me he considerado un evangelista y me he esforzado por llevar a los paganos el evangelio del gorrión, que cae pero dentro de un plan. Hay actos de justicia, les digo (les dije), y actos de injusticia, y todos tienen su lugar en la economía del conjunto. Tened fe, y sentid alivio, pues igual que el gorrión no caeréis en el olvido".

Dicho lo cual dicta sobre ellos sentencia de muerte. "En un mundo ideal - sigue diciendo en su informe -, habría esperado a la mañana siguiente para ejecutarlos, ya que las ejecuciones en mitad del día no son tan conmovedoras como un pelotón de fusilamiento en un amanecer lleno de rocío". Pero se niega a sí mismo semejante  placer  y procede. Y todo cuanto sigue es horrendo, aunque descrito con la precisión y limpieza de un manual de medicina legal (capítulo autopsias). Y con ello creo haber respondido a la pregunta de si es literatura para todos los públicos.

 

Tierras de poniente
J.M. Coetzee
Mondadori
 

[Publicado el 22/6/2009 a las 13:25]

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Comentarios (2)

  • Completamente acertado, gran error de la editorial al hablar de "novela" en la contratapa. Desorienta al lector. Ya leí el primer relato, impecable, crudo, voraz, un mal gusto refinado y legitimado por lo real. Ahora voy por el segundo.

    Comentado por: Santiago el 14/7/2009 a las 21:37

  • Fantástica crónica Sr. Fernández. No sé si me atreveré con este Coetzee pero me encanta leerle a usted.

    Comentado por: Artemis el 24/6/2009 a las 19:05

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

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