El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 14 de febrero de 2012

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

Poesía cortesana (Siglo XV)

Que la poesía se ha convertido en una actividad vocacional y casi clandestina es un hecho, por desgracia, largamente probado. Resulta curioso ver a los poetas jóvenes de provincias acudir a la conferencia magistral o cualquier otro acto social oficiado por un Maestro.  Por lo general se camuflan en las últimas filas o incluso aguardan fuera a que terminen los aplausos y los parabienes. Y entonces, en un discreto aparte, proceden a un intenso intercambio de libritos de poemas casi clandestinos, algunos impresos a costa del propio autor. Buen conocedor del ritual, el Maestro nunca sale de viaje sin echarse al bolsillo un puñado de sus propios libritos que entrega a cambio de los que le aportan los jóvenes vates. Un saludo cariñoso por parte del Maestro, y no digamos un elogio público a costa de algún librito anterior, son como un espaldarazo para el poeta novel, que ve de pronto aumentar su prestigio y autoridad ante sus pares. Lo vi hace años con Jaime Gil de Biedma y Gabriel  Ferraté, y lo he visto después con Pere Gimferrer y Félix de Azúa. El prestigioso poeta te abraza y felicita públicamente. Que más puedes pedirle a la vida, pues si lo que esperabas eran piscinas y mujeres de lujo está claro que te has equivocado de oficio. O de época.

                Y si esto describe con más o menos justeza la situación de la Poesía contemporánea, pedir a un lector normal y corriente que preste la atención debida a un libro como este, dedicado a la poesía cortesana del siglo XV encarnada por los Manrique suena como a desatinada prédica en el desierto. Con el agravante, sea dicho a favor de quienes se muestren reticentes a embarcarse en semejante aventura, de que hasta cierto punto tienen razón.

                El tiempo, ese mismo tiempo frente al que tan altivamente despectivo se mostraba el propio Jorge Manrique, es inmisericorde en su labor destructiva. El autor de la antología, Vicenç  Beltrán,  ha realizado un notable esfuerzo  a favor de la comprensión y para ello ha actualizado  las formas fonéticas, morfológicas y léxicas propias de la época y que tanto fatigan al lector actual.

                El resultado es un lenguaje diáfano y que se lee sin la menor dificultad. A pesar de lo cual ningún antólogo/adaptador puede (pues cómo podría) reconstruir en su totalidad el ámbito de significación que multiplicaba el sentido último de una poesía, y que para los contemporáneos era evidentísimo. El propio Vicenç  Beltrán afirma que, si fuera posible recrear  el aparato crítico adecuado, a partir del poemario de Gómez Manrique se podría trazar no sólo la trayectoria biográfica de su autor sino un análisis de la situación política y el devenir histórico de su época. Pero el ejemplo más claro quizá sea el de las "Coplas" de Jorge Manrique, sobrino del anterior e hijo de don Rodrigo Manrique, gran señor y  comendador de la Orden de Calatrava. Sus lectores de entonces, gente conocedora de los vericuetos de la poesía de la época,  supieron ver los mismos valores literarios, morales y místicos que todavía impresionan al lector actual. Y por descontado que también ellos debieron de estremecerse ante la idea de que tanto los señoríos como los ríos iban camino de  ese  mar que es el morir, "derechos a se acabar e consumir".

                La gran diferencia entre ellos y los lectores actuales estriba que en su momento todo el mundo sabía que esas coplas tan sentidas y honestas eran además un manifiesto político de manifiesta intención,  pues a raíz de la muerte de su destinatario la familia Manrique estaba pasando serías dificultades y tenía gravemente comprometidas su ascendencia política y su patrimonio. Resaltar la fidelidad a la Corona del fallecido,  recordar (con la debida humildad, eso sí) los grandes servicios prestados  a los futuros Reyes Católicos y poner de manifiesto las persecuciones que por ello había sufrido el finado era una forma de reivindicar su propia causa y de poner de manifiesto al servicio de quién estaban  su fidelidad y su espada. 

                Que Jorge Manrique muriese con las armas en la mano durante una escaramuza librada en 1479 a favor de Isabel la Católica fue otra de las muchas ironías de la tan maldecida fortuna. En primer lugar porque no le dio tiempo de sacar rédito alguno a sus afanes bélicos y en segundo lugar porque, muerto sin haber cumplido los cuarenta años de edad, no llegó ni a sospechar que la tan despreciada fama (¿qué se hizo del rey don Juan?/ los infantes de Aragón,/¿qué se hicieron? ) le iba a deparar el rarísimo honor de que, quinientos años después, cualquier persona medianamente culta puede recitar de memoria el arranque de las "Coplas" y al menos unos cuantos versos dispersos.

                Pero  si antes se ha utilizado el término "aventura" para describir el acto de leer (leer a los Manrique desde luego, pero es una práctica que debería generalizarse a cualquier lectura, incluida la de los periódicos) es porque  actualmente se puede leer con el libro en una mano  y la otra sobre el teclado del ordenador. Cualquier cosa que ponga un libro, por rara que sea, basta encomendarse a San Google para que la duda te sea disipada, y con un poco de suerte enriquecida con unas cuantas posibilidades más que puedes satisfacer allí mismo. O dicho en otras palabras, que quien no se enriquezca leyendo a los poetas amorosos del siglo XV es porque no tiene curiosidad, ni ganas de crecer, ni el conocimiento necesario para beneficiarse de tantas otras ventajas como ofrece el pertenecer a una cultura rica y plagada de grandes hombres el pasado.

 

Poesía cortesana (Siglo XV)
Rodrigo, Gómez y Jorge Manrique
Biblioteca Castro
 

[Publicado el 01/6/2009 a las 11:08]

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Comentarios (4)

  • Hoy dia la verdadera poesia apenas es visible, y lo que más se le asemeja es el rap...
    Bajo mi punto de vista la literatura esta en contínuo cambio y ya no es valorada como lo era antes es una pena pero así es, solo soy una alumna pero me gusta esto y se darme cuenta de que por ejemplo en los libros de literatura apenas está contenida la mitad de las novelas inportante de la literatura española, es una vergüenza y en unos pocos años no se verá de literatura ni la mitad que ahora...

    Comentado por: irene el 23/1/2011 a las 17:16

  • es unja mierda

    Comentado por: pilila el 19/11/2010 a las 17:20

  • MANIFIESTO PARA UNA NUEVA LITERATURA INDEPENDIENTE
    Pablo Paniagua


    Estoy convencido de que la literatura vive en un estado de permanente emergencia. La industria editorial, casi en su conjunto, dejó de apoyar a los autores noveles que enfrentan su trabajo con honestidad, para promover un tipo de producto pseudoliterario que rebaja la percepción general de lo que antes se entendía como literatura. Ahora, por ejemplo, David Trías, editor de Plaza & Janés (del grupo Random House Mondadori), proclama con descaro la conveniencia de la novela como producto consumible, mientras que el “mundillo literario” aplaude la concesión del Premio Cervantes a un escritor, como Juan Marsé, que plaga sus novelas con adverbios terminados en “mente” y cuya obra supone el estancamiento de un género que sigue los cánones del siglo XIX. Y es que la banalidad y la simulación de la Civilización Supermoderna lo empapa todo, hasta el punto de equiparar el éxito de ventas con la calidad. Hoy las historias de contenidos superficiales, bajo una deficiente forma y sin fondo, son las que reinan en el panorama literario, mientras asistimos a la derrota de la Gran Literatura.

    Da la sensación de que una parte de los involucrados en el proceso editorial (escritores, agentes literarios, editores, críticos y periodistas), están planeando y ejecutando la muerte de la literatura, su asesinato, mientras los lectores, alienados por la simulación, aplauden como si estuvieran viendo tal acto sentados frente a un televisor. Es la “cultura del entretenimiento” la que se superpone a la “cultura del pensamiento”, donde enanos mentales, como Francis Fukuyama, tan festejado por los medios de comunicación de masas, son los grandes pensadores de la Época Supermoderna.

    Pero dicha civilización parece que naufraga, en la propia crisis generada por la ausencia de valores espirituales, cuando el Becerro de Oro que todos idolatran se desquebraja como el mismo modelo económico en el que se sustenta. Y aquí la historia bíblica toma la forma de la parábola para repetirse en los tiempos de hoy, con un dios supletorio que nos conduce hacia la distopía. Ésta es nuestra civilización fracasada, la Humanidad ante el callejón sin salida, donde el ídolo monetario refulge con el fuego de la avaricia y la especulación, y donde la literatura, como un apéndice corrupto, rebaja su esencia para ir a la búsqueda exclusiva del logro económico, y así mostrar su rostro más siniestro.

    Ante lo arriba expuesto, hago de mi palabra un grito para promover una nueva “literatura independiente” que ha de enfrentar, criticar y señalar, los males de la Época Supermoderna y su banalidad, para así alejarse de la inercia que supone la muerte de la literatura. Como escritores tenemos que recuperar, con esfuerzo y dedicación, los espacios que nos están robando, encontrar nuevas estrategias para la supervivencia y no desistir en mostrar muestro trabajo al mundo. Para ello, hay que crear editoriales independientes (las nuevas tecnologías de impresión propician dicha vía, cuando negocios como “Lulu.com” o “Bubok.com” son salidas demasiado fáciles y, por tanto, bajo el influjo de la mediocridad), autogestionar nuestra obra, formar colectivos y grupos que dejen de mirar hacia el fondo del callejón sin salida, y así hacer que nuestra voz permanezca y sea escuchada; es indispensable suscitar la ruptura, crear el espíritu crítico que nos distinga frente a los narradores de lo banal, y recuperar la palabra: porque el paso del tiempo siempre hace justicia a los que no la traicionaron.

    Ahora que el negocio editorial se está transformando, gracias a las nuevas tecnologías de impresión, más la venta y promoción de contenidos literarios a través de Internet, podemos ir de manera resuelta al encuentro de los lectores. Es necesario, en consecuencia, establecer los procesos de divulgación y promoción que nos permitan evadir el anonimato, y presentarnos como una alternativa literaria independiente. Cualquier iniciativa es mejor que quedarse con los brazos cruzados, pues podemos vender nuestro trabajo, además de por Internet, en las calles, plazas, librerías, centros culturales, cafés y bares de nuestra ciudad (así como lo hacía, por ejemplo, Georges Bataille con sus ediciones caseras en la noche parisina). Es posible, les aseguro, vivir de la literatura sin rendirse a la superficialidad, sin tener que abandonar nuestros principios de honestidad literaria ni claudicar ante los equiparan el libro, como producto, a una hamburguesa de McDonalds´s o una lata de Coca-Cola.

    Siempre es duro nadar a contracorriente, ser marcado y mirado con recelo por los traidores de la palabra, pero incluso así merece la pena continuar. Es el simple acto de esta rebeldía el que nos diferencia, el motor de la ilusión que pretenden pisotear, cuando el camino embrozado al que nos arrojaron se convierte en el estímulo para avanzar hacia el futuro.

    Hoy, sin duda alguna, es la hora de luchar por este gran sueño.


    Pablo Paniagua a 21 de mayo del 2009
    http://www.escritorweb.blogspot.com/

    Comentado por: Pablo Paniagua el 03/6/2009 a las 17:37

  • En la pasada semana he visto asociada la poesía al fútbol del Barça y al gol de Messi. Un comentarista que quería polémica decía que para poesía el gol de Zidane en otra final de la Champion y daba el link para verlo. Para que veas por donde anda la poesía en estos tiempos.

    Comentado por: juandiezdelcorral el 02/6/2009 a las 09:08

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

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