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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 24 de septiembre de 2020

 Javier Fernández de Castro

Sólo un muerto más

Ramiro Pinilla
Tusquets Editores

 

Desde luego hace falta tener la mano muy suelta - y el ánimo libre de pesadumbres tan ociosas como el miedo al qué dirán- para atreverse a plantear en plena España de los años setenta una propuesta literaria como  Sólo un muerto más. Se recordará que en aquella época aún imperaba en España una gran preocupación por la verosimilitud. La literatura debía ser un reflejo de la vida y si acaso alguien se salía de la norma siempre se le podía neutralizar con el exorcismo de la etiqueta: "surrealista", "de vanguardia", "experimental", lo que fuera con tal de conjurar todo peligro de desfachatez, descaro o inventiva que cualquier mente creativa pudiese urdir para sobresalto de las buenas conciencias. Y si ello es válido para los juicios que merecía el estilo en general de una novela, detrás venían los fanáticos desenmascadores de prácticas tan nefandas como el laísmo y elqueísmo, los crucificadores del adjetivo al desgaire o los guardianes de las cosas como deben ser (también  "como Dios manda"...).

                A lo que parece Ramiro Pinilla escribió esta novela a mediados de los años setenta y la guardó en un cajón sin ninguna razón espec ial, o por la misma (sin)razón que le llevó, después de ganar el premio Nadal de 1960 con Las ciegas hormigas,  a desaparecer sin dejar más rastro que Seno, semifinalista del premio Planeta de 1971. Tras estos logros que bien hubieran podido lanzar definitivamente su carrera, Ramiro  Pinilla se sumió en un empecinado silencio de casi treinta años de duración. Después se sabría que no había estado ocioso durante ese tiempo porque en  2004 se descolgó con La tierra convulsa, primer tomo de una monumental (y excelente) trilogía titulada Verdes valles, colinas rojas. Además escribió, entre otras cosas, este Sólo un muerto más que, fiel a su forma de gestionar su producción literaria, no había dado a conocer ahora, totalmente a destiempo y plenamente a contracorriente, pero conservando íntegra una frescura lozana y rayana en la desvergüenza.

                Véase si no, y de forma muy sucinta, en qué consiste la propuesta: en 1945, y con el desorden de la guerra civil todavía en la mente de todos, un librero de Getxo llamado Sancho Bordaberri decide darle un giro audaz a su (calamitosa) producción literaria. Siendo un devoto de Hammet, Chandler, Cain y demás gurús de la novela negra, y sabiéndose un mediocre imitador del género que encumbró a todos ellos, Sancho el librero se dice obligado a dar un paso adelante y en lugar de escribir cómo decide encarnarse en. Y así es como irrumpe en las calles de Getxo el detective Samuel Sam Esparta, émulo indisimulado del mítico Sam Spade.

                Haciendo caso omiso de las miradas de mudo reproche de su madre, que en su día cedió a regañadientes el mejor traje de su difunto esposo para que le fuera adaptado al hijo, y soportando con estoicismo la incomprensión general ("¿Es que vas a misa?", le preguntan sorprendidos los getxotarras cuando le ven entre semana vestido con traje, camisa, corbata y sombrero) el incombustible Sam Esparta se lanza a desentrañar un horroroso crimen cometido en la playa de Getxo antes de la guerra y que continúa impune.

                Como mandan los cánones del género, el investigador es un pelma entrometido, un fisgón dispuesto a remover unos hechos del pasado que, al igual que otros  muchos sucesos dolorosos ocurrido antes, durante y después de la guerra, todos parecen deseosos de olvidar.  Menos él,  el encorbatado  propietario de la librería Beltza. ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene tratar de desentrañar  la verdad a estas alturas? También como mandan los cánones, a Sam Esparta las fuerzas oscuras le sacuden a conciencia y hasta tiene una empleada, la fiel y desmañada Koldobike, a la que obliga a disfrazarse y ejercer de secretaria con el pelo teñido  de rubio y una falda tubo que la deja sin respiración.

                Y, por raro que parezca, si el binomio Sancho Bordaberri/Sam Esparta provoca al principio toda clase de cortocircuitos a costa de la dichosa verosimilitud (tanto en el lector como entre los habitantes del pueblo), unos y otros acaban por aceptar con toda sencillez las andanzas y tropiezos  de ese curioso detective que no distingue entre vida y narración porque - y éste es el paso adelante que trata de dar en su carrera literaria - investiga porque quiere conocer la verdad acerca de aquello que está escribiendo. Y es en ese juego de espejos entre "realidad" y "ficción" donde surge la fuerza narrativa desenfadada y desinhibida  que engancha desde el primer momento y se va desarrollando con idéntica frescura hasta el final. Cada vez que el presunto detective se presenta ante un paisano diciendo ser Sam Esparta, el interlocutor lanza una significativa ojeada a su atuendo y dice: "Eres Sancho, el de Beltza". Después de lo cual, y unas vez clara las cosas, el interrogado entra en el juego de  los espejos y entre equívocos, palizas y falsas pistas, la verdad y la novela acaban configurando una realidad incuestionable.

[Publicado el 16/3/2009 a las 11:15]

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Comentarios (2)

  • Genial

    Comentado por: porta pirulito el 10/7/2015 a las 04:16

  • me parece muy bueno por lo que cuentan es muy interesante para mi crecimiento

    Comentado por: anyi fernanda el 06/6/2009 a las 20:06

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942- Fontrubí, Barcelona, 2020) ejerció entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral estuvo vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se dedicó asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. 

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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