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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 11 de diciembre de 2017

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

Un lugar llamado Oreja de Perro

Iván Thays

Anagrama

Es una novela triste y que transcurre en un lugar oficialmente llamado Oreja de Perro, un diminuto y perdido caserío que, siempre oficialmente, pertenece al distrito de Chungui, en el departamento de Ayacucho, Perú. /upload/fotos/blogs_entradas/un_lugar_llamado_oreja_de_perro_med.jpgSin embargo, y digan lo que digan los registros catastrales oficiales, el lector sabe reconocer de inmediato que ha sido conducido mediante engaños (o al menos utilizando como señuelo esa denominación de origen tan sugerente y singular) a uno de los confines más extremos del mundo. El cual, encima, ha sido erigido tan arriba en las montañas que sus visitantes padecen invariablemente el temido soroche, con sus inevitables y asquerosas secuelas.

Sería de plena justicia que los locales, ante las quejas de los recién llegados por las molestias físicas, la falta de comodidades e incluso de una mínima oferta de ocio, preguntasen a su vez: y quién se le ocurre venir a un lugar como Oreja de Perro.

Pero no hay queja porque, dentro de su homogeneidad (me refiero a que se trata de un estado del alma asumido, cotidiano y que afecta a todos por igual, sin altibajos) en la tristeza de Oreja de Perro no hay lamento. Porque éste, el lamento, es propio de quien ha perdido algo y nota su falta, o de quien vislumbraba una promesa de futuro y ha visto cerrarse esa puerta. Como si dijéramos, la queja es propia de quien sufre una irrupción de la realidad que marca un antes y un después, casi siempre para peor. Y de ahí la protesta, el lamento.

Pero qué novedad les cabe, y por lo tanto de qué van a quejarse los habitantes de un puñado de casas perdidas en uno de los confines del mundo y que desde hace veinte años, o sea desde toda la vida, han sido víctimas de la violencia imbécil, indiscriminada, alternada y bestial por parte de las guerrillas, el ejército y los paramilitares con sus respectivos regueros de muertes, torturas, violaciones y desapariciones cuyo fin parecen ser las (también respectivas) fosas comunes en las que los cadáveres son despedazados a bombazos para evitar una identificación posterior.

La cual es una práctica tan cruel como inútil porque el ser humano, qué menos, si no justicia, si no le son dados sus derechos fundamentales, aspira al menos a enterrar a sus muertos. Y contra esa voluntad ancestral no bastan las fosas comunes ni la identidad borrada a bombazos. La memoria, lenta, callada y tenaz -lo supieron en su día los militares argentinos y chilenos, acabarán por saberlo las autoridades religiosas españolas que tanto se oponen a dar sepultura a los muertos de hace más de setenta años-, continuará exigiendo concederles la paz a sus caídos.

Contra ese fondo, en semejante escenario, un capitalino que viene con su propia memoria a cuestas, trata sin demasiado éxito de implicarse en los trabajos que la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, aquella iniciativa puesta en marcha por el presidente Toledo y que se llevó a cabo con resultados dispares. El tiempo narrativo trascurre mientras los miembros de la Comisión tratan de cerrar definitivamente veinte años, toda una vida, de crueldad y de olvido. Y al tiempo de tratar de poner en orden a su propia memoria, al capitalino trasplantado a ese confín del mundo le van saliendo al paso nuevos sucesos que se suman a los pasados, propios y ajenos, para configurarle un futuro tan incierto como no deseado. Un matrimonio con quien no debía, los agravios de antes y después de la separación, la tragedia irreparable de un niño muerto mientras todos dormían o las inoportunas llamadas de la vida para que se reincorpore ya a su devenir son como una barrera que una conciencia doliente opone a los horrores que irán saliendo junto con los cuerpos (esos perros famélicos desenterrando cadáveres para saciar su hambre) y las muestras de indiferencia, cansancio o cinismo que aquellos sucesos suscitan hoy. La vuelta a casa, la recuperación del horror cotidiano o las nuevas vejaciones, propias de toda ruptura matrimonial, no significan de hecho un cambio notorio en esa tristeza infinita que recorre esta novela desde su primera a la última página.

Nota extemporánea: la novela, fuera ya del ámbito estrictamente literario, le ha cabido un inesperado final feliz, puesto que mereció el honor de ser señalada como novela finalista del Premio Herralde. Y ya se sabe que, en ese premio, cuando el jurado da a conocer una circunstancia así está diciendo que al final de las votaciones se produjo un empate y que cualquiera de las dos, la finalmente ganadora y la finalista podrían haberse llevado el premio. Y que le cayó en suerte a la otra. Pero después de una convivencia tan intensa como la que tiene lugar en Oreja de Perro, un reconocimiento así suena a victoria. Por fin.


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[Publicado el 27/11/2008 a las 11:11]

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Comentarios (7)

  • las técnicas de mercado son muchas, los premios a autores es una de ellas. me gustó la novela :)

    Comentado por: Leonor Carranza el 12/6/2011 a las 05:34

  • He leido el libro me agrado; pero entiendo el porque no gano el premio Herraldes, lo que si me parece una ridicules y muy pobre del autor que ponga que casi gano el premio jajaja cuando no lo gano, eso me parece ridiculo, si no lo ganaste no se pone y listo no hay que colgarse de titulos ajenos, ni andar por las sombras. Ese premio se lo gano el mexicano. digan loque digan, pero la intencion de poner "finalista" es clara, astuta para vender, pero poco inteligente para Ser.

    Comentado por: Junior Esquizabal Estrada el 02/3/2011 a las 18:46

  • Me encantó la novela, me identifiqué con el protagonista ante la pérdida. En términos literarios, me parece una excelente muestra de la narrativa latinoamericana.

    Comentado por: Consuelo Martínez Justiniano el 14/12/2010 a las 22:09

  • hola me llena de satisfaccion y orgullo por escribir una novela que es exactamente de mi tierra, lo cual sufrio la violecia politica no solo en los años ochenta sino en las primeras guerrillas de la historia, del cual el gobierno y muchos ignoran por ser lejos. gracias por hacer algo por mi distrito.

    Comentado por: JOSE MONTOYA CCAICURI el 09/6/2009 a las 22:17

  • SALUDOS DE PERU, BUENO A MI ME JALA EL TITULO, ESPERABA COMPRARLO EN CRISOL DE LIMA, PERO LUEGO DE LEERTE ME QUEDA LA DUDA. SOBRE EL PREMIO, A HERRALDE LE ESTA GUSTANDO LOS TEMAS CON RASGOS SUBERCIBOS, AL PARECER. RECUERDEN "LA HORA AZUL" DE ALONSO CUETO, Y AHORA ESTE NUEVO LIBRO FINALISTA. TENGO EN MENTE UNO, HABER SI TENGO SUERTE,S ALUDOS.

    Comentado por: percy sha el 31/3/2009 a las 23:37

  • Leo cuanto escribes por la mera satisfacción de gozar de tu excelente estilo literario. Y en el caso de estas críticas en Boomeran para saber si me puede o no interesar un libro.

    Comentado por: Amelia Valiente Soler el 29/11/2008 a las 17:58

  • Tus comentarios me interesan siempre,son ponderados y esclarecedores,me ayudan a elegir mis lecturas.Gracias

    Comentado por: M Teresa Fernandez el 29/11/2008 a las 17:34

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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