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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 19 de septiembre de 2020

 Javier Fernández de Castro

Fumando espero

/upload/fotos/blogs_entradas/fumandoespero3_med.jpgJorge Ángel Pérez

Bid & co.editor (Caracas, Venezuela)

Virgilio Piñera fue un poeta y dramaturgo cubano cuya obra le valió un gran prestigio (pasa por ser el primer representante del teatro del absurdo) pero cuya nunca negada homosexualidad le costó ser condenado al ostracismo por las autoridades castristas. Fumando espero narra el inicio del exilio bonaerense de Virgilio Piñera, donde convivirá con personajes públicos tan variados como Perón y Evita, Jorge Luis Borges, las Ocampo, Josephine Baker o un Witold Gombrowicz realmente insólito y casi irreconocible para el lector normal.

Quienes gusten de los relatos tremendistas, barrocos, extremistas y disparatados no deberían dejar pasar la ocasión de comprobar si este libro - por otra parte original y bien escrito- les ofrece la clase de sobresaltos y emociones fuertes que ellos le piden a un relato.

José Ángel Pérez, el autor, parece ser hombre al que le gusta el riesgo y llevar las cosas hasta el extremo. El problema es que a ratos va tan embalado, o le fascinan de tal modo las posibilidades expresivas de lo que está contando, que da la sensación de no saber parar a tiempo. Y como les ocurre a los toreros tremendistas, a fuerza de alargar la faena les van cayendo amenazadores avisos que acaban desluciendo sus méritos.

El lector tendrá ocasión de comprobar la clase de desmesura a la que me refiero según vaya pasando episodios como la etapa infantil del Piñera identificado con Madame Pompadour,  la presentación de los personajes con los que convive en la pensión bonaerense (por otra parte geniales) o las diversas aventuras con la vidente cegata. Pero donde más expresivamente se ven la ventajas/inconvenientes del gusto del autor por llevar las cosas hasta el extremo es cuando al Virgilio Piñera alumno de una escuela militar le da por seducir a un guapo compañero recurriendo a una decoración artística de su pubis y aledaños. Según José Ángel Pérez, con la sola ayuda de unas tijeritas y las pinzas de cejas de mamá es posible tallar un "pubis churrigueresco" en el que unas escenas del Beowulf  pueden ser sustituidas por otras de Rolando y la retaguardia de Carlomagno con olifante y todo, pero que dejarán paso a su vez a Tristán e Isolda, finalmente sustituidos por el Cid y doña Urraca, Bellido Dolfos y el rey Sancho como comparsas. A esta clase de exceso en la tauromaquia lo conocen por cargar la suerte y es una práctica que tiene tantos partidarios como detractores. Para compensar, la secuencia se acaba con un apocalíptico incendio y la correspondiente  intervención de los bomberos, uno de los cuales, por descontado que muy apuesto y viril, da ocasión a una cómica situación a costa de sus dos mangueras, una, la reglamentaria, y otra, la propia. Y conste que la terminología corresponde por entero al ardoroso Virgilio Piñera, un irredento entusiasta de las mangueras.

Al mismo tiempo, Jorge Ángel Pérez demuestra ser un eficaz usuario del leitmotiv. Una simple manía del personaje -quiere ser inmortal y para ello busca un embalsamador que le asegure la pervivencia de sus manos, que son lo más bello de su cuerpo- le permite usar ese motivo como punto de referencia en los continuos saltos de tiempo y espacio, pero también para imbricarlo en la narración casi como un personaje  más. Desde el fallido intento de ver en Buenos Aires el cuerpo embalsamado de Manuel de Falla (el autor del Amor brujo murió en la ciudad argentina de Córdoba y fue  debidamente  preparado para el traslado a su Cádiz natal) hasta la creación de un disparatado comando cuya misión será atentar contra el cuerpo de Evita Perón, Jorge Ángel Pérez sabe sacarle un enorme partido al embalsamamiento.  El cual es un deseo de pervivencia que deja traslucir inequívocamente la angustia que le provoca la suerte que ha de correr cuando regrese a Cuba y sea perseguido, encarcelado y ninguneado por los valientes revolucionarios castristas, tal y como le predice una nueva vidente, esta vez rusa, que ha venido a sustituir a la cegata. Y todo sigue así hasta el final.

[Publicado el 24/9/2008 a las 08:15]

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Comentarios (4)

  • No debe justificarse ni yo lo pretendía.
    Nuestros ojos sufren con el paso del tiempo.

    Seguiremos encontrándonos por acá. Y no será para 'enmendar la plana', se lo aseguro.

    Comentado por: estrella el 29/9/2008 a las 09:47

  • Ofrezco una explicación sin pretender que sea una justificación: escribo todo a mano y se ve que con el tiempo mi letra se ha deformado hasta el extremo de que ni yo la entiendo, por lo que al pasar del cuaderno al ordenador puedo cometer fallos tan imperdonables como convertir a un Piñera en un Piñero. Vaya por Dios.

    Comentado por: Javier Fernández de Castro el 29/9/2008 a las 08:22

  • Pues yo espero lo mismo, que siga.

    Leer sus críticas es abrir ventanas al conocimiento de la obra literaria que no es 'carne' de suplementos culturales y además, y eso me gusta mucho, complace.

    Quisiera que esto que voy a escribir pudiera ser en tinta invisible y que sólo usted pudiera leer pero la técnica no alcanza a tanta 'virguería', en fin... allá voy: sucede que a lo largo del texto el apellido del poeta aparece equivocado. Excepto en el primer párrafo, las veces que lo hace en el resto es bajo la forma de 'Piñero'. No sé qué haya podido suceder.

    Mis disculpas si esto no debiera haberlo escrito.

    Seguiré leyendo, seguro que complacida, sus críticas.

    Comentado por: estrella el 26/9/2008 a las 17:35

  • Sólo decir que espero que duren mucho tiempo estas críticas que haces, porque son estupendas y tú uno de los dos o tres mejores escritores que hay ahora en España.De paso, a ver si alguien con dos dedos de frente se decide a reeditar tus libros, porque son difíciles de encontrar la mayoría.

    Comentado por: jose el 25/9/2008 a las 10:34

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942- Fontrubí, Barcelona, 2020) ejerció entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral estuvo vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se dedicó asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. 

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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