Mis páginas preferidas
Ramón Menéndez Pidal
Editorial Gredos
Madrid
Quisiera creer que son innumerables los lectores del ámbito de la lengua española que consideran necesario asomarse de cuando en cuando a aquello que nos constituye. Pocos o muchos, a ellos va dirigido el relanzamiento que está llevando a cabo la Nueva Biblioteca Románica Hispánica, dirigida por Francisco Rico, y que se quiere heredera de aquella colección del mismo nombre fundada en 1950 por Dámaso Alonso y que él mismo dirigió.
Para esta reaparición al amparo de Editorial Gredos se han elegido cuatro títulos que, cada uno a su manera, sirvieron en su día para cimentar el inmenso prestigio de la colección. El primero es Poesía española, de Dámaso Alonso, un libro publicado en 1948 y que se había convertido en una rareza. Sus estudios sobre Garcilaso, Fray Luis de León, Quevedo, Juan de la Cruz, Góngora o Lope de Vega son auténticos clásicos. El Diccionario de términos filológicos, de Fernando Lázaro Carreter, y la Historia de la lengua española de Rafael Lapesa continúan siendo dos herramientas filológicas de primer orden.
El cuarto título seleccionado, sin duda alguna mi favorito, es Mis páginas preferidas, de Ramón Menéndez Pidal. Para la presente edición se ha conservado una nota preliminar en la que casi se puede escuchar a don Ramón refunfuñar por el hecho de que le obliguen a elegir unas -y por ende silenciar otras- de sus obras. Pero eligió, pese a todo, y dentro de su interés por los temas literarios se decantó por dos de sus temas favoritos, la poesía épica y el romancero, que tantos frutos le reportaron. Completan esa sección un estudio sobre el estilo de Santa Teresa y otro sobre El Quijote. Pese a que el título de la segunda parte pueda resultar algo preocupante, Temas lingüísticos e históricos, únicamente el primero de los cuatro estudios que incluye, llamado "Algo sobre el lenguaje", puede considerarse sólo apto para estudiosos. En los otros tres, "Páginas de historia antigua", "Páginas sobre la España imperial" y "Las dos Españas", se pone de manifiesto una característica de Ramón Menéndez Pidal que le distingue sobremanera de sus colegas. Y me refiero a la calidad de su prosa.
Si un estudioso que lo sabe todo sobre lo suyo encima posee una prosa de excepción, el resultado (el libro) es un milagro. A mí no me cabe duda de que, en lo referente a la prosa, la obra cumbre de Menéndez Pidal es La España del Cid, e invito a lector curioso a que lo hojee sin un propósito definido. Si tiene la suerte que le salgan al paso fragmentos como la descripción de cómo viajaba un caballero armado, o si puede seguirle la pista en sus peripecias al cinturón de la sultana (ya descrito en Las mil y una noches) el lector tendrá ocasión de comprobar por qué es posible hablar con tanto entusiasmo de la escritura de Menéndez Pidal. En las páginas escogidas, y salvo el ya mencionado estudio sobre el lenguaje, tanto en los trabajos sobre "España romana" como en las relaciones de "España con Sicilia" la lectura es una verdadera delicia. En cuanto a "Las dos Españas", un tema desgarrador para la generación del 98, la prosa no es amena, pero en cambio destila pasión y lamento, pues ya parecía vislumbrar la que estaban tramando unos y otros en vísperas de 1936.
A los cuatro primeros lanzamientos ya se ha unido otro, en la persona de Marcelino Menéndez Pelayo. Su monumental Orígenes de la novela (dos tomos de casi 800 páginas cada uno) se publicó entre 1905 y 1915. Desde entonces sólo se había reeditado una sola vez, entre 1940 y 1959, dentro de las obras completas publicadas por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en 65 volúmenes. Pero ya está. Se acabó la penuria. Aunque, por si acaso, el lector avisado hará bien en ir acopiando los siguientes títulos que Gredos vaya dando a luz. Da lo mismo si no los lee ahora. Antes o después acabará visitándolos porque, como decía al principio, atesoran lo que nos constituye.
[Publicado el 17/9/2008 a las 11:16]
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Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial Bruguera, Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.
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