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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 14 de diciembre de 2019

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

La Cruz de Monte Arruit

Enrique Meneses Puertas era un lechuguino dedicado a dilapidar concienzudamente la fortuna familiar en los casinos y los restaurantes de moda de Madrid, París o Biarritz cuando repentinamente, y sin tenerlo meditado ni estar preparado para semejante propósito, se alistó voluntariamente y como soldado raso en las fuerzas  expedicionarias españolas que luchaban en Marruecos  defendiendo la última colonia de aquél imperio en el que antaño no se ponía el sol. Su inesperada decisión causó sorpresa y hasta escándalo entre sus refinadas y ociosas amistades, primero porque estaba muy lejos de ser un aventurero preparado para sobrellevar la clase de penalidades que le aguardaban pero sobre todo porque poco antes acababa de tener lugar el Desastre de Annual (1921) y las tropas españolas allí destacadas continuaban siendo masacradas debido en gran parte a la ineptitud de sus mandos y pero también porque, encima, las operaciones se llevaban a cabo con criterios más políticos que militares.

Vaya por delante que lejos de ser una obra con elevadas miras literarias  se trata de un texto de denuncia (o por mejor decir, de apasionada denuncia) y muchas veces el afán por dar cuenta de lo que allí vio se pone por delante de las reglas literarias y estilísticas al uso. A pesar de lo cual se lee con fruición porque ofrece un testimonio de primera mano de uno de los episodios más bochornosos  y cruentos  de una país al que aún le faltaba por vivir una terrible Guerra Civil.

De entrada es muy llamativa la descripción del estilo de vida de los chicos ricos en los años Veinte: automóviles de lujo, pisos suntuosos, criados, fiestas anegadas en champán hasta la madrugada, algún chute ocasional y mucho baile y mujerío. Las marquesas y las duquesas estaban en su salsa pero en ocasiones (“Hija, por Dios, qué lata”), no podían asistir a alguno de los mejores bailes de la temporada por culpa de otros compromisos previos.

En el curso de unos pocos días ese lujo y disipación se van a trocar por comidas en malas condiciones, agua podrida, camastros repletos de chinches y enfrentamientos contra un enemigo que luchaba por liberar de intrusos su territorio y recurría a  las peores atrocidades para amedrentar al adversario. Y Enrique Meneses  no pasa por alto uno solo de los terrores y miedos de unas tropas que veían multiplicados sus sufrimientos por la incompetencia de los mandos y el ciego egoísmo de unos políticos más ocupados en sus respectivas carreras que en el resultado final de una contienda que parecían dar por perdida.

A pesar de que la literatura relativa a las actuaciones de España en Marruecos es relativamente abundante, está claro que para las autoridades, y en especial para las franquistas, no era un episodio que les gustase airear. Al fin y al cabo, cualquier crítica al Ejército fue un tema tabú durante más de cuarenta años y el propio Francisco Franco, el caudillo invicto, fue uno de los generales directamente implicados en el desastre africano. Su devoción por las tropas nativas que tuvo un día tuvo bajo su mando podía verse reflejado en la vistosa Guarda Mora que le protegió de sus enemigos hasta mucho después de la independencia del Sahara.

Mientras se reponía en hospitales  de la Península de la grave herida en la cabeza sufrida en el curso de la desastrosa batalla por el Monte Arruit, Enrique Meneses dejó constancia por escrito de lo ocurrido durante sus meses de servicio primero en los Húsares de Pavía y el Regimiento de la Princesa y luego en los  famosos Regulares de Melilla, un cuerpo integrado en principio por soldados nativos que podían ser apoyados por españoles encuadrados en el escuadrón de caballería que poseía dicho regimiento. 

Al ya mencionado desinterés por las bellas letras por parte del autor  se une la dificultad de un lenguaje muy de acorde con la época pero decididamente anticuado para el gusto del lector actual. No obstante, la frescura del material narrativo, las vívidas descripciones de los olores, sonidos, miedos y heroísmos son más fuertes que cualquier expresión anticuada o excesiva (sobre todo en lo relativo a los sentimientos patrióticos) pero ello no permite olvidar los magníficos retratos de compañeros y amigos o pasajes tan vigorosos como una carga del escuadrón de caballería de los Regulares, con sus pequeños caballos árabes a galope tendido y ellos en pie sobre los estribos disparando contra el enemigo (pág. 115 de la presente edición).

Una vez repuesto, Enrique Meneses aún tendría tiempo de colaborar en Hollywood con Charly Chaplin, Rodolfo Valentino y demás celebridades de la época, ejercer de corresponsal en España del New York Herald Tribune, refundar la revista de Rubén Darío Cosmópolis o dirigir en París la agencia Prensa Mundial (favorable a la República, por supuesto) hecho que le valió en 1944 una condena a muerte bajo la acusación de haber ejercido cargos políticos. Su hijo, Enrique Meneses Miniaty (muerto en 2013) fue un escritor, reportero y fotógrafo mundialmente conocido.

La Cruz de Monte Arruit

Enrique Meneses Puertas  

Ediciones del Viento

[Publicado el 26/9/2019 a las 09:22]

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Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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