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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 17 de septiembre de 2019

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

El monje de Moka

Cuando Dave Eggers  lo conoció, Mokhtar Alkhanshali ya no era el joven de veintipocos años que había estado trabajando de portero en unos apartamentos de lujo cuando debería estar estudiando derecho en la universidad. Mokhtar era de origen yemení y pertenecía a una respetada tribu local, pero había nacido en Estados Unidos y se había criado en Ternderloin, uno de los barrios  más pobres y conflictivos de San Francisco. Tanto su familia  como sus maestros y amigos  lo tenían por un tipo listo y cabal pero despistado, sobre todo en lo relativo a qué hacer de sí mismo y a qué pensaba dedicar el resto de su vida. Incluso lo mandaron a Yemen a casa del abuelo Hamood para ver si se centraba un poco. Allí tuvo su primer encuentro con el café pero no fue del todo prometedor porque no supo ver que los arbustos dispersos por el patio eran cafetos. Y tampoco se enteró que una vez comida la pulpa jugosa y dulce de sus frutos, lo que él tiraba a la basura (el equivalente al corazón de una manzana), contenía unas semillas que tras un complicado  proceso de elaboración terminaban siendo los granos  del café que todo el mundo bebe por la mañana para empezar el día como es debido.

                El encuentro entre el escritor y su personaje tuvo lugar en Oakland, la gran ciudad situada frente a San Francisco al otro lado de la gran Bahía. Ellos dos cambiaron sus primeras impresiones mientras atracaba el MSC Luciana, un barco que procedente del puerto saudí de Jeddah, y después de tres meses de navegación, traía en sus bodegas los contenedores repletos de granos de café que Mokhtar, tras incontables peligros y aventuras casi inimaginables ,había logrado sacar de un Yemen desgarrado por la guerra civil y en el quew era casi suicida circular por apartadas carreteras de montaña con los bolsillos rebosantes del dinero indispensable para pagar a los desconfiados caficultores locales.

                Eggers quedó tan fascinado por lo que su interlocutor había vivido – y pensaba seguir viviendo  en adelante porque estaba firmemente decido a ser un importante importador de café yemení– decidió acompañarle en sus aventuras. El presente libro es el resultado de tres años de visitar cafetales y caficultores de todo el mundo, de mascar qat (fanerógama cuyas hojas contienen potentes alcaloides psicotrópicos que crece, y se consume, por doquier en todos los países del Cuerno de África, Yemen incluido –, y de mantener interminables conversaciones con cultivadores, importadores, mayoristas, distribuidores, usureros, elaboradores y degustadores de café. El lector que decida llegar hasta el final puede dar por seguro que verá cambiada para siempre su relación con ese líquido negro y humeante que, en contra de la opinión de tantos  connoisseurs de pacotilla, nunca se debe tomar demasiado caliente porque el calor mata  la mayor parte de los delicados y sutiles aromas que  contiene una  buena infusión. 

                Para ser tomado en serio en el mundo del café  – tan exquisito, excluyente y clasista como el del vino– hay que ser Q Grader, un título creado en 2004 por Instituto de Calidad del Café y que desde entonces sólo ha sido aprobado por dos mil personas. Y se entiende porque las diferentes pruebas a las que son sometidos los aspirantes requieren un nivel de sensibilidad sensorial casi estrafalario. En la prueba de Habilidades Catadoras el alumno debe identificar y puntuar varios cafés asiáticos y africanos; en Triangulaciones se ofrecen seis juegos de tres tazas; en cada juego dos de las tres tazas son idénticas y el alumno debe identificar la discordante. Para Identificación de Ácidos Orgánicos hay ocho juegos de cuatro tazas y se debe averiguar qué tazas han sido adulteradas y con qué ácido, etc. Y todavía le quedarán varias pruebas más igual de complicadas.

                Y por si fuera poco, quien logre graduarse estará solo al principio de un larguísimo camino repleto de rivalidades feroces y peligros a veces mortales. Téngase en cuenta que el mercado mundial del café produce anualmente 70 mil millones de dólares y es el principal medio de vida para 100 millones de personas. Es decir que hay unos intereses creados muy poderosos y no es de extrañar que allí nadie acoja con los brazos abiertos a un intruso que trate de abrirse camino llevándose de paso una parte del pastel.

                En el caso de Mokhtar se daban dos circunstancias especialmente adversas para  él: la primera, que pese a ser Yemen  uno de los primeros países en producir café, con el tiempo se había cambiado la calidad por la cantidad y los medios de cultivo y procesado eran lamentables, aparte de que los cafetales habían sido masivamente eliminados en favor de plantaciones de qat. Y la segunda, que después de una larga tradición de luchas y rivalidades tribales que no hacían sido desangrar al país, cuando Mokhtar inició sus actividades comerciales estalló una guerra civil que no sólo dificultó aún más sus labor sino que a punto estuvo en varias ocasiones de costarle la vida.

                De todo ello habla este libro repleto de curiosa información sabiamente administrada por Dave Eggers para integrarla en un relato de viajes y aventuras que atrapa al lector en las primeras páginas y ya no lo suelta hasta el final.

                Y hablando del final: quien sienta la ineludible necesidad de conocer el sabor de ese café que tantos afanes ha costado poner en el mercado mundial no tiene más que acudir a Google y pedir que le conecten con la tienda online de Port of Moka, que es el nombre de la marca que actualmente comercializan Mokhtar  y sus socios. Sale caro pero pasa  por ser uno de los mejores cafés del mundo, aparte de que a lo mejor sabe tan bien porque ya es “nuestro” café.

 

El monje de Moka

Dave Eggers

Traductor Cruz Rodríguez Juiz

Literatura Random House

 

 

 

[Publicado el 09/6/2019 a las 07:58]

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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