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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 17 de julio de 2019

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

El oasis

 

Cuando El oasis apareció en Estados Unidos (1949) Mary McCarthy  ya había publicado una novela, The company she keeps (1942), pero sobre todo se había ganado una sólida reputación por sus colaboraciones en The New York Review of Books,  The Nation o Harper’s Magazine entre otras publicaciones, aunque su punto fuerte eran las críticas teatrales  para la Partisan Review, una prestigiosa revista de orientación marxista dirigida por el ideólogo, visionario y ex amante suyo Phillip Rahv. Sus reseñas teatrales eran tan aplaudidas como temidas debido al acierto y la mordacidad de sus juicios, a los cuales se añadía una proverbial necesidad de ser siempre sincera. Un prurito  este que años más tarde la llevó a la ruina y casi a la tumba: en respuesta a la pregunta de un periodista sobre autores contemporáneos que en su opinión gozaban de fama inmerecida, soltó sin titubeos que la escritora más sobrevalorada que conocía era Lillian Hellman, y añadió: “Todo lo que ella cuenta es mentira, incluso cuando dice ‘y’ o ‘los’”.

 La Hellman, casada entonces con el mítico Dashiell Hammett y mujer muy rica debido a que sus exitosas obras teatrales acababan por lo general viviendo una segunda juventud en los platós de Hollywood, se ofendió ante tamaña agresión  y le puso una querella por valor de 2.25 millones de dólares que durante muchos años de juicios y apelaciones crucificó anímica y económicamente a la ofensora, y que solo fue retirada tras la muerte de la ofendida. Pero la McCarthy, que no se rendía fácilmente, emitió al saberlo  el siguiente epitafio: “No digo que su muerte me alegre, pero lamento que no haya vivido lo suficiente para ver cómo su querella contra mí terminaba en nada”.  

                Una vez casada con el influyente crítico y ensayista Edmund Wilson, y por insistente consejo de éste, Mary McCarthy empezó a escribir ficción, aunque no por casualidad para desarrollar el material literario recurrió a su propia vida, a veces con episodios directamente autobiográficos (Memorias de una joven católica (1957), How I Grew (1987), Intellectual Memoirs (1992), etc), aunque su terreno de caza favorito era la pintoresca fauna de su entorno, en la que abundaban por igual filósofos, teóricos marxistas, directores de periódicos y revistas, catedráticos o intelectuales de la talla de Hannah Arendt, con la que mantuvo una amistad de por vida, pero también toda clase de bohemios, frikis, advenedizos, gorrones, presuntos poetas, narradores fracasados y todo el resto de vividores que componen la república de las letras en cualquier época y nación. A este segundo grupo de narraciones pertenece El oasis, inédita en castellano hasta la consistente traducción de Raquel Vicedo para Impedimenta.

                Reduciendo el argumento a un esquema muy básico, en El oasis se  cuenta la historia del intento llevado a cabo en los años cuarenta del siglo pasado por una serie de personas deseosas de crear en las montañas de Nueva Inglaterra un núcleo social capaz de hacer verosímil la posibilidad de vivir (o sea, llevar una existencia plenamente humana y que llegase más allá de la pura supervivencia vegetativa) en un mundo que ya empezaba a sumergirse en los horrores de La Bomba. Es decir, es el planteamiento, desarrollo y muerte de una utopía con un trasfondo algo milenarista porque la Guerra Fría estaba ya alcanzando su apogeo y la chulesca exhibición del músculo nuclear  por parte de las grandes potencias era una representación muy próxima y verosímil del fin del  mundo.

.              Como de costumbre Mary McCarthy recurrió a su círculo de amistades para hacer el casting de personajes, y puesto que  no hizo el menor esfuerzo por dar pistas falsas y  desfigurar los hechos, o por dificultar que se identificase a los modelos reales en los que se basó, dilucidar quién era quién en El oasis se convirtió en una especie de juego social de obligado cumplimiento en las selectas reuniones  neoyorquinas de entonces. Como es de imaginar, los retratados desataron contra ella un verdadero alud de críticas y acusaciones de falsedad, mala fe  y falta de imaginación. Uno de sus críticos más feroces fue Phillip Rahv, que no le perdonaba dos hechos a cuál más hiriente: uno, que ella hubiese iniciado una relación íntima con Edmund  Wilson cuando ellos dos todavía eran pareja y tenían un hijo en común. Y dos, que su homólogo en la novela ni intelectual ni humanamente rayase a gran altura.

Aunque siempre mantuvo una postura de simpatía hacia el marxismo, Mary McCarthy no solo no fue nunca una militante fiel a las doctrinas oficiales sino que, y basta leer El osasis para comprobarlo, en  muchos aspectos reservó sus críticas más acerbas contra los principios básicos y los defensores de las tesis marxistas. Y Ravh fue uno de ellos.

             Y bien. Setenta años después de su polémica  publicación, tanto la autora como sus personajes han muerto; las utopías soñadas por los revolucionarios de entonces ya  sabemos cómo acabaron  y la identidad real de las personas implicadas carece actualmente de interés. Y en tal caso, ¿qué alicienta hay para leer hoy  El oasis? La respuesta es tan sencilla que casi suena a obviedad y debería servir a todos  cuantos defienden ardorosamente el compromiso del artista: lo que queda es lo que  hay en esta novela de Literatura. En El Oasis hay personajes genialmente descritos y que quedan mejor caracterizados por lo que hacen que por lo que dicen; hay intelectuales, bohemios, frikis y parásitos, amas de casa, idealistas y cenizos, como en la vida misma. Todos ellos protagonizan posiciones honestas pero también caen en  escenas ridículas, conmovedoras o malintencionadas y casi siempre paródicas. Y eso es lo que le llega al lector actual porque el verdadero compromiso del escritor no es hacer una crítica constructiva o destructiva del materialismo histórico, por poner un ejemplo ya que estamos hablando de una utopía socialista, sino contar una historia y hacer crecer y desarrollar a los personajes que la encarnan. Y en ese aspecto Mary McCarthy era una profesional imbatible.

 

El oasis

Mary McCarthy

Traducción de Raquel Vicedo

Impedimenta

  

 


 

[Publicado el 22/5/2019 a las 17:51]

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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