PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 19 de septiembre de 2018

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

La novena hora

Escribir una novela sobre  monjas puede dar ocasión  a toda clase de equívocos porque casi todo el mundo tiene formada una opinión (a favor o en contra) de ellas. Si encima se trata de monjas católicas el peligro de que se produzcan equívocos es todavía mayor porque quién no ha oído hablar de  cómo se entiende y aplica la religión en un convento de religiosas. Para acabarlo de arreglar, el lector que únicamente juzgue si debe comprar o no una novela por la información que suelen ofrecer el editor o el librero es casi inevitable que caiga en la máxima desorientación porque he aquí una sinopsis lo más sucinta posible del argumento de La novena hora: en el Brooklyn de principios del siglo XX un joven e insignificante empleado de metro (irlandés, por supuesto) le pide a su embarazada esposa que se vaya de compras y aprovecha su ausencia para abrir la espita del gas y suicidarse. Unas monjas de las Hermanitas Enfermeras de los Pobres, que son quienes se ocupan de los más desfavorecidos y necesitados del barrio, se hacen cargo de la joven viuda y le dan trabajo en la lavandería del convento; allí nacerá, crecerá y se formará su hija Sally hasta que, convencida de que no tiene vocación  ni condiciones para ser monja abandona el convento para perderse de vista en el anonimato de la gran ciudad.

En España hay (al menos) dos referentes que pueden contribuir a la desorientación. Uno es una El niño de las monjas,  película de 1959 dirigida por Ignacio F. Iquino  y en la que un niño huérfano abandonado a la puerta de un convento de monjas es criado por estas hasta que, impulsado por su vocación torera, sale al mundo para acabar su vida en el ruedo. La versión, enteramente masculina, podría ser Marcelino pan y vino (1954). Pero no conozco dos referentes menos cercanos a lo que Alice McDermott sabe hacer con el argumento de un niño, o niña en este caso, acogido y criado  en un convento. De entrada, y quizá para poner sobre aviso al lector de que aquí las cosas no son lo que parecen, la monja que aparece para hacerse cargo de Annie, la joven y desconcertada viuda, es la hermana St. Saviour, una mujer mayor,  con el corazón cansado y los tobillos deformes de tanto subir y bajar las escaleras de las casas en las que viven los desheredados. Para animar a su nueva protegida, promete que moverá sus influencias para lograr que el marido reciba cristiana sepultura. Sabe la transgresión que implica su promesa porque la religión católica no admite que un suicida sea enterrado en tierra sagrada por más que tenga comprada una tumba en el cementerio local. Pero la hermana St. Saviour está decidida a cumplir su promesa y hasta intenta un trato con el Hacedor:”Cámbiame esta transgresión de las normas por alguna de las buenas obras que tengo en  mi haber”, propone.

                Que al final se descubra la trampa y el suicida acabe en una fosa del cementerio civil (difícil final  para un irlandés) carece de importancia porque esa apertura narrativa ya ha cumplido su misión de  alertar. Y lo mismo podría decirse cuando al cabo de un tiempo Annie, la joven viuda abandonada, recibe al apoyo moral de otra monja, la hermana Jeanne, de la que se ha hecho amiga. Para la joven religiosa, la vida de soledad y sacrificio, o la entrega sin condiciones al bienestar de su hija tienen sentido porque con ellas está redimiendo el pecado que cometió el suicida. Pero no es casual que el apoyo moral, o la redención de la culpa mediante el sacrificio,  llegue justo cuando Annie acaba de  entablar una relación adúltera con el lechero del barrio, por lo que en realidad es ella quien merece el perdón, pues vive en pecado mortal. Por descontado que en el convento se sabe de su situación pero se opta por cerrar los ojos, de la misma forma que Sally, intenta envenenar a la desgraciada y odiosa esposa del lechero porque es la única solución que tiene a su alcance para evitar que la madre siga viviendo en pecado. Y en ese sentido, tampoco es casual que la adúltera  se cite  con su amante a las tres de la tarde, es decir, la novena hora que las comunidades de religiosos dedican a la oración.

                Creo haber dejado claro que se trata de un universo de dolor, miseria y desolación, con el agravante de que, salvo las veces que las hermanas salen a cuidar enfermos, el resto de la acción transcurre en la lavandería situada en un sótano sin más contacto con el mundo exterior que las piernas de los transeúntes vistas a través de las ventanas. Pero McDermott es mucho McDermott para dejarse arredrar por tales condicionantes por difíciles que sean y ha escrito un relato fascinante y con secuencias magistrales, como el viaje en tren de Sally camino del noviciado que basta para convencerla de que en realidad no está hecha para llevar los hábitos, o el prodigioso momento en que al volver a casa se entera de lo que ha estado haciendo su madre mientras ella estaba fuera porque encuentra en el comedor un plato de huevos sin terminar y, junto a la silla, los zapatos del lechero. Ello por no repetir lo del intento de asesinato o la reacción de la monja que ha visto el veneno puesto por Sally en la taza de té para la esposa del lechero y sabe por qué lo ha hecho. Una escritura llena de matices y sentimientos delicados inevitablemente salpicados con los efluvios de la miseria humana. Quien no haya conocido antes a Alice McDermott tiene en este misma editorial su novela Alguien (Libros del Asteroide, 2015) y en Tuskets editores, Aquella noche (1989), Un hombre con encanto  (1999) y  En bodas y entierros (2009). Cualquiera de ellas merece mucho la pena.

 

 

La novena hora

Alice McDermott

Traducción de Carlos Manzano

Libros del Asteroide

[Publicado el 10/7/2018 a las 20:05]

Compartir:

Comentarios (0)

No hay comentarios

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2018 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres