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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 25 de junio de 2017

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

El libro de la madera

Quienes tengan a su cargo la tarea de mantener el calor del hogar, sobre todo si dicha tarea se hace con leña, va a encontrar en Lars Mytting un buen compañero de tareas porque su libro ofrece mucha información de primera mano y también toda clase de consejos útiles, pero sobre todo porque es un compinche estupendo: mantener constantemente encendida una chimenea o una estufa es un trabajo duro, que encima no siempre es bien entendido (la eterna acusación de “dejar toda la casa perdida”). Además según y cómo puede resultar incluso peligroso, y de ahí que el texto esté repleto de alusiones a la “sana costumbre de conservar todos los dedos de las manos”  o lo poco apetecible que resulta “convertirse en un habitual de las visitar urgentes al hospital”.

                Lars Mytting es noruego y un entusiasta (léase apasionado) de todo lo relacionado con la leña. Su condición de noruego podría resultar un lastre porque, como buen  ciudadano de un país nórdico, lleva impresa en la sangre una cultura sobre la madera extraordinariamente desarrollada. Y se entiende a la carrera que sea así cuando dice, como de pasada, que en su país los noticiarios no consideran que el frío sea noticia hasta que la temperatura no pasa de los 40º bajo cero. Y puesto que en esas latitudes es posible que las borrascas provoquen cortes de electricidad y gasóleo, resulta lógico sentir una agradable sensación de seguridad cuando afuera arrecia una ventisca y tienes la leñera llena de troncos hasta el techo.

                No obstante, el posible hándicap que supone hablar desde la abundancia y la superioridad que produce la conciencia de tener a la puerta de casa, como aquel que dice, las masas boscosas más extensas de Europa, Mytting lo suple de sobras con la camaradería y complicidad a las que antes aludía. El trato con la madera exige una considerable energía, sobre todo si hay que empezar por desplazarse hasta el bosque para talar un árbol y luego llevar a cabo el duro y no siempre sencillo proceso que convertir el tronco en un montón de leños cortados, secos, bien apiliados y listos para el fuego.

                Lars Mytting sigue paso a paso todo el proceso ofreciendo además observaciones inesperadas, pues por ejemplo tranquiliza a quienes puedan sentir una cierta aprensión por estar contribuyendo a la agresión al medio ambiente debido a la combustión de los 400 kg por persona y año que se necesitan para calentar una casa durante un invierno particularmente frío (es de suponer que habla de los famosos –40º necesarios para decir “particularmente” frío). Pero, sea como sea, hay que sentir tranquilidad al respecto porque manteniendo caliente la casa no se contribuye a deteriorar el medio ambiente: los árboles adsorben CO2 de la atmósfera durante su época de crecimiento, pero ese gas vuelve a ser liberado tras la muerte del árbol, ya sea por causa natural o debido al fuego. O sea que, malo por malo, mejor que muera produciendo un calor mucho más agradable que el procedente de la electricidad o el gasóleo porque la madera al arder produce unos rayos infrarrojos muy similares a los del sol y de ahí la sensación de bienestar que produce volver de la calle y arrimarse mucho a una estufa.

                En España sólo los pueblos de alta montaña podrán sacar pleno provecho de la sabiduría de  Mytting y lo que cuenta acerca de cómo se debe cortar un tronco (al parecer conviene dejar un tocón de no más de 10 cm de alto para facilitar el nacimiento de unos brotes que se benefician de la red de raíces creada por el  árbol recién cortado), la época mejor para la tala (la  primavera, porque así el verano realiza adecuadamente  la tarea de secado) y el apilado, que es toda una obra de arte de la que depende en gran  parte el calor invernal. Por desgracia en gran parte de la superficie boscosa española predomina el pino, que da una madera esponjosa y que encima de arder rápido produce una brasa no excesivamente calurosa. En un ranking ideal  lo mejor es la madera de encina seguida de la del olivo, el almendro, el roble y el algarrobo. Sin embargo, si no es posible procurarse uno mismo la madera, Mytting aconseja recurrir a un buen suministrador  profesional, encargarle la mejor leña  y resignarse a pagar un poco más porque a larga compensa comprar calidad.

                Otro tanto cabe decir de las herramientas. Incluso cuando hay que recurrir al profesional en lugar de hacerlo uno mismo, es una delicia leer a Mytting hablar de las herramientas y la forma correcta de usarlas porque una vez más, su entusiasmo es contagioso, y pongo como ejemplo el capítulo dedicado a la motosierrra o el cariño con que habla del hacha. Dan ganas de salir a comprar una honrada Hultafors, o en su defecto una mítica Mustad2 , sabiendo que si las mantienes debidamente te van a durar toda la vida. O sea una lectura regalo para el maderero en activo pero también a para quien se limita a comprar  ya cortada y preparada la madera que necesita para mantener el calor de hogar.

 

El libro de la madera

Lars Mytting

Traducción del noruego de  Kristina Solum y Antón Lado

Penguin Random House

[Publicado el 19/5/2017 a las 11:39]

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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