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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 24 de mayo de 2017

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

Viajes con Henry James

Los incondicionales de Henry James están (estamos) de enhorabuena porque aquí llega  uno más, todavía en fase de formación pero ya en estado puro. Puro James, y eso que tenía veintipocos años cuando empezó a escribir para The Nation la serie inicial de relatos de viaje que acabaría prolongándose durante casi diez años (1870-1879).  Como dice su mejor biógrafo, Leon Edel, James fue un genio a la hora de gestionar su carrera de  escritor. Estaba muy dotado para el tipo de escritura que se proponía hacer, pero sobre todo tenía una gigantesca ambición (en los presentes escritos menciona varias veces que se guarda determinados datos y reflexiones porque los utilizará cuando llegue el momento de escribir “la gran novela americana”) y desde sus inicios se trazó un camino que luego cumplió escrupulosamente hasta el final.

                En ese sentido la veintena de “postales” que completan el presente libro podrían considerarse en su inicio un ejercicio de estilo que luego fue creciendo en ambición y alcance. Los cinco primeros, desde Saratoga hasta las cataratas del Niágara están íntegramente dedicados a localidades norteamericanas y aunque ya da numerosas pruebas de su sensibilidad y buen ojo para la descripción de paisajes (el recuento de su primera visión del lago Ontario es una maravilla de concisión creativa) lo que en verdad le interesaba era la gente, el ambiente social en los balnearios que iba visitando, ofreciendo de los mismos una imagen  marca de la casa. Son muy notables sus descripción de las mujeres, deshaciéndose en elogios de su elegancia y saber estar, muy en contra de la opinión que le merecen los maridos, a los que tacha invariablemente de holgazanes. Después se sabría que, más allá de estar buscando el favor de un público que ya empezaba a tener noticias de ese escritor en ciernes, estos capítulos preparatorios tenían como fin encelar a los responsables de la revista The Nation para que le financiasen nuevos relatos, ahora durante  un largo periplo por Europa.

                Por suerte para todos la revista aceptó y a partir de su aterrizaje en Inglaterra el libro experimenta una saludable subida de tensión debida, sin duda, al renovado entusiasmo del joven James, que no sólo se adentraba en un territorio conocido y que le era muy próximo sino que lo hacía en las mejores condiciones, porque además de pertenecer a una  familia acomodada y que siempre le apoyó en sus aspiraciones linetarias, The Nation le pagaba por entrega unas tarifas envidiables. De Inglaterra pasa al Continente y tras visitar algunas ciudades y castillos del Palatinado, dirige sus pasos a  París, Roma, Milán, Florencia y Venecia, con las que ya entabla una relación que más adelante será perfectamente reconocible en sus grandes novelas del ciclo europeo.

                Una curiosidad: James se propuso, con plena conciencia de las ventajas e inconvenientes de tal propósito, rendir cuenta únicamente de lo positivo que le transmitían los lugares visitados, y si por casualidad en algún momento se muestra crítico con lo que ve, casi de inmediato se reprocha a sí mismo tal actitud y recobra de inmediato el tono positivo y enriquecedor. Por descontado que  hace mención de la mugre y la decadencia de Venecia o que ni puede ni quiere evitar que se trasluzca el escaso entusiasmo que le provoca una ciudad como Milán, pero donde más notoria es su voluntad de mostrarse constructivo y su interés en transmitir entusiasmo es durante su estancia en París. Al pasear por sus calles, dice sentir una suerte de lánguido éxtasis de contemplación y maravilla – maravilla de que la tierna flor de la poesía y el arte florezca de nuevo sobre prendas de ropa manchadas de sangre y tumbas recién cavadas”. Nadie diría que está dándose por enterado de que sólo un año antes esas mismas calles estaban siendo ocupadas por unos partidarios de la Comuna que después sufrirían una represión  tan brutal que costó un mínimo de 10.000 vidas.

                Sin embargo también hay numerosos pasajes en los que se puede percibir ya al mejor James. En ese sentido aconsejo al lector indeciso que busque al final del capítulo dedicado a Florencia el encuentro con un anciano copista francés que ha logrado la hazaña de reproducir en condiciones casi imposibles el  extraordinario cuadro de Ghirlandaio Adoración de los Magos (www.arqfdr.rialverde.com/6-Renacimiento/Re_Ilustr01.htm). Claro que, si el lector es de los que saben escuchar un buen consejo, hará bien en apuntarse el dato e ir a ver ese mismo cuadro cuyo original está en el Ospedale degli Innocenti de Florencia. En su defecto puede contentarse con ir a ver exactamente el mismo trabajo que tanto admiró a James, hoy colgado en el Museo de la Copia, en París.

 

Viajes con Henry James

Henry James

Traducción de Borja Folch

Ediciones B

[Publicado el 05/5/2017 a las 18:20]

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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