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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 14 de octubre de 2019

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

A través del espejo

Es asombrosa la cantidad de cosas que pasan, y no todas buenas, al otro lado de un espejo. Y asombra también la cantidad de autores, desde Ovidio en adelante, que han escrito acerca de lo que pasa cuando uno se asoma a ese inquietante pedazo de cristal que una vez pintado de azogue por uno de sus lados se convierte en una suerte de  ventana abierta al infinito. Aunque tal vez fuera más apropiado decir “a lo sobrenatural”.  O por decirlo en palabras del poeta sufí Abd  al-Karim Yili, muerto en 1403, al “extranjero que quiere entrar en el mundo de la realidad suprasensible le dicen que necesita “ponerse un suntuoso vestido y perfumarse con un suave perfume”, que podrá encontrar, respectivamente,  en “el mercado del sésamo” y en la Tierra de la Imaginación”. Curiosamente, cualquiera de estas tres palabras,  infinito, sobrenatural e imaginación podrían servir para advertir al lector de lo que le espera si decide  mirar a través del presente espejo.

Andrés Ibáñez, el  autor del muy documentado prólogo y responsable de la presente antología, es un personaje singular. Además de escribir en inglés  unas obras de teatro que se representaron hace años en el circuito Off-Off de Broadway, o una ópera, Dulcinea, estrenada en 2006 en el Teatro Real de Madrid, tiene entre otras varias una novela de casi 800 páginas  titulada Brilla, mar del Edén, que es como una réplica o secuela de la serie televisiva Perdidos tal y como le hubiera gustado contarla a él. En medio de una vorágine de trepidantes aventuras, misterios inexplicables y sucesos que desafían lo racional, de pronto se habla de Bruckner con una solvencia muy llamativa porque ocurre que el propio Andrés Ibáñez es músico (de jazz) y tiene desde hace años en ABC una sección de crítica de música clásica llamada  Comunicados de la tortuga celeste. Más que un narrador de historias, ha dicho de sí mismo en alguna ocasión, es un inventor de mundos. Y un hombre como él, que no pierde el tiempo en hacer distingos entre alta o baja cultura, o entre lo sublimo y lo popular, cómo no iba a sentirse en su elemento invitando a su mesa a la infinita variedad de visionarios como él que, con sólo asomarse a un espejo, pueden toparse de pronto con lo maravilloso o con el horror. Deende.

En realidad, el número de tales visionarios es tan elevado que, como él mismo confiesa en el prólogo, ha tenido que dejar fuera con harto dolor a nombres tan notables como Apuleyo, Lucano, Miguel Ángel Asturias, Chamisso, Silvina Ocampo, Roberto Bolaño o Yeats. “Todos sus relatos nos gustaban”, dice Adrés Ibáñez incluyendo al editor, Jacobo Siruela. Y también numerosas leyendas creadas a costa de los espejos  por culturas como las orientales o la azteca. En cambio, por su gusto hubiese incluido íntegro El sueño de Polífilo ese inclasificable libro atribuido a Francesco Colonna en el que, como  en el palacio de la reina Eleuterilide todo es fascinante y maravillosamente bello, no podían faltar unos objetos todavía tan raros y dignos de admiración como eran los espejos para un hombre del Renacimiento. Pero claro, se trata de un libro de ochocientas páginas y de lectura no muy sencilla y hasta un entusiasta como es Andrés Ibáñez entiende que su inclusión hubiera resultado excesiva.

En el caso de Narciso el problema era el inmoderado número de leyendas que han surgido en torno a su tragedia, razón por la cual no ha habido más remedio que limitarse a quien primero lo transcribió, Ovidio. Para compensar, el editor ha tenido el acierto de incluir en la contracubierta la bellísima interpretación de Narciso que llevó a cabo Caravaggio.

Y a pesar de tantas exclusiones obligadas, la antología incluye una treintena de textos entre los que destacan autores tan apetecibles como los hermanos Grimm, Edgar Allan Poe, E.T.A Hoffmann, G.K. Chseterton, H.P. Lovecraft, Isaac Bashevis Singer, Jorge Luís Borges, o Virginia Woolf. Y aunque dar mi opinión personal sea jugar con ventaja porque yo he podido disponer del ejemplar antes que el lector, mi relato favorito es La mujer del espejo: un reflejo, de Virginia Woolf en el que, entre otros muchos, se pueden leer párrafos como este:

“El espejo reflejaba la mesa la mesa del vestíbulo, los girasoles y el jardín con tanta nitidez y fijeza que estos parecían atrapados de forma irremediable en su propia realidad. Era un contraste extraño, todo fugacidad aquí, todo quietud allá, y resultaba imposible evitar que la  mirada saltara de una cosa a otra. Las puertas y las ventanas abiertas al calor producían un suspiro continuo y entrecortado, la voz de lo transitorio y de lo perecedero que iba y venía como el aliento humano, mientras en el espejo los objetos habían dejado de respirar y permanecían inmóviles en el éxtasis de la inmortalidad”.

                Tras esa imagen tan apacible, cómo imaginar lo que el espejo reflejará al final. Pero no en balde Virginia Woolf termina diciendo: ”La gente no debería colgar espejos en las habitaciones”.

 

A través del espejo

Ovidio y otros autores más

Antología a cargo de Andrés Ibáñez

Atalanta

 

[Publicado el 10/11/2016 a las 16:22]

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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