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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 14 de octubre de 2019

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

Lluvia y otros cuentos

Quien haya tenido últimamente algo descuidado a Somerset Maugham y decida aceptar la presente invitación de la editorial Atalanta para reencontrarse con algunos de sus mejores relatos va a tener una sensación muy parecida a la que se experimenta cuando uno se topa inesperadamente con un viejo amigo y descubre que sigue contando las mismas (o muy parecidas) historias y que sigue tratando a los mismos (o muy parecidos) personajes de siempre. Y, sobre todo, que posee la misma elegancia y garbo narrativo de antaño.

                Otra constatación que a lo mejor ya era patente entonces pero que se puede confirmar ahora: el auténtico Maugham, el que todos recuerdan es el que sitúa sus historias en remotos y exóticos escenarios del Extremo Oriente protagonizados por hombres y mujeres que no han dejado de recibir el Times desde que iniciaron su emigración  pero que después de haber pasado tanto tiempo en una esquina perdida del mundo están tan acostumbrados a leerlo con varios meses  de retraso que ya no podrían acostumbrarse a recibirlo al  día si volviesen a Inglaterra. O sea que, aquí o allá, son unos desarraigados.

                Somerset Maugham siempre se ha movido por territorios difíciles y planteado situaciones lo bastante espinosas como para crear muchas dificultades  a quienes han osado enfrentarse a ellas. Hablo por ejemplo del problema del colonialismo imperante en aquellas latitudes, de las mezclas y choques de razas, del enfrentamiento de una cultura tan agresiva y depredadora como es la occidental con las de unos pueblos entonces  considerados primitivos o, más doloroso aún,  el intento de imponer un puritanismo intransigente  a una sensualidad exaltadamente gozosa y libre de prejuicios. Y sin embargo el tiempo no ha corrido en contra de Maugham porque supo mantenerse al margen de esos peligros. Es más. Por ejemplo, en lo relativo al tema de la irrupción del fanatismo religioso (encarnado aquí en unos ascéticos e implacables misioneros) Maugham supo ver el nefasto papel que estaba jugando el fanatismo de la fe al recurrir a la brutal imposición de una moral y unas costumbres por complejo ajenas a los pueblos que debían ser “salvados” incluso a costa de ellos mismos. Y lo combatió con todas sus fuerzas.

                No llegó al extremo del también escritor y viajero inglés Norman Lewis, que se desplazó hasta el otro confín del mundo para estrechar la mano y felicitar efusivamente a unos caníbales que supuestamente se habían comido a unos misioneros. Pero en cambio Maugham ha dejado dos de los mejores relatos que se hayan escrito nunca sobre el fanatismo religioso y las  nefastas consecuencias de practicarlo  (“Lluvia” y “La nave de la ira”).

                Otra de las ventajas de recuperar a Somerset Maugham es la posibilidad de beneficiarse de su sabiduría. Quien sufra por la estandarización y escasa originalidad de las guías de viaje actuales, puede seguirles la pista a los volúmenes dedicados a los Mares del Sur (desgraciadamente escasos y posiblemente muy difíciles de encontrar) y que fueron redactados por cuenta de la Sección Historiográfica de la Comisión de Lores del Almirantazgo británico. Maugham habla de ellos en “La nave de la ira” pero advierte que “no son recomendables para el lector que no desee modificar sus costumbres sedentarias ni para el que se encuentra irremediablemente atado a un lugar por motivos de trabajo”. Y tras esta amable advertencia, hace una descripción tan apasionada y vibrante del estilo llano, el orden admirable y la concisión que impera en esos libros que, en efecto, dan ganas de dejarlo todo y partir en su busca porque “¿qué más necesita la imaginación para emprender un viaje a través del tiempo y el espacio?”. 

                Y, por poner otro ejemplo, tomemos el caso de una lectora que acaba de ser abandonada por su marido en un momento de su vida y en unas circunstancias particularmente insidiosas (o acaso no es de verdad  insidioso ser abandonada bien adentrada la cincuentena y que encima “la otra” tenga en realidad ocho o diez años más  que la esposa legal). Pero pongamos también que dicha lectora, por la causa que sea, además de perdonar al traidor desea quedar como una auténtica reina: al final del cuento titulado “El P.&O.” (página 422) encontrará un ejemplo admirable de cómo salir con la cabeza bien alta de tan enfadosa situación y, de paso, hacerse un inmenso favor a sí misma. Este relato bien podría haber sido  escrito a principios del siglo pasado, pero, como digo, la escritura de Somerset Maugham posee una elegancia y una altura moral que resulta intemporal (o al menos no envejecida ni pasada de moda). Y por si fuera poco la presente edición de Atalanta viene precedida de un excelente prólogo de Vicente Molina Foix.

 

Lluvia y otros cuentos

Somerset Maugham

Traducción de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera

Prólogo de Vicente Molina Foix

Atalanta

 

[Publicado el 09/10/2016 a las 22:01]

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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