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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 14 de octubre de 2019

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

Manifiesto incierto

Además de ingenioso me parece muy exacto el titular de algún periódico francés alusivo al hecho de que Benjamin parece el “Walter ego”, de Frédérik Pajak. Ignoro por completo si el autor de Manifiesto incierto precisa de asistencia psiquiátrica (aunque todo hace pensar que no) pero de ser así, determinados pasajes de este y otros libros anteriores podrían dar mucho juego en manos de un psiquiatra puntilloso. Quiero decir que Pajak transmite la sensación de estar dándolo todo en cada página; que pone en juego hasta sus sentimientos más profundos y que en muchos aspectos se identifica en gran medida con los protagonistas de sus libros, es decir, Walter Benjamin en este Manifiesto informal, pero también Nietzsche y Pavese en La inmensa soledad, por citar únicamente los más obvios.

                Otro aspecto muy destacado del quehacer de Frédérik Pajak es lo novedoso de su técnica narrativa, pues en contra de lo que pueda parecer su trabajo no tienen nada que ver con una novela gráfica y menos aún con un cómic para iniciados. Los dibujos a tinta china y  gouache que acompañan los textos (uno de cada por página) lejos de ser una mera ilustración visual mantienen con ellos una relación  que en ocasiones es dialéctica, aunque también pueden ocultar una elipsis, o insinuar un metalenguaje capaz de establecer curiosas conexiones subterráneas con otros textos e imágenes a veces muy lejanos entre sí tanto por la distancia física como por la significación.

                En un magnífico escrito aparecido en el New Yorker en 1968, Hannah Arendt afirmaba que al preparar su trabajo sobre la gran tragedia alemana Walter Benjamin había reunido más de 600 citas ordenadas con un criterio muy particular porque no se trataba de fichas a utilizar durante la redacción final del trabajo sino que estaban dispuestas de tal forma que además de quedar descontextualizadas establecían entre ellas nuevas relaciones que justificaban, decía Hannah Arendt, su identidad independiente y se beneficiaban de esa suerte de montaje surrealista.

                Puesto que conoce muy bien a Benjamin y disponía además de la experiencia adquirida durante el libro dedicado a Nietzsche y Pavese, Pajak ha podido aplicar al Manifiesto incierto la clase de técnica que Hannah Arendnt le atribuía a Benjamin. Y los resultados no pueden ser más positivos, incluido el aspecto surrealista. En cierto modo es como un work in progress que permite asistir al nacimiento de la propia narración.

El texto central está compuesto de fragmentos autobiográficos que el autor aporta directamente y con ánimo mas de informar acerca de sí mismo que de hacer literatura íntima; también pueden ser evocaciones de personajes que marcaron su infancia (la abuela paterna, el padre, etc) o compañeros de colegio que en su día le hicieron la vida imposible; o alusiones y pasajes que surgen de pronto y sin relación aparente, como Becket confesando haber encontrado en el pintor holandés Abraham  Van Velde el modelo del “desesperado total”, Hugo von Hofmannsthal diciendo: “Trato de comprender “por qué se muere el arte de contar historias”, es decir el arte de la narración oral”; el suceso de dos enamorados a los que se lleva un golpe de mar frente a la maravilla del atardecer y que al ser rescatado él mientras ella perece surge la sempiterna pregunta: ¿es preferible el desastre de morir o la vergüenza de sobrevivir?”, o traer a colación a Bertolt Brecht (aunque podrían ser aportaciones similares de Charles Baudelaire, Marcel Proust, André Gide (a los que Benjamin estudió y tradujo), Kafka, Gershom Scholem, Theodor W.  Adorno o Céline, entre otros muchos) diciendo:”Para superar una determinada desgracia hay que multiplicar las desgracias”.

                Con la ayuda de quienes le han acompañado en los años de travesía por el desierto (Frédérik Pajak concibió de niño que escribiría un libro de imágenes y palabras pero no logró verlo impreso hasta pasados los cuarenta años y aún hubo de esperar cuatro años más para que le hicieran caso)  la trayectoria repleta de desgracias de Walter Benjamin da ocasión a toda clase de interrogaciones acerca del arte y la narración, la Historia, los totalitarismos y la intransigencia, pero también sobre la belleza, la serenidad y las ilusiones por más que conlleven el inevitable desencanto.  Todo lector sabe más o menos que, a diferencia de lo que hicieron otros contemporáneos marcados por los nazis, Benjamin se negó a abandonar Europa y buscar refugio en Israel o Estados Unidos, donde le ofrecían seguridad y puestos docentes. Y es asimismo sabido que al final quiso huir cuando ya era demasiado tarde y que al llegar a Port Bou y ser detenido eligió el desastre de morir por su propia mano antes que la vergüenza de sobrevivir. Todas sus pertenencias se reducían al traje que llevaba puesto y a una vieja maleta medio vacía.

 

 

Manifiesto incierto

Con Walter Benjamin, soñador abismado en el paisaje.

Frédérik Pajak

Traducción de Regina López Muñoz

 

errata nature

[Publicado el 21/4/2016 a las 21:50]

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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