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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 25 de junio de 2017

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

La niña perdida

En los cursos de escritura creativa (al menos los que son serios) enseñan a los futuros novelistas que las historias, si son lo bastante relevantes como para abrirlas, deben ser lo suficientemente relevantes como para merecer ser cerradas, dándose la curiosa circunstancia de que resulta mucho más fácil abrirlas que cerrarlas.

                En ese sentido La niña perdida, el cuarto y último volumen de la saga Dos amigas, debiera figurar en la bibliografía de toda escuela que se precie porque en él Elena Ferrante lleva a cabo un asombroso tour de force en lo que a cerrar historias se refiere. Y no podría ser de otro modo porque el escenario es el Nápoles de los años cincuenta, una ciudad que todavía sangra por las heridas provocadas durante la Segunda Guerra Mundial y en la que la lucha por la mera subsistencia se libra en medio de un clima de violencia y de enfrentamientos más tribales que políticos y en la que casi un millón de personas tratan de sobrevivir.

                El lector hará bien en tener presente que, allá en el arranque del primer volumen, la narradora, Elena Greco, también llamada Lenuccia o Lenú, decía encontrarse casi al final de su vida y anunciaba su decisión de contar la historia de Raffaella Cerullo, también conocida como Lina, o Lila, una mujer ahora desaparecida sin dejar rastro pero que nació unas pocas casas más allá de donde nació la propia narradora y con la que, pese a la distancia, las pugnas, los celos mutuos, los distanciamientos y las opciones vitales tan diferentes tomadas por una y otra, había  mantenido una relación tan profunda que le resultaba imposible relatar las circunstancias de su vida sin contar de paso su propia vida. O no contar también las vidas de esa treintena de personas pertenecientes a diversas y muy conocidas familias del barrio y que habían ido a la misma escuela y crecido juntas para luego casarse entre sí y tener hijos, o separarse, traicionarse, intercambiar parejas, apoyarse mutuamente y (lo cual es una posibilidad que está presente todo el tiempo) morir de forma violenta, unas veces a manos de otros pero también por decisión propia.

Y como fondo, o mejor aún, como universo, esa omnipresente ciudad esparcida por las faldas del humeante Vesubio y que parece tener interiorizada la eterna precariedad de su existencia: sus habitantes, como se demuestra durante un terremoto que tiene lugar ya bien avanzada la saga, son conscientes de que en cualquier momento pueden ser engullidos por el volcán, o enterrados en escombros como en su día lo fueron Pompeya y Herculano, y aceptan esa poco envidiable  posibilidad con la misma taciturna resignación con que aceptan el poder latente de las mafias, las intemperancias de los grupos violentos, da igual si de derechas o izquierdas, o la imposibilidad metafísica de escapar a su condición. Elena, la narradora, es la única de todos ellos que parece haber escapado al destino común: ha logrado trasladarse al norte (Florencia),donde ha cursado una carrera universitaria, se ha casado con un joven y prestigioso profesor con el que ha tenido dos niñas, aparte de estar iniciando una prometedora carrera literaria. Es la envidia de todos. Tan lejos. A salvo del pudridero napolitano. Qué suerte la suya.

Y sin embargo, contra toda lógica, e incluso contra su propio criterio (por no hablar de las andanadas que va a recibir de la irascible Lila) la prometedora escritora abandona a su marido y sus hijas, deja de lado su incipiente carrera literaria y vuelve a Nápoles. La excusa es un viejo amor de juventud, asimismo amado de joven por Lila, y que parece ofrecerle  la posibilidad de culminar una historia de juventud que quedó inconclusa  y que ahora, en la madurez, puede  ofrecerle la oportunidad de vivir lo que entonces no pudo.

Pero quien crea que tiene por delante el  relatado de los inevitables sobresaltos de una vulgar historia amorosa triangular se llevará un chasco. Porque Elena Ferrante, la otra narradora, la que firma el libro y cobra los royalties de las ventas multitudinarias en todo el mundo, va poniendo en escena a la treintena de personajes cuyas historias comenzaron en los volúmenes anteriores y con envidiable habilidad va dando cuenta de la trayectoria y el desenlace de cada uno (ya digo que es un notable tour de force en lo que a culminar historias se refiere)  todo ello sin renunciar a culminar la compleja y muy conflictiva historia de las dos amigas que dan nombre a la saga. Podría decirse que se puede leer La niña perdida sin haber leído los tres volúmenes anteriores, pero sería hacerle un flaco favor a quien siga tan disparatado consejo porque se le incitaría a  renunciar sin demasiada justificación a una narración que está a la altura de cualquiera de las grandes obras contemporáneas y que le adsorberá literalmente de principio a fin.    

 

La niña perdida

Elena Ferrante

Traducción de Celia Filiperto

Lumen   

 

 

 

 

 

[Publicado el 23/11/2015 a las 19:45]

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Comentarios (6)

  • Imposible llegar a entender y profundizar en la historia si antes no se han leído los tres volúmenes anteriores. Para mí la tetralogía es un solo libro.

    Comentado por: Victoria el 21/2/2016 a las 19:37

  • Sin duda esta es un reseña que invita a la lectura de una saga que parece prometedora. Dentro de las vicisitudes de la ciudad, y aún más de los corazones, "La niña perdida" es un libro que no podemos dejar de leer en la actualidad.
    Muchas gracias

    Comentado por: Mónica Aidé Cruz Sánchez el 09/12/2015 a las 02:38

  • Al leer sobre esta obra: "La niña perdida" Sin duda surgen unas inevitables ganas de leer los 3 volumenes anteriores de esta saga "Dos amigas" de Elena Ferrate, aunque podria parecer en una ligera reseña de estas una obra simple o comun, adentrando en lo que se describe de ella, creo totalmente la peculiaridad que existe en ella, los desgloses e intervenciones que de sus personajes provienen y modifican la historia. Apesar de la mención de no ser necesaria la lectura de la saga completa para comprender esta obra, debe ser imprescindible contemplarlas en su totalidad. Puede que sea el fin de la saga, pero puede verse tambien como una invitación a leer las anteriores a lectores que las desconocen.

    Comentado por: Brenda Palafox el 08/12/2015 a las 06:46

  • Gran reseña de "La niña perdida" de Elena Ferrante. Nos deja con la intriga de conocer lo que pasa detalle a detalle y lo que sucedió en los 2 libros anteriores que componen la saga. Concuerdo con la idea de que a veces es difícil separar las experiencias vividas de los relatos que uno escribe.

    Comentado por: Valeria Hernández el 03/12/2015 a las 20:50

  • La esencia de todo ser humano sale a flote tarde o temprano y las guerras dejan sentimientos profundos que nunca sanan.

    Comentado por: Eduardo Ramirez Martinez el 03/12/2015 a las 17:26

  • Agradezco su reseña. ¿Sería posible completar la ficha del libro de manera que incluya el nombre de la traductora? Gracias.

    Comentado por: Celia Filipetto el 25/11/2015 a las 11:05

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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