PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 26 de septiembre de 2020

 Javier Fernández de Castro

Canciones de amor a quemarropa

Todo empezó con los elogios que se hacían de esta novela en los medios anglosajones, aunque tal sería mejor decir norteamericanos. Unos elogios en parte sorprendentes porque, al indagar un poco, resultó que el tema de la novela es ya casi un género: el grupo de gente joven de un pueblecito del Medio Oeste (concretamente la población ficticia pero muy verosímil de Little Wing, Wisconsin) que se  conoce desde la escuela, que ha crecido junta y se ha casado entre sí y que ahora, ya de adultos, se reúnen para celebrar algo tan festivo como es una boda.  Pero a estas alturas, porque ya digo que es un género, a nadie se le escapa que en plena celebración, cuando afloren las emociones y se dispare el consumo de bebidas destiladas (todos menos Ronny, el pobre cowboy alcohólico que lo quiere  dejar porque está hecho polvo y todos le vigilan y le empapuzan de Coca-Cola) aflorarán  también las tensiones y las envidias y los malos rollos, y las vidas malgastadas o los matrimonios con la persona equivocada, todo ello aderezado con la máxima de que quien más haya subido (por lo general quienes lograron escapar del pueblo y triunfaron en la gran ciudad) más dura será la caída que les espera.  

            Según se avanza en la novela se comprueba que el autor, Nickolas Butler, sigue fielmente el guión y no hay un personaje, un solo matrimonio o una sola camarera de cafetería (esa mujer adorable siempre con una jarra de café en la mano y que habla entre suspiros mitad porque la vida la ha maltratado mucho y mitad porque los pies la están matando) que no responda exactamente a los arquetipos  mejor perfilados a lo largo del tiempo. Lo cual aumenta la perplejidad ante tanto elogio. Qué habrán visto los críticos, pero más aún los lectores de a pie para deshacerse en gratitudes y parabienes.

            La razón de ese entusiasmo resulta estar  en el hecho de que Nickolas Butler, como la práctica totalidad de los novelistas norteamericanos actuales ha salido de alguno del millón y pico de talleres de escritura  que funcionan en todas las universidades y que sacan cada año toneladas de escritores. Y salvo cuando se pone trascendente (alguna vez que busca “lo americano” de un cielo determinado o una visión de los desheredados que comparten la música y los pocos alimentos que tienen y que serían los auténticos herederos de los fundadores y no esos marcianos de Silicon Valley) Nickolas Butler demuestra ser un alumno aventajado. Por lo tanto, al escoger para su primera novela un tema tan conocido ya sabía que la mayoría de sus lectores sabrían del mismo casi tanto como él y que, para retener su atención hasta el final debía ofrecer algo distinto, fresco y, a poder ser, sorprendente.

            Obviamente, desde hace ya bastantes  décadas los novelistas norteamericanos parecen haber emprendido una carrera en la que el mejor premio se lo lleva el más cínico y desencantado, el que menos esperanza le concede a sus personajes y el que emplea el lenguaje más soez y brutal.  Para triunfar tampoco viene mal si de paso se muestra bajo su peor faceta la ridícula ristra de valores sobre los que se ha erigido esa sociedad que les ha dado cobijo y alimentado y proporcionado una educación y retribuido por su trabajo (a algunos de ellos fastuosamente), y que les deja hacer lo que quieren, decir lo que les da la gana y aún  les reserva un hueco en el panteón de los mejores. A nadie se le escapa que competir contra todo eso resulta ya tan complicado como complicado lo tienen Quentin Tarantino o los hermanos Coen para verter más litros de sangre o acumular más muertos en sus próximas películas sin copiarse a sí mismos.

            Nickolas Butler ha tirado justamente por el camino contrario y ha escrito una novela antigua, sentimental, amistosa y honesta. Naturalmente que hay miserias y traiciones y adulterios consumados o en grado de tentativa, personajes que sienten la tentación de tirarse desde lo alto de un silo, y por descontado que trabajar en una granja de vacas o vivir en un pueblo como Little Wing es un horror, pero entre contar todo eso con la brutalidad de un ajuste de cuentas o la gratitud de quien lo ha conocido y amado y está agradecido por haber tenido oportunidad vivir esa clase de vida Butler ha elegido la segunda. De acuerdo que esa América ya no existe salvo en la nostalgia de los lectores que han recibido la sorpresa de poder revivirla (aunque sólo sea durante el tiempo de leer la novela).  Pero si vamos al resultado concreto de la operación, ahí está como mejor ejemplo el personaje de Beth, la mujer de uno de ellos, la mujer que todos querrían para sí,  una mujer cabal y equilibrada, sometida a las mismas presiones que todos y víctima de errores pasados que a punto están ahora de arruinarle la vida, a pesar de lo cual en todo momento transmite la certeza de que sabrá salir adelante con dignidad y sin renunciar a lo que para ella es de verdad importante. Es un buen ejemplo de cómo es posible contar una historia sin caer necesariamente en la carrera por el cinismo y el desengaño. O de cómo se puede contar una historia de amor sin cursilerías.

 

 

 

Canciones de amor a quemarropa

Nickolas Butler

Traducción de Marta Alcaraz

Libros del Asteroide    

 

 

 

 

 

 

[Publicado el 21/1/2015 a las 17:47]

Compartir:

Comentarios (2)

  • Me ha parecido una critica un tanto asertiva, pero lo seguiré un poco mas a este critico.

    Comentado por: Reymundo el 24/4/2015 a las 01:26

  • Muy buena crítica, pero no me ha quedado del todo claro si merece la pena leer esta obra. Sigo sus comentarios de novelas y cuando alguna de ellas realmente le gusta, sutilmente lo deja entrever. Un abrazo.

    Comentado por: javier el 22/1/2015 a las 21:41

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942- Fontrubí, Barcelona, 2020) ejerció entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral estuvo vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se dedicó asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. 

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2020 | Fundación Formentor | Barceló Torre de Madrid. Plaza de España, 18 28008 Madrid (España) | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres