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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 24 de octubre de 2020

 Javier Fernández de Castro

La vida de las mujeres

Tratándose de Alice Munro, mundialmente reconocida como una de las mejores narradoras contemporáneas, decir que La vida de las mujeres es una novela puede llamar a engaño porque no sigue el clásico esquema del planteamiento, nudo y desenlace, ni hay tampoco una relación estructural entre sus diversas facetas argumentales. Es cierto que hay una narradora única, Del Jordan, una niña que tiene ocho o diez años al inicio de la narración y a la que dejamos camino del autobús que ha de llevarla a enfrentarse a su destino asiendo con mano firme una maleta y los mimbres con los que urdirá su propia vida. Para decirlo de una vez, La vida de las mujeres es una deliciosa exploración del mundo a través de las experiencias de una niña-mujer. El  titulo original, Lives of Girls and Women , expresaba mejor una dualidad que constituye uno de sus mejores aciertos.
Alice Munro tenía ya cuarenta años cuando llevó a cabo esta su primera y única incursión en el ámbito de la novela. Es decir, era ya una mujer  adulta, casada y con dos hijas, cuando eligió darle voz en primera persona a una niña que inicia la exploración del mundo a partir de su propia familia para luego ir ampliando el campo de conocimiento a costa de los vecinos de la diminuta aldea en la que vive: los maestros, los compañeros de clase, las amigas y las confidencias secretas entre ellas, etc. Hay que agradecerle a Alice Munro  que, aun a costa de forzar hasta sus últimas consecuencias la convención o alianza entre el narrador y el lector, en ningún momento trate de ocultar que escribe una persona adulta, ni pretenda por tanto imitar las expresiones, actitudes y perplejidades infantiles. Esa contención, la habilidad para ir mostrando contenidamente la curiosidad, las reflexiones o los  hallazgos propios de una niña, escalonando la progresiva incorporación de ésta a los arcanos de la vida de los mayores es uno de los mejores logros de la novela.
Otro acierto correlativo, y este podría hacerse extensivo a todo lo escrito por Alice Munro, es su extraordinaria habilidad para, sin salir de lo cotidiano y reconocible, pasar de pronto a lo más profundo del alma humana sin alterar el lenguaje familiar.  Y si no ,véase este fragmento del arranque del capítulo titulado “Cambios y ceremonias”:
“El odio de los chicos era penetrante y vivo, un legado prodigioso […]El odio de las chicas, en comparación, parecía confuso y lacrimógeno, amargamente defensivo. Los chicos se te echaban encima con sus bicicletas y hendían el aire por donde habías pasado, grandiosamente, sin piedad, como si lamentaran no tener cuchillos en las ruedas. Y decían cualquier cosa.
Decían, en voz baja: “Hola, furcias”.
Decían: “Eh, ¿dónde tenéis el agujero de follar?”, con un tono de alegre repugnancia.
Decían cosas que te arrebataban la libertad de ser lo que querías, te reducían a lo que ellos veían, y eso solo bastaba para provocarles arcadas”.
O más adelante, cuando finalmente “lo ha hecho” del todo con un gañán que se ha echado de novio: “Después de esas sesiones junto al río volvía a casa y no podía conciliar el sueño, a veces hasta el amanecer, no por las tensiones no liberadas, como cabría esperar, sino porque tenía que revivir, no podía soltar, los grandes dones que había recibido […] El sexo me parecía la rendición, no de la mujer al hombre, sino de la persona al cuerpo, un acto de fe pura, la libertad en la humildad”.
Ya se que son dos citas abusivamente largas, pero las reproduzco desde la convicción de que ellas expresan mucho mejor de lo que pueda hacerlo yo, la asombrosa facilidad para reflejar eso que los anglosajones  llaman insight, la visión que permite atravesar la superficie y llegar al fondo, pero expresándolo con sencillez y sin necesidad de recurrir a imágenes oscuras y rebuscadas. Esos cuchillos que los chicos quisieran llevar en las ruedas de sus bicicletas, esa repugnancia que les queda después de haber reducido a un agujero el objeto de su deseo, o esa entrega de la persona al cuerpo en el acto amoroso. No se puede decir más con menos palabras.

La vida de las mujeres
Alice Munro
Lumen

[Publicado el 09/1/2012 a las 09:40]

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Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942- Fontrubí, Barcelona, 2020) ejerció entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral estuvo vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se dedicó asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. 

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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