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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 25 de marzo de 2019

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

La ley del silencio

Cuando murió en 2009, con noventa y cinco años de edad, Budd Schulberg seguía defendiéndose de dos feas acusaciones que le habían perseguido  desde mediados del siglo pasado, ambas relacionadas con La ley del silencio. Según sus persecutores, el guión de la película (que le valió a ésta uno de los ocho óscars que obtuvo en la convocatoria de 1954) sólo era un intento de justificación moral de la delación. Unos pocos años atrás, tanto él como Elia Kazan, el director, habían declarado voluntariamente ante el Comité de Actividades Antiamericanas y allí, aparte de demonizar al comunismo en general, Kazan y Schulberg dieron los nombres de varios compañeros. Fue una  bajeza que le costó unas  críticas durísimas contra las que, según sus enemigos, Schulberg estaría tratando de defenderse al escribir el guión de la película. Y Kazan, también.

La otra acusación tenía que ver asimismo con la moral, pero en este caso la moral literaria. De paso que le reprochaban las miserias que provocó con su claudicación frente al senador McArthy y sus secuaces, los críticos de la época acusaron a Schulberg se haber escrito la novela aprovechando el éxito fulminante de la película: “novelizar un guión”, según lo definen en la profesión. En el marketing actual se llama rentabilizar sinergias.

Aprovechando que por casualidad, y casi coincidiendo con la aparición en castellano de la novela, La ley del silencio ha sido emitida por una televisión de alcance nacional, el espectador que se entretuvo en mirarla tiene ahora ocasión de entregarse al siempre animado debate relativo a las ventajas e inconvenientes de contar una historia por escrito o en imágenes.

A este respecto resulta muy interesante el prólogo incluido en la edición castellana de la novela, escrito por el propio Schulberg en 1987, señal de que todavía entonces seguía considerando no  resuelta la cuestión de la “novelización” de su guión.

Obviamente, una de las diferencias básicas que reiteradamente señala Schulberg es que si en el cine – y mucho más si nos referimos al que se hacía en Hollywod en la década de 1950 – la imagen predomina netamente sobre ese vehículo indispensable para la transmisión de ideas que es la palabra, la novela, por su propia estructura narrativa, exige la reflexión, tanto sobre los personajes como a lo largo de la secuencia de acontecimientos. “El cine es un arte de puntos culminantes”, se dice en el prólogo. “Tiene que abarcar cinco o seis secuencias, cada una dirigida a un clímax que impulsa la acción al crescendo final.   […] El cine funciona mejor cuando se concentra en un solo personaje […] No tiene tiempo para lo que yo llamo digresiones esenciales: la “digresión” del personaje complejo y contradictorio, la del trasfondo social.[El cine] no puede divagar como divaga la vida, ni detenerse como suele detenerse la vida a contemplar lo incidental o lo inesperado. El cine […] tiene una lógica propia y en cuanto uno se aparta de esa lógica recta y angosta la tensión se afloja, el globo se desinfla”.

Partiendo de estos supuestos, las diferencias entre el guión y la novela no sólo son significativas sino explícitas. Cumpliendo la norma de que el cine sólo permite centrarse en un personaje, el foco recae sobre Terry Malloy (Marlon Brando, para entendernos), el personaje que parece haber salido sonado de su experiencia como boxeador pero al que una serie de hechos decisivos (la muerte del amigo y el hermano que era su guía y mentor) harán que despierte su  conciencia. Denuncia la trama de intereses y silencios que reina en los muelles y con ello se autoexcluye de la comunidad a la que ha pertenecido hasta ahora. Su redención, el perdón de su imperdonable traición a los suyos, le vendrá por medio del amor (una Eva Marie Saint más pura y virginal que nunca).

En la novela la trayectoria moral del personaje principal no sólo está mucho más desarrollada sino que establece una relación dialéctica con el cura católico (Karl Malden en la película), un hombre que en su primer encuentro con la pureza virginal se verá acusado por ésta de “vivir escondido detrás de un alzacuellos”. Su toma de postura le pondrá en una situación de riesgo similar a la del delator.

Otro aspecto de la novela que contrasta vivamente con la película es el carácter de reportaje que adquiere la acción en numerosos pasajes para mostrar el entramado de intereses criminales que impera en los muelles de Nueva York, muchas veces a pocos metros de los “abrevaderos” mas elegantes de Manhattan. Schulberg pasó varios años recorriendo los lugares en los que transcurre la acción y ello le añade un plus de verosimilitud muy beneficioso. Con independencia de la calaña moral del narrador, la historia que cuenta está muy bien narrada y eso es lo que debe importar al lector.

 

La ley del silencio

Budd Schulberg

Acantilado

[Publicado el 05/9/2011 a las 12:17]

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Comentarios (2)

  • Gracias

    Comentado por: Carrossel el 10/7/2015 a las 05:47

  • Ese paralelismo entre literatura al uso y la "literatua cinematográfica" es un tema peliagudo. Si en el XX el cine parecía conocer su lugar y posibilidades y los aprovechaba para buscar ese punto de "equilibrio" en la narración, ahora parece haberse olvidado de lo que le hacía fuerte y abundan las películas que nada dicen queriendo decir demasiado o que dicen precisamente muy poco. Hace falta mucha reflexión en el cine, al menos desde mi punto de vista.

    Por lo demás, este que suscribe está de acuerdo con usted en su afirmación final, al lector lo que le tiene que interesar sobre todo es la calidad en la historia y en su forma de ser contada. Aún así, conocer algo de la historia del libro, de su gestación y de la propia biografía del escritor es, también, enriquecedor para conocer la novela "por lo que es".

    Comentado por: B.Rivero el 11/9/2011 a las 12:26

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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