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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 22 de agosto de 2017

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

Eumeswil

Eumeswil

Al principio de todo, y al igual que les ocurrió a varios millones de alemanes más,  Ernst Jünger no vio con malos ojos el ascenso del nacionalsocialismo. Desde finales de la I Guerra Mundial  Alemania era un caos económico y social que se encontraba al borde del abismo y bastantes de las propuestas que aportaban los nazis para remediar la situación concordaban bastante con algunos de los puntales básicos en el pensamiento de Jünger: la guerra como vía de formación y fortalecimiento del espíritu; un nacionalismo a ultranza; el encauzamiento de las energías revolucionarias de la clase obrera para encuadrarlas en el utópico futuro tecnológico que se avecinaba; oposición a la supremacía burguesa; un gobierno fuerte para tomar las medidas políticas necesarias, etc.

Sin embargo,  los nazis resultaron ser  unos compañeros de viaje extremadamente peligrosos y cuando Jünger fue consciente del rumbo que tomaban los ideólogos del partido, y vio el uso abusivo que éstos hacían de los contenidos de sus primeros libros (Tempestades de acero, 1920; Fuego y Sangre, 1925; El trabajador, 1929, etc.), procuró marcar unas distancias  que llegaron a su más clara expresión con la publicación de Sobre los acantilados de mármol (1939),  una narración de un intenso aliento poético pero en la que se percibe su clara repulsa al despotismo y los sistemas de aniquilación de la individualidad. A diferencia de lo que les ocurrió a muchos miles de intelectuales de la época, su condición de militar profesional, y la protección que le brindó la Wermacht en los momentos más delicados, fue lo que permitió a Jünger  permanecer en Alemania y salir relativamente indemne de la barbarie hitleriana.  

Recordar la ambigua relación inicial de Jünger con los nazis y su evolución posterior hacia un nihilismo a ultranza (es decir, su apuesta por un exilio interior que se iba a prolongar una vez finalizada la II Guerra Mundial, cuando fue sometido al humillante e injusto proceso de desnazificación ) permite hacer una lectura muy  esclarecedora de esta nueva edición de Eumeswil.  

Como se recordará, el asunto de libro es muy claro: en un futuro todavía reconocible, el viejo orden mundial ha estallado en millares de ciudades-estado. Eumeswil, situada en algún lugar del Norte de África, está gobernada por un tirano llamado el Condor, que dirige los destinos de todos  desde la alcazaba que domina la ciudad. Entre sus súbditos está Venator, un hombre que ejerce de historiador durante el día y que al caer la tarde hace de mayordomo para el dictador. Aunque resulte casi indelicado mencionarlo, es imprescindible resaltar el carácter amo-siervo que preside la relación entre ambos personajes, pues es justamente esa servidumbre lo que confiere al esclavo su máxima libertad de espíritu. Estar cerca del poder le permite observarlo (aunque sea desde abajo), reflexionar sobre su condición y buscar la forma de sobrevivir bajo su dominio.

Aunque las diferencias de estilo con los grandes movimientos totalitarios que caracterizaron el siglo XX son obvias, no es necesario ser un adivino para entender que Occidente camina directo a una época de ley y orden en la que los logros económicos se van a imponer (por la fuerza si es necesario) sobre los derechos ciudadanos: va a imperar  la inmemorial política del palo y la zanahoria en la que el palo estará forrado de seda y la zanahoria premiará a quienes vivan de acuerdo con lo que quienes mandan consideren políticamente correcto.

 Visto así, y aunque entre otras cosas también sea un tratado de filosofía política y un excurso sobre la entomología y la botánica, Eumeswil parece un tratado de supervivencia para la época que se nos viene encima, y que puede durar un montón de años más. Entresaco unas cuantas citas:

 “Soy un anarca no porque desdeñe la autoridad sino porque la necesito”.

“ El anarca no es el antagonista del monarca sino su polo contrario, algo a lo que el poder del monarca no llega…No es el adversario sino su correspondencia”.

“El anarca no está a favor ni en contra de la ley. Aunque no la reconoce, prefiere conocerla”.

“El paso más rudimentario hacia la libertad es liberarse de toda servidumbre [creencia] política”.

“El hombre no debería ser amigo del sol sino el sol mismo, y eso es lo que es. Su error consiste en no reconocer cuál es su lugar y, por ende, sus derechos”.

 En el caso concreto de España, el socialismo que ahora se va no ha sido capaz defender los derechos de las personas como prometía. Y la derecha que viene, tan preocupada como siempre por la salud de la economía, se va a ocupar primordialmente de ésta aplicando los métodos habituales en ella. De manera que más vale ir  conociendo la maquinaria, los delirios y el simbolismo del poder a fin de  aprender a sobrevivir a él  desde la premisa de la individualidad y el exilio interior. Y en ese sentido Eumeswil debiera ser una especie de libro de cabecera para todos.

 

Eumeswil

Ernst Jünger

RBA

[Publicado el 24/7/2011 a las 20:22]

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Comentarios (1)

  • Espero equivocarme.El gran error de la UE ha sido mirar hacia el Oeste.Copiar fracasos.Acomodarse en el interior de una burbuja.Ignorar la estrategia que impone una simple mirada a la geografía para apreciar nuestros flancos mas débiles.Las cabezas conductoras no han sabido discernir que somos puntos estratégicos demasiado codiciados.Somos un sabroso camarón que se ha dormido.

    Comentado por: Suspensor el 27/7/2011 a las 22:00

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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