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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 13 de agosto de 2020

 Javier Fernández de Castro

Stoner

 

Para que no haya la más mínima posibilidad de llamarse a engaño,  el autor abre su relato con una sucinta semblanza de su personaje, que dice así: "William Stoner entró como estudiante en la Universidad de Missouri en el año 1910, a la edad de diecinueve años. Ocho años más tarde [...]  recibió el título de Doctor en filosofía y aceptó una plaza de profesor en la  misma universidad, donde enseñó hasta su muerte en 1956.  Nunca ascendió más allá del grado de profesor asistente y unos pocos estudiantes le recordaban vagamente después de haber ido a sus clases".  En las líneas  siguientes se insiste en que los colegas de Stoner no le tenían particular estima.

Estos datos, unidos al hecho de que los relatos de profesorcillos en universidades de tercera fila son casi un género, permiten al lector hacerse una idea bastante completa de lo que le van a contar en las doscientas y pico páginas que faltan. No resulta difícil adivinar que se casará con una mujer desapasionada con la que, tras engendrar un hijo de fortuna, alcanzará algún tipo de pacto de no agresión para que cada cual pueda sacar adelante su vida anodina y rutinaria. Es de suponer que en algún momento tendrá una relación sentimental con una alumna, aunque a diferencia de lo que ocurre con el profesorcillo de Coetze en Desgracia, no será una pasión destructiva y tras algún sobresalto sin importancia Stoner recuperará su vida  gris e insípida para encaminarse hacia su final.

Curiosamente, todas las previsiones del lector mínimamente avezado se cumplen con exactitud, pero en contra de  lo que pueda parecer, el relato atrapa desde la primera página  y ya no se puede dejar hasta el final. Stoner, en efecto, es un tipo  descolorido y su vida no se aparta un ápice del estándar establecido para los integrantes de los claustros universitarios norteamericanos de mediados del siglo pasado. Y sin embargo, Stoner resulta ser un tipo fascinante porque parece dotado de la ferocidad tranquila e implacable de los Bartleby, esa gente insignificante que se incrusta como una piedrecilla en el engranaje social y que con su imperturbable "I would prefer not..." son capaces de abrir agujeros en el sistema con la misma facilidad que si fueran tuneladoras.

 A Stoner, hijo de unos pobres granjeros que se quitan materialmente el pan de la boca para que su hijo se gradúe en Agricultura y con los conocimientos así adquiridos  les ayude a extraer de la tierra unos frutos que ésta ya no les da, no se le mueve ni una pestaña cuando de pronto, y sin plantearse siquiera la consecuencias de sus actos, cambia la agricultura por el conocimiento del inglés medieval. Lo mismo le ocurre cuando descubre que Edith, la mujer con la que se acaba de casar, asume sus acercamientos amorosos como quien sufre una violación. Una a una, todas las ilusiones que en las personas normales conforman su estructura sentimental y profesional, se le van escapando por entre los dedos, incapaz de retenerlas...pero también incapaz de renunciar a ellas. Al final de su vida, cuando se sabe sentenciado, hará  sin entusiasmo un lúcido repaso de sus más importantes retos  vitales (amistad, matrimonio, paternidad, desarrollo profesional, etc) y el cuadro resultante sería desolador si, a esas alturas, el lector no le hubiese visto hacer frente a todos ellos con esa ferocidad tranquila que hace de los Bartleby unos contendientes imbatibles. Sus padres mueren sin hacerle un solo reproche pero sin entender la causa de su traición; de pura desesperación, y al advertir  que el pétreo personaje con el que comparte su cama y su vida es inalcanzable, Edith, la esposa, hará de la persecución implacable un medio de vida, pero ni siquiera privándole de la relación con su hija (hasta entonces muy tierna y muy íntima) o dejándole sin espacio en la casa, o ensayando con él toda clase de humillaciones sociales logará vencer su feroz sentido de la supervivencia; cosa que le ocurre también al más rencoroso de sus enemigos, su jefe de departamento, vencido al cabo de una vida de infligirle humillaciones y desaires sin resultado aparente.   

Cabe preguntarse por qué este excelente libro, y de paso su autor, puede llevar tantos años sepultados bajo  la indiferencia y el desconocimiento. Algo pasa con los sistemas de información, o con los avisos de alerta, si no son capaces de transmitir al lector potencial la urgente necesidad de no permitir que este libro, que lleva rodando ya algún tiempo por las librerías española, vuelva a sepultarse en el abismo de la indiferencia. Porque, repito, aunque su lectura pueda parecer innecesaria, es apasionante de principio a fin.

 

Stoner

John Williams

Ediciones Baile del Sol

[Publicado el 12/6/2011 a las 07:53]

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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