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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 13 de agosto de 2020

 Javier Fernández de Castro

El hombre que siempre estuvo allí

Quien a estas alturas todavía piense que para escribir un libro se necesita algo más que un cuaderno  y un boli tiene en El hombre que siempre estuvo allí  un ejemplo excelente de economía de medios  y un resultado muy notable. Hombre. Es indudable que si además del cuaderno y el boli se ponen ganas (muchas ganas) las cosas  tienen bastantes probabilidades de salir mejor. Y no digamos si encima del cuaderno, el boli y las ganas se poseen, o se han adquirido a base de oficio, unas ciertas trazas para pegar  una palabra detrás de otra con un mínimo de gracia.
El motivo o relato que mueve el desarrollo de este libro no puede ser más cotidiano: don Francisco Bator, un sencillo peluquero de Pamplona cumplía por estas fechas noventa años y su hijo Juan Pedro,  mitad como homenaje a una vida ejemplar y  mitad porque llevada tiempo dándole vueltas a la idea, decidió escribir un libro que ha resultado ser bastante más que una biografía. Debido a la edad casi centenaria del personaje central, a poco que el autor retrocediera unos años para que el lector se haga una idea del backgraund, en el relato iba a quedar reflejada la totalidad del sigo XX  encarnada en un familia de la working class navarra, encarnada  a su vez en el avatar de un chico de extracción humilde  que se abre paso en pequeñas poblaciones cercanas a Pamplona pero en las que todavía imperaban unos modos de vida más cercanos a la ruralidad que a lo urbano. Poblaciones como Urroz, situada entonces a 19 km de Pamplona y en la actualidad casi integrada en la conurbación capitalina, celebraban todavía después de la Guerra Civil varios mercados de ganado mensuales y eran los campesinos y los ganaderos, llegados a la población para sus respectivos negocios, los principales clientes de los distintos establecimientos locales, incluida la barbería. Mitad por azar y mitad por vocación, el primer oficio que ejerció en su vida el joven Francisco Bator iba a ser su seña de identidad para toda su vida, pues  a la hora de la jubilación, y a despecho de otros pequeños empleos complementarios ejercidos y que tan sólo ayudaban a la familia a cuadrar las cuentas en aquellos años de la posguerra tan difíciles para todos, se jubilaría todavía como barbero. Entre una fecha y otra se desarrolla el nacimiento y desarrollo de la familia Bator, que a la manera de círculos concéntricos se hace extensiva a los tíos, hermanos, primos, hijos y nietos, muchos de ellos repartidos por otras pequeñas localidades del entorno navarro y otros emigrados a América por cuestiones políticas y laborales. Obviamente, y aunque muchas veces no pasen de ser unas cuantas pinceladas biográficas, los  avatares de todas esas personas, más las circunstancias de otras personas más o menos próximas (jefes, compañeros de trabajo, oficiales a sueldo) acaban conformado un retrato muy ajustado de la Navarra trabajadora a lo largo de un siglo. Es de señalar (y de agradecer) que el autor no está sacando brillo a un apellido ni  tampoco está ventilando viejas cuentas pendientes. Su propósito, justamente, es ofrece un retrato de época y es consciente de que el tratamiento objetivo y cercano de los personajes es la forma más efectiva de lograr su objetivo. Por poner un ejemplo, sucesos como el de la aparición de los Beatles y el efecto catastrófico que la nueva moda de llevar el cabello largo iba a tener en el negocio de la peluquería sirven para bosquejar de forma rápida y segura los cambios sociales, políticos y sentimentales que trajo consigo en los países occidentales la irrupción de los jóvenes a finales de los años sesenta. Las dificultades de don Paco para cortar el pelo a navaja cuando esta moda se impuso, o la llegada de las peluquerías chinas y los servicios "extra" que ofrecían son otras tantas excusas para ampliar el panorama y sobrepasar la mera biografía.
En capítulos alternos se ofrece una sorprendente y altamente variada relación de las connotaciones míticas, religiosas, políticas y de todo orden que tiene el cabello para el ser humano, y con notable conocimiento de causa y sentido de la amenidad vamos pasando desde la evolución histórica de la figura del barbero a los "estilistas"  vapuleados sin misericordia en la literatura y el cine, o el sorprendente numero de escenas cinematográficas que transcurren en una peluquería, por no hablar del amable recuerdo al barbero de Hitler y su comprensible falta de valor a la hora de terminar de un solo tajo con los indecibles  sufrimientos que ese monstruo iba a causar a la humanidad. 

El hombre que siempre estuvo allí
Juan Pedro Bator
Saga Editorial

[Publicado el 06/6/2011 a las 07:13]

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Comentarios (1)

  • Gracias a usted y a todos ustedes por permitirme disfrutar gratuitamente de sus recomendaciones tan gratificantes

    Comentado por: festa anos 60 el 10/7/2015 a las 03:55

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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