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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 17 de octubre de 2017

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

La bofetada

 

Hay novelas que son lo más parecido a una ventana estratégicamente situada para poder observar desde ella, pero muy de cerca, las idas y venidos de un grupo de personas  cuyas vidas se cuentan a través de lo que ellas mimas hacen o dicen de si mismas, o bien a través de las miradas de otros que a su vez serán juzgados y descritos por los primeros. Esa ventana está tan hábilmente situada que desde ella se disfrutan magníficos primeros planos de escenas de dormitorio matrimoniales y  extramatrimoniales. En realidad, hay muchas escenas de ese tipo porque los personajes son parejas jóvenes y en plena actividad laboral, sentimental y genital. También hay conflictos más serios y trascendentes y por lo mismo menos llamativos. El lector puede tener la seguridad de que saldrá de la novela con una información de primera mano y muy verosímil de cómo se las gastan los matrimonios jóvenes y de clase media en una suburbio bien aseado de una bien aseada ciudad australiana actual.

El falso desencadenante de los acontecimientos tiene lugar durante una barbacoa ofrecida a sus amigos y parientes por un matrimonio en el que él es un funcionario de grado medio en un organismo estatal y ella es directora/propietaria de una clínica veterinaria. Él está aquejado de la rijosidad propia del tipo de cuarenta años que intuye lo que le espera a la vuelta de unos pocos años, mientras que ella, puro sentimiento a flor de piel,  vive en perpetua confusión los papeles de madre/esposa/mujer ardorosa/veterinaria/amiga/adúltera y vuelta a empezar. Ama a su esposo en la misma medida que lo detesta, lo desea  y al mismo tiempo lo rechaza porque, a veces, sus maneras son muy rudas, y de sus hijos se enorgullece y le encanta cómo los está educando hasta que de pronto se ve a sí misma como ella veía a su madre y se horroriza. El resto del elenco de amigos y familiares son como una galería de retratos de la Australia de clase media actual en la que se da toda la gradación, desde el ex alcohólico encantador y felizmente redimido por la religión (la islámica) hasta el adolescente con el sexo hecho un lío y que va creando conflictos mientras averigua qué les pasa a su cuerpo y a sus sentimientos.

Sin embargo, el más logrado es Hugo, un niño tan sobreprotegido por su madre que a los cuatro años sigue mamando (de hecho, sus peores fechorías las comete cuando suelta el pezón materno y dice algo vitriólico) y al mismo tiempo lo bastante mayor como para tener aterrorizados a sus teóricos amiguitos. Que le detestan. Durante la barbacoa se comporta como lo que es, un niño malcriado y con una mala fe tan evidente que uno de los mayores le suelta una bofetada tan sonora que sus ecos nos llegan hasta aquí. El comportamiento incalificable del niño, su intento de  agredir con un bate de béisbol al hijo de uno de los presentes, el bofetón que se gana por parte del padre del niño a punto de ser agredido  y la violenta reacción de los padres del malcriado (que incluso llaman a la policía y presentan una acusación formal de agresión) obligan a los demás a definirse y tomar posición ante el hecho, con la salvedad de que: a casi todos les cae fatal el agresor porque en una ocasión le rompió la mandíbula a su esposa y le tienen por un prepotente; casi todos opinan que el malcriado estaba pidiendo a gritos esa bofetada que si los padres se la hubiesen propinado a tiempo les hubiera ahorrado a todos tener que manifestarse a favor o en contra; todos tienen sus propios problemas y a ratos les va bien esa agresión porque es una excusa para aclararse sus propios conflictos y otras veces opinan que bastante tienen con sus propios conflictos como para tener que ocuparse de los ajenos.

Sólo hay un problema con esta novela, y que en su día ya experimentaron en carne propia los autores de las llamadas "novelas río": la bofetada en cuestión es sólo la excusa, el desencadenante de unos conflictos que venían de mucho antes y que, lógicamente, no se resuelven en el curso de la novela, la cual se acaba porque el autor, probablemente forzado por un editor que empezaba a preocuparle la posible reacción del lector, dice basta. Literariamente nada le impedía  haber acompañado a los personajes principales hasta que tuvieran la edad que tenían sus padres am empezar la novela, y contar el crecimiento de los hijos hasta que éstos alcanzasen la edad de los padres ahora reducidos al papel de abuelos...y así hasta el infinito, cómodamente apoyados en la ventana viendos pasar las vidas de unos y otros.

 

 

La bofetada

Christos Tsiolkas

RBA

[Publicado el 16/5/2011 a las 09:33]

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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