El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 21 de marzo de 2010

 Agresiones cotidianas / Blog de Sanjuana Martínez

Ejército traidor

Es fácil sacar al Ejército de sus cuarteles, lo difícil es volverlo a meter. Y si hace el trabajo de policías,  políticos  y hasta del mismo presidente, más peligroso resulta.

El Ejército mexicano pretende ayudar a realizar la labor de las 2 mil 90 corporaciones policiales que existen en el país. Y el resultado es un verdadero caos de inseguridad envuelto en corrupción y connivencia con los cárteles de la droga.

La falta de coordinación policial y castrense se siente en las calles. Los enfrentamientos entre municipales, federales y militares son cotidianos. La lucha de poder se libra a punta de pistola. Los soldados llegan y acuartelan a policías, los detienen en casas de seguridad, para luego acusarlos de colaboración con el crimen organizado. Se supone que están limpiando las corporaciones policiales.

¿Pero quién limpia al propio Ejército? Resulta que nuestros héroes son humanos y también cometen fechorías. Los soldados están por encima de la ley, porque los rige la ley militar. No son sometidos a juicios civiles como el resto de los mortales. Pueden colaborar con el narco, ejecutar civiles, secuestrarlos y desaparecerlos; torturarlos, violar niñas y mujeres, incluso hombres; robar, detener arbitrariamente, allanar domicilios a su antojo, y reprimir, perseguir... todo en nombre de la guerra contra el narcotráfico.

La patente de corso que protege a los 50 mil militares que patrullan las calles es una vergüenza, porque se traduce en mil 230 quejas de abusos a los derechos humanos presentadas ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos y otras 559 en los primeros seis meses de 2009. Hay que contar también las mil 300 quejas recibidas solo en el estado de Chihuahua, el más violento del país.

La Secretaría de la Defensa hace oídos sordos. De los cientos de casos de desapariciones forzadas, torturas, homicidios extrajudiciales y detenciones arbitrarias, presentados ante las comisiones de derechos humanos, solo aceptaron 110 quejas, de las cuales, únicamente 6 casos terminaron en acusación.

Amnistía Internacional ha dado la voz de alerta al considerar que los abusos perpetrados por los militares mexicanos han tomado niveles "escandalosos". Su reporte: "México: nuevos informes de violaciones de derechos humanos a manos del Ejército" detalla los excesos cometidos en Tijuana, Baja California, Ciudad Juárez, Nuevo León... Lo más grave de estas fechorías es la impunidad. No se investigan, no se persiguen, ni se consignan judicialmente. Felipe Calderón las niega; el gobierno y sus instituciones, las ignora.

El Ejército mexicano ha sido un histórico violador de las garantías individuales. En la situación actual están envalentonados porque  los militares son ensalzados por la propaganda oficial como héroes y se han convertido en un poder por encima del Estado. Es un tema prohibido en medios de comunicación. Y pobre de aquel periodista que se atreva a difundir los desmanes de la tropa descontrolada. Se trata de salvaguardar el buen nombre de nuestros héroes.  La mayoría de las víctimas prefiere callar y no denunciar.

Entre los casos más estremecedores de violaciones de derechos humanos cometidos por los militares, se encuentran la desaparición forzada de los hermanos Guzmán Zúñiga y de Saúl Becerra, en Ciudad Juárez. También la desaparición y homicidio de Alejandro Gama, Israel Ayala y Aarón Rojas en Nuevo Laredo, Tamaulipas y la tortura de 25 policías municipales de Tijuana.

La Iglesia pide la retirada del Ejército, mientras los partidos de oposición se unen para exigir igualmente la vuelta de los militares a los cuarteles. Todos coinciden: la guerra contra el crimen organizado ha fracasado. 

El Ejecutivo se ha convertido en cómplice de los delitos castrenses frecuentes y habituales. Calderón se burla del Estado de Derecho al ignorarlas y señalar que no existe un solo caso comprobado. Su secretario de Gobernación lo secunda exaltando los "avances sin precedentes" en la protección y promoción de los derechos humanos y en la recuperación de la paz.

Y preguntó: ¿Qué paz?... será la pax de los delincuentes, incluidos los militares criminales pertenecientes a un Ejército que traiciona su primer deber: proteger a los ciudadanos sin usurpación de labores, ni excesos impunes.   

 

 

[Publicado el 15/12/2009 a las 11:29]

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Comentarios (3)

  • ¿Sabías que al los miembros del Ejército los mandan? Ellos obedecen órdenes y si no las realizan los matan.

    Me da impresión, y no puedo creerlo, leer que Derechos humanos dice que tal vez el Ejército cometió faltas en el operativo de Beltrán Leyva. Me gustaría que ellos hicieran este operativo, para que hablaran con fundamento.
    Sinceramente leo tu nota y tampoco puedo creerla...

    Comentado por: María el 20/12/2009 a las 20:18

  • La razón asiste a Sanjuana, la guerra que Calderón se inventó contra el narco está muy lejos de ganarse, todos lo vemos en el día a día, el gobierno mexicano prefiere seguir mintiendo con spots mentirosos. Los únicos efectos de la lucha antinarco son el aumento de la violencia y, como lo dice Sanjuana, de la violación de derechos humanos. La noticia que Claudio Molina cita en el comentario anterior es representativa: la ejecución de Beltran Leyva sólo pone en evidencia que el ejército se ha rebajado a la misma brutalidad del narco, eso para nadie puede ser una buena noticia.

    Comentado por: Edson Soto el 19/12/2009 a las 00:27

  • Acabo de leer en el diario el País que ha muerto el líder del cártel de Sinaloa. Beltrán Leyva creo que se llamaba el angelito, imagino que para millones de mexicanos honrados esto será una buena noticia. Seguro que ya han encontrado quien le sustituya, los carteles de la droga son tan poderosos que no tendrán problema en reemplazar a su jefe de jefes.
    No puedo decir que me alegro de la noticia porque en definitiva es la muerte de una persona, pero lamento que México viva en esa espiral de violencia que parece no tener fin. La venganza del cártel de Sinaloa no se hará esperar.
    PSD. Deberíamos considerar la guerra sucia del GAL como limpieza política y no social. A los niños en Brasil se les asesinaba por motivos muy distintos... Insisto en que no se mal interpreten mis palabras, los etarras deben pagar con la cárcel no con su vida.
    Pertenezco a una generación de españoles que se levantaba todos los días para ir al cole, en los año 80, con la noticia de un nuevo atentado de ETA.
    Me niego a meter en el mismo saco la limpieza social y la limpieza política. ¿Parece que justifico la muerte de etarras? nada más lejos de mi intención... aunque tampoco lloraría por ellos.

    Comentado por: Claudio Molina el 17/12/2009 a las 20:54

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Biografía

Sanjuana Martínez es egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Continuó sus estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado asuntos relacionados con la defensa de los derechos humanos, violencia de género, la actividad terrorista y el crimen organizado, tanto en México como en Estados Unidos y Europa. Ha trabajado para Milenio Diario de Monterrey, Canal 2, la revista Proceso y el periódico La Jornada.  Por sus investigaciones sobre los delitos de pederastia cometidos por el clero, recibió el Premio Nacional de Periodismo 2006. El Club de Periodistas de México le entregó en 2007 el primer Premio Nacional de Periodismo por sus reportajes, crónicas, entrevistas y artículos. Y en 2008 por sus trabajos difundidos en La Jornada recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Ha publicado los libros: Manto púrpura. Pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera (Grijalbo), La cara oculta del Vaticano (Plaza y Janés), Si se puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a Estados Unidos (Grijalbo). Por su libro Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical (Editorial Planeta) recibió en 2008 el premio "Rodolfo Walsh" de la Semana Negra de Gijón. Sus último libros son: Se venden niños (Editorial Temas de Hoy), Periodismo incómodo (UANL) y Verdades que no mueren (Ediciones Oficio). Es coautora de los textos: Los intocables (Editorial Planeta), Un día sin inmigrantes (Grijalbo) y Voces de Babel (Alfaguara).

 

Actualmente desarrolla su labor periodística como freelance. Radica en Monterrey y colabora con varios medios mexicanos y extranjeros.

 

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