Balas perdidas

Jessica Anahí se debate entre la vida y la muerte por una bala perdida alojada en su cabeza. Iba de vacaciones a McAllen, Texas, donde viven sus abuelos, cuando un grupo de sicarios de Los Zetas y el Ejército iniciaron una balacera con armas de alto calibre. Viajaba a bordo de una camioneta con su madre y sus dos hermanos. El semáforo cambio a rojo justo en la carretera a Reynosa en el municipio de Benito Juárez de la ciudad de Monterrey, donde ocurrió el enfrentamiento el pasado 4 de diciembre.
"¡Agáchense!.... hay una balacera", les alcanzó a gritar su madre antes de morir a consecuencia de los múltiples impactos de bala. Jessica Anahí no alcanzó a reaccionar. Era su cumpleaños. Pensaba celebrar sus 12 añitos al otro lado de la frontera. Ahora está sumida en un coma diabético.
"Mi mamá se puso a rezar, nos dijo que nos agacháramos, pero ella no se alcanzo a agachar. Yo me agaché y abracé a mi hermana, pero le alcanzó un rozón de bala", dijo Hugo, su hermano mayor.
Las balas perdidas también alcanzaron a tres transeúntes. La balacera duró 45 minutos con un saldo de 13 personas muertas; 10 sicarios y 3 civiles. Los Zetas remataron la faena dirigiéndose al municipio de Escobedo donde asesinaron a dos policías para liberar a 23 sicarios que se encontraban detenido
s.
Jessica Anahí se suma a la larga lista de las "casualties" de Felipe Calderón. Los médicos le dan pocas esperanzas de vida. El azar no siempre juega limpio. Una milésima de segundo. Un semáforo en verde o un súbito cambio de planes hubieran hecho la diferencia. Pero la vida no es justa. Si lo fuera, Jessica Anahí estaría hoy disfrutando con los abuelos, abriendo sus regalos y saboreando el pastel de cumpleaños.
La abundancia de armas en la calle resulta un peligro para todos. La PGR se hincha a cifras y asegura que ha incautado 28 mil armas, más de cinco millones de cartuchos y tres mil granadas de mano. La violencia, sin embargo, es una constante lacerante. El México empistolado una realidad.
Las "casualties" aumentan: 15.000 personas han perdido la vida desde que Calderón llegó al poder y desplegó 45.000 militares en las calles para combatir a los cárteles de la droga. ¿Cuántos muertos más necesita para reconocer que se equivocó de estrategia?
[Publicado el 09/12/2009 a las 11:10]
Ahora resulta que la culpa es de Calderón, los angelitos Zetas no deben nada, lo que pasa que el malvado ejército los quiso capturar y ellos no hicieron más que defenderse. Por qué el gobierno no les pide de favor a los bienaventurados Zetas que traten de hacer sus negocios sin estar disparando a diestra y siniestra, hay que hablarles, convencerlos, reformarlos, darles unas cuantas empresas exitosas para que se reintegren a la sociedad, la cual es la culpable de que ellos sean así, porque son marginados y por lo tanto no les queda otra opción que matar y traficar.
Nosotros, la sociedad, somos los culpables de todo esto. O no, Sorjuana?
Comentado por: Augusto Polanco el 13/12/2009 a las 16:45
Sanjuana Martínez es egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Continuó sus estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado asuntos relacionados con la defensa de los derechos humanos, violencia de género, la actividad terrorista y el crimen organizado, tanto en México como en Estados Unidos y Europa. Ha trabajado para Milenio Diario de Monterrey, Canal 2, la revista Proceso y el periódico La Jornada. Por sus investigaciones sobre los delitos de pederastia cometidos por el clero, recibió el Premio Nacional de Periodismo 2006. El Club de Periodistas de México le entregó en 2007 el primer Premio Nacional de Periodismo por sus reportajes, crónicas, entrevistas y artículos. Y en 2008 por sus trabajos difundidos en La Jornada recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Ha publicado los libros: Manto púrpura. Pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera (Grijalbo), La cara oculta del Vaticano (Plaza y Janés), Si se puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a Estados Unidos (Grijalbo). Por su libro Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical (Editorial Planeta) recibió en 2008 el premio "Rodolfo Walsh" de la Semana Negra de Gijón. Sus último libros son: Se venden niños (Editorial Temas de Hoy), Periodismo incómodo (UANL) y Verdades que no mueren (Ediciones Oficio). Es coautora de los textos: Los intocables (Editorial Planeta), Un día sin inmigrantes (Grijalbo) y Voces de Babel (Alfaguara).
Actualmente desarrolla su labor periodística como freelance. Radica en Monterrey y colabora con varios medios mexicanos y extranjeros.

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