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El blog literario latinoamericano

lunes, 13 de febrero de 2012

 Agresiones cotidianas / Blog de Sanjuana Martínez

Los decapitadores

En el teatro del horror por el que transitamos en México, la figura del decapitador se ha convertido en un elemento indispensable en la lucha de poder territorial de los distintos carteles de la droga que se disputan el territorio.

Más de 15 mil personas han sido asesinadas desde que Felipe Calderón llegó al poder, de las cuales alrededor de 250 se les ha cortado la cabeza. ¿Cuáles son los entresijos de la barbarie?

El nivel de sadismo es diverso. Primero los torturan, mutilan y finalmente los asesinan con un tiro de gracia. Luego les cortan la cabeza. Los cuerpos y las cabezas son separados en bolsas de plástico. A veces las cabezas aparecen en hieleras portátiles. Los pedazos del cuerpo son colocados en otras bolsas, las cabezas siempre van solas.

Este tipo de ritual macabro incluye abandonar los restos de los decapitados a las puertas de un medio de comunicación, en medio de una carretera o afuera de una clínica como sucedió con los nueve cuerpos encontrados hace unos días en Tlapehuala, Guerrero, ejecutados por el cartel michoacano de "La familia" con un mensaje: "La Familia no mata inocentes, muere quien debe morir, aquí está tu gente recógela y ven a pelear".

La figura del decapitador, pues, es un elemento indispensable en el organigrama delincuencial. No es fácil encontrar a alguien dispuesto a realizar semejante trabajo. Hay que tener un estómago lo suficientemente fuerte y capaz de llevar a cabo el desmembramiento y el corte contundente de la cabeza. Y para ello, primero es necesario, capacitar al personal. Me pregunto de dónde sacan a los entrenadores de estos empleados. Si tienen conocimientos médicos o no exigen requisito alguno para ocupar el puesto.

Curiosamente la técnica del desmembramiento fue utilizada por los conquistadores españoles en América. El método consistía en atar cada extremidad del cuerpo del torturado, incluida la cabeza, a unos caballos que luego azuzaban para provocar el desprendimiento. Y al final exhibían la cabeza en la plaza.

La crueldad humana en su máxima expresión es ahora parte de la vida cotidiana. El puesto de decapitador se lo disputan nuevamente una panda de jóvenes desesperados y muchas veces drogados dispuestos a realizar cualquier trabajo a cambio de unos cuantos pesos.

El escritor Sergio González Rodríguez publicó el año pasado "El hombre sin cabeza"  (Editorial Anagrama), un minucioso relato sobre las decapitaciones producto de la violencia extrema que padecemos en México.  

Sergio es un riguroso periodista y entrevistó a un decapitador que expone su particular método de trabajo: "Primero me tomo cuatro o cinco tequilas antes de actuar, porque no sé si vamos a encontrar al candidato y ejecutarlo. Llegado el momento, con o sin testigos del grupo, todavía calentito el cuerpo, lo pongo boca abajo, en el borde de un sillón o silla, y le dejo caer el machete, siempre con las dos manos para tener fuerza y que no me rebote el golpe con el hueso de la columna. Después meto la cabeza en una toalla, o con las ropas del muerto la envuelvo para que le salga toda la sangre, porque me enseñaron que las venas del cuello están cargadas de sangre...".

[Publicado el 20/11/2009 a las 12:31]

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Comentarios (1)

  • Ay Dios...esto esel fin de nuestra amada nacion...

    Comentado por: lia el 22/11/2009 a las 21:48

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Biografía

Sanjuana Martínez es egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Continuó sus estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado asuntos relacionados con la defensa de los derechos humanos, violencia de género, la actividad terrorista y el crimen organizado, tanto en México como en Estados Unidos y Europa. Ha trabajado para Milenio Diario de Monterrey, Canal 2, la revista Proceso y el periódico La Jornada.  Por sus investigaciones sobre los delitos de pederastia cometidos por el clero, recibió el Premio Nacional de Periodismo 2006. El Club de Periodistas de México le entregó en 2007 el primer Premio Nacional de Periodismo por sus reportajes, crónicas, entrevistas y artículos. Y en 2008 por sus trabajos difundidos en La Jornada recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Ha publicado los libros: Manto púrpura. Pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera (Grijalbo), La cara oculta del Vaticano (Plaza y Janés), Si se puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a Estados Unidos (Grijalbo). Por su libro Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical (Editorial Planeta) recibió en 2008 el premio "Rodolfo Walsh" de la Semana Negra de Gijón. Sus último libros son: Se venden niños (Editorial Temas de Hoy), Periodismo incómodo (UANL), Verdades que no mueren (Ediciones Oficio) y La frontera del narco (Planeta, 2011). Es coautora de los textos: Los intocables (Editorial Planeta), Un día sin inmigrantes (Grijalbo) y Voces de Babel (Alfaguara).

 

Actualmente desarrolla su labor periodística como freelance. Radica en Monterrey y colabora con varios medios mexicanos y extranjeros.

 

Bibliografía

 
 
 
 
 
 
 

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