Puta, pero guadalupana

Dorian. Foto: Sanjuana Martínez
"¿Cuánto me cobras por dejarte besar los pies?", así empieza la historia de Dorian, pero no, Dorian Grey de Oscar Wilde, sino de una chica mexicana que frente al auditorio Jaime Torres Bodet ofreció su testimonio de vida, dejando sin habla a los presentes.
Sucedió ayer. Participaba en la VIII Semana de la Diversidad Sexual en el Museo Nacional de Antropología e Historia en el Distrito Federal con una conferencia sobre pederastia clerical. Cuando llegó el turno de preguntas Dorian se puso de pie y micrófono en mano, expuso:
"Soy Dorian Edith Hernández, una chica trans" --- dijo luciendo una hermosa cabellera y dejando ver las bondades de su cuerpo espectacular--- "Antes trabajaba como sexoservidora. Y un día llegó un hombre y me dijo: "¿Cuánto me cobras por dejarte besar los pies? Yo traía unas sandalias negras muy hermosas con brillantes; y un minifalda super cortita y super sexy. Me pagó y se hincó. Me chupaba los dedos y ví que luego luego se empezó a masturbar. En eso mi compañera (siempre vamos de dos en dos porque aquí nos matan gratis) lo estaba acariciando. Le empezó a esculcar y le bajo el cuello del sueter. Ella dio un grito: "¡Cabrón...eres un sacerdote!". ¡Le vimos el alzacuellos y en eso se levantó y se fue corriendo!. Yo me quede con muy mal cuerpo una semana, porque claro yo soy puta, pero guadalupana. Pensé ¡Dios mío que he hecho!.... Me quedé en shock. ¿Me entiendes?".
Dorian dice que calza del número siete, como un 41 español. Y me pide: "No censures esto que te voy decir: recomiendo mucho chupar los dedos de los pies a sus parejas cundo les hagan el amor, ¿Ok? Es una cosa deliciosa. Te sientes el exorcista en ese instante. ¡padrísimo! ¡divino!...¿Ok?".
Cuenta que fue acosada desde niño por los sacerdotes de su pueblo: "Era monaguillo y como yo era muy femenina, muy bonito, de muy buen cuerpo, caminaba quebradito, pues intentaban meterme mano, pero nunca pudieron. Yo me hice niña a las 12 años, pero descubrí que era mujer a los siete. Y se acabó. Dios nos quiere por igual. Yo doy amor: Dios dijo amaos los unos a los otros. Y me solidarizo con los niños víctimas de abusos sexuales de Irlanda y de México ...¿me entiendes?... porque nosotros sufrimos mucho la transfobia en este país. Estamos en las esquinas de la calle Cuauhtemoc y pasan y te rafagean. Te matan nomás porque si. Y ya basta de discriminación, de curas pervertidos!".
La gente se removía en sus asientos. Volteaban a verse. Nadie decía nada. Y es que la realidad que vive la población LGBTTT es tremenda. México es el segundo país en el mundo en crímenes por homofobia. De los casi 500 asesinatos, el 90 por ciento permanece en la impunidad. El machismo es el pan de cada día y Dorian y sus compañeras pasan las de Caín para desarrollar su trabajo: "Vienen las granaderas. Nos suben a todas como animales. Nos golpean. Nos hacen el patito. Si, el patito: nos encueran y al llegar a los separos nos bañan con agua fría. Nos dejan encerradas 36 horas. Y si quieres un taco tienes que hacerle sexo oral al policía. Siempre nos violan entre varios. Nos pintan las pompas con pintura de aceite para que no se nos note. Denigrante. Todos son muy machines, pero todos quieren hacerlo con nosotras porque son unos reprimidos, unos morbosos. ¿Me entiendes?... es pura hipocresía, pura doble moral. No se si me entiendes... Una trans es algo mágico. Algo erótico. Diferente. A los hombres les fascina nuestra dualidad... ¿me entiendes?"
Dorian forma parte de un población marginada. Aquí todavía existen balnearios con el letrero: "prohibida la entrada a los perros y a los homosexuales". Aún en los hospitales públicos se advierte en anuncios: "Todos pueden donar sangre, menos los homosexuales". La jerarquía católica les recomienda que vivan en la oscuridad su sexualidad. El Estado se niega a cambiar el nombre en sus documentos de identidad. El sector salud rechaza las operaciones de cambio de sexo y mucho menos acepta financiarlas...
Dorian por lo pronto ha decidido dejar la calle y cambiar de profesión: "Ahora soy política" --- me dice mientras posa coqueta para la foto--- "Tengo la dicha de estar trabajando para la comunidad trans, una comunidad que no tiene oportunidades. No tenemos estudio: o somos peluqueras o somos putas o sirvientas. Tenemos miedo a la discriminación porque en los trabajos no nos dejan ser nosotras. Por eso mamás, papás: cuiden mucho a sus niños, platíquenles de sexualidad. No le saquen la vuelta. Hay que hablar de sexo...¿Me entiendes?....Tu que escribes libros ¿por qué no escribes un libro sobre mi historia. Te lo juro es una súper historia. Te encantaría ¿a poco no?"
[Publicado el 27/5/2009 a las 09:35]
Comentado por: henrry el 02/7/2009 a las 04:59
Comentado por: antonio el 27/6/2009 a las 23:11
Gracias a Dorian por compartir su vida y ayudarnos a mirar y entender una realidad diferente. Gracias a Sanjuana por transcribir sus palabras y presentarla en tu espacio. Pienso que no se trata de un texto amarillasta, se queda corto si sumamos todas las historias de Dorian y sus amigas.
Comentado por: Mariana el 16/6/2009 a las 15:27
Comentado por: María el 30/5/2009 a las 02:46
Sanjuana Martínez es egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Continuó sus estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado asuntos relacionados con la defensa de los derechos humanos, violencia de género, la actividad terrorista y el crimen organizado, tanto en México como en Estados Unidos y Europa. Ha trabajado para Milenio Diario de Monterrey, Canal 2, la revista Proceso y el periódico La Jornada. Por sus investigaciones sobre los delitos de pederastia cometidos por el clero, recibió el Premio Nacional de Periodismo 2006. El Club de Periodistas de México le entregó en 2007 el primer Premio Nacional de Periodismo por sus reportajes, crónicas, entrevistas y artículos. Y en 2008 por sus trabajos difundidos en La Jornada recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Ha publicado los libros: Manto púrpura. Pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera (Grijalbo), La cara oculta del Vaticano (Plaza y Janés), Si se puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a Estados Unidos (Grijalbo). Por su libro Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical (Editorial Planeta) recibió en 2008 el premio "Rodolfo Walsh" de la Semana Negra de Gijón. Sus último libros son: Se venden niños (Editorial Temas de Hoy), Periodismo incómodo (UANL) y Verdades que no mueren (Ediciones Oficio). Es coautora de los textos: Los intocables (Editorial Planeta), Un día sin inmigrantes (Grijalbo) y Voces de Babel (Alfaguara).
Actualmente desarrolla su labor periodística como freelance. Radica en Monterrey y colabora con varios medios mexicanos y extranjeros.

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