Pura matason

Hace un año cuando empecé a escribir este blog, 40 compañeros periodistas habían sido asesinados. En 12 meses, la cifra ha aumentado a 48. Una escalada de agresiones cotidianas que no ha dejado de crecer y nos exige ponerle nombre y apellido a la fría estadística. Detrás de cada uno de ellos hay familia, hijos, amigos...
Hago un repaso y pienso en los asesinados. Una periodista de la BBC me entrevistó el otro día y me preguntó: ¿por qué no te dedicas a otra cosa? ¿Para qué arriesgarte?, dijo con cara de no entender mi posición desde la mole imponente del edificio londinense de la BBC.
Recordé las sutiles sugerencias de mi madre, quien cada vez que matan un periodista en la República, intenta convencerme: "Ese trabajo tuyo m'hijita nomás pura matason. ¿Por qué no mejor pones una rosticería o un vivero? A ti te gustan mucho las plantas". Es verdad, me encantan las plantas. Lo que no acabo de entender es lo de la rosticería. Odio el pollo.
En fin, que el caso es que yo no sabía cómo contestarle a la periodista inglesa de la BBC sin verme mal educada. Entonces simplemente le dije: "sigo siendo periodista por dignidad". Ella puso cara de "¿What?". Menos comprendió. Yo pensaba que no tenía que explicar nada entre iguales. Entre quienes nos dedicamos a lo mismo. De pronto me cayó el veinte: recorrí la mirada por la elegante cabina de audio donde estábamos. Y en mi interior comprendí que la realidad de esa periodista no tenía nada que ver con la mía. Comprendí que su duda estaba sustentada en la tranquilidad con la que ella desarrolla su trabajo. Algo que yo misma he experimentado cuando he vivido en otros países, pero que ya olvidé viviendo en México.
La zozobra es un sentimiento ajeno a sociedades democráticas consolidadas. El miedo está ausente en lugares donde la seguridad va incluida a tu trabajo; donde pinchar un teléfono es la excepción y no la regla, donde ser periodista significa ser alguien respetado y digno, que el Estado no debe vigilar. Entendí las diferentes formas de vida. El temblor en el cuerpo cuando miras por el retrovisor, me imagino que es una emoción distante y a veces desconocida. Las prisas por encontrar la llave para entrar a casa, para resguardarte, para buscar un lugar seguro, un lugar que sabes que no existe, es un sentimiento desconocido por aquellas latitudes. Lo entendí.
Entonces fui más explicita. Le dije lo obvio: que tenía que ver con una cuestión de principios, de compromiso por la libertad, de búsqueda de la verdad; que con mi trabajo pretendía intentar un cambio por pequeño que fuera, un cambio a favor del maltrecho sistema democrático de mi país. Le expliqué que mi labor no consistía solo en exhibir la podredumbre de un sistema; que prefería hacer el periodismo defendido por Kapuscinski, el periodismo intencional, ese que busca modificar la lacerante realidad en la que vivimos.
No se si quedo satisfecha. Regresé a México y pienso en el último compañero asesinado: Carlos Ortega Melo Samper, corresponsal de "La Opinión" en Durango. En el miedo que debió haber sentido. En su angustia. En los cobardes que lo asesinaron. En lo que él hubiera respondido a aquella pregunta de la periodista de la BBC. Carlos, llevaba varios meses amenazado. Le habían quemado su camioneta en clara advertencia. Responsabilizó directamente al alcalde Marín Silvestre Herrera y al encargado de programas federales, Juan Manuel Calderón de lo que pudiera pasarle. Ambos fueron el eje central de sus reportajes sobre corrupción en el Ayuntamiento, aunque la responsabilidad política del gobernador Ismael Hernández Deras fue también denunciada. El 3 de mayo, cuatro sujetos intentaron "levantar" (secuestrar) que lo interceptaron muy cerca de su casa. Los vecinos vieron como el periodista bajo de su vehículo para reclamar, pero en ese momento los sicarios intentaron subirlo a un coche. Él se defendió. Hubo un forcejeo. Uno de los hombres sacó una pistola calibre 40 y le pegó tres balazos en la cabeza. Así, a bocajarro.
Lo noticia ocupó espacios en radio y televisión. Pocos, porque matar un periodista ya no es noticia. Voy a casa de mi madre. Bromeo con ella, le resto importancia, le quito hierro. Ella insiste: ¿Y pasteles? Siempre has hecho ricos pasteles. ¿Por qué no vendes pasteles m'hijita?".
[Publicado el 20/5/2009 a las 10:58]
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La vida no es tan facil en una pais donde respiramos corrupcion y donde el cambiar de profecion cheap football shirts cambia la perspectiva de vivir por lo que pensamos es nuestro ideal. Tu relato me llego. Gracias.
Comentado por: tom el 18/10/2011 a las 04:52
Comentado por: raul el 18/9/2009 a las 20:52
díar sanjuana :
guán
mi entusiasta y cálida felicitación por tu artículo
in su pe ra ble nivel
dos
la matasón...
yo pensaba que esta era un voz cubana
un recuerdo, una nostalgia: bueno, nostalgita
estaba esperando guagua (= bus, no un bebé, como significa en mapocholandia, en donde estoy ahora, desexilemigración al parecer definitiva) con una habanera una noche, y me dijo : ya verás, cuando llegue se va a formar la matasssón...
yo que tú le hacía caso a tu madre, y podrías hacerte conductora de guaguas (=buses, no bebés), o corresponsal de la bbc, cosas así
Comentado por: jbv el 21/5/2009 a las 19:03
La vida no es tan facil en una pais donde respiramos corrupcion y donde el cambiar de profecion cambia la perspectiva de vivir por lo que pensamos es nuestro ideal. Tu relato me llego. Gracias.
Comentado por: Florencio Jauregui el 20/5/2009 a las 19:11
Sanjuana Martínez es egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Continuó sus estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado asuntos relacionados con la defensa de los derechos humanos, violencia de género, la actividad terrorista y el crimen organizado, tanto en México como en Estados Unidos y Europa. Ha trabajado para Milenio Diario de Monterrey, Canal 2, la revista Proceso y el periódico La Jornada. Por sus investigaciones sobre los delitos de pederastia cometidos por el clero, recibió el Premio Nacional de Periodismo 2006. El Club de Periodistas de México le entregó en 2007 el primer Premio Nacional de Periodismo por sus reportajes, crónicas, entrevistas y artículos. Y en 2008 por sus trabajos difundidos en La Jornada recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Ha publicado los libros: Manto púrpura. Pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera (Grijalbo), La cara oculta del Vaticano (Plaza y Janés), Si se puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a Estados Unidos (Grijalbo). Por su libro Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical (Editorial Planeta) recibió en 2008 el premio "Rodolfo Walsh" de la Semana Negra de Gijón. Sus último libros son: Se venden niños (Editorial Temas de Hoy), Periodismo incómodo (UANL), Verdades que no mueren (Ediciones Oficio) y La frontera del narco (Planeta, 2011). Es coautora de los textos: Los intocables (Editorial Planeta), Un día sin inmigrantes (Grijalbo) y Voces de Babel (Alfaguara).
Actualmente desarrolla su labor periodística como freelance. Radica en Monterrey y colabora con varios medios mexicanos y extranjeros.
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