De amor y de guerra

Ellas buscan a sus desaparecidos.... Foto: Sanjuana Martínez
La vida es tan imprevisible que te pone pruebas a cada paso. Mantener intacto el deseo de amar en tiempos de guerra es una proeza. Y más sorprendente es cuando la ternura se mantiene inquebrantable ante los embates perversos del mal.
Las historias van cayendo una por una al agujero negro de la justicia, ese hoyo lleno de impunidad, abusos, despotismo, indolencia, autoritarismo, racismo, desprecio....
El dolor de los demás se acumula en las grabadoras y en el corazón. El sufrimiento de quienes han perdido sus amores se amontona en el alma. Intento colocarlo en algún lugar, pero son tantas las historias, que los lamentos salen por los poros en el día, en la noche. Alguien me dice que se llama estrés postraumático. ¿Y eso como se cura?, pregunto. “No se cura si sigues allí”. Pues no se cura.
Escribo para intentar descifrar la línea que separa el bien y el mal; para ver más allá de la perversidad, la crueldad, la vileza del ser humano contra otro ser humano. Para indagar en los recovecos del amor y la ternura, en las señas identitarias que supuestamente nos separan de los animales. Quiero recordar dónde empezó ese deseo, esa vocación... Vi mi primera película de nazis cuando tenía diez años. Al terminar, pregunté a mi padre: “Por qué permitieron que mataran 6 millones de judíos? ¿Por qué nadie dijo nada?”... Mi padre respondió: “Porque la mayoría prefirió guardar silencio”.
En el México en guerra de nuestros días, la carnicería de unos y el exterminio de otros, está lleno de silencios. El silencio que grita los delitos de unos; pero oculta los crímenes de otros. El silencio que ignora a nombre de la razón de Estado. Son “daños colaterales”, “víctimas propiciatorias”, “errores de cálculo”. Parecería que la violencia del Estado no tiene eco más allá de nuestras fronteras. Y paradójicamente lo que le importa al Estado es lo que digan fuera de sus fronteras. Me pregunto porque las decenas de corresponsales acreditados en nuestro país no la abordan con todos sus matices y desventuras. Entiendo que en algunos casos sus grandes grupos multimedia tienen multimillonarios negocios con el gobierno mexicano o con el establishment financiero, pero... ¿y el compromiso con la verdad?
Internamente tampoco estamos bien. Iniciativa México, el pacto del duopolio televisivo firmado por 700 medios de comunicación se empeña en censurar todo aquello que afecte a la “seguridad nacional”, pero... ¿y el compromiso con la verdad?
Mirar a otro lado ante los crímenes cometidos por las policías municipales, estatales, federales; por el Ejército y la Marina, solo ha generado el incremento de las víctimas. Si al principio del sexenio había 600 desaparecidos que provenían de otros gobiernos desde Luis Echeverría, en el primer año la cifra rondaba los 3.000 y ahora el número llega hasta 20.000...
No todas estas personas han desaparecido a manos del Estado, pero me preocupan los que sí, porque eso quiere decir que los ciudadanos seguimos atrapados entre dos frentes, mientras la mayoría de medios nacionales e internacionales solo habla de la violencia más visible: la de los cárteles de la droga.
¿Que le puedo decir a una madre como María Cruz Camarillo Pérez que llora desconsoladamente por la desaparición de su hijo a manos de la Marina? ¿Cómo consuelo al doctor Otilio Cantú que acaba de perder a su hijo asesinado impunemente por los militares? ¿Que explicación razonable puedo ofrecer a Yolanda Verástegui cuyo hermano y sobrino fueron secuestrados por la policía local?...
Todos tienen en común una cosa: son víctimas caídas al agujero negro de la justicia. Han tocado infinidad de puertas y casi nadie les hizo caso. No existe en México, por motivos estratégicos, una ventanilla única para denunciar desapariciones, ni tampoco para presentar delitos del propio Estado; no hay una instancia que les de razón, mucho menos certidumbre en la búsqueda. La Comisión Nacional de Derechos Humanos se dedica a hacer recomendaciones que el Estado no acata. Su independencia está en entre dicho, particularmente porque tiene uno de los presupuestos más altos del mundo. Resulta onerosa, previsible y de adorno. Los únicos que atienden bajo sus limitaciones son las organizaciones civiles de derechos humanos. Pero están desbordadas por los acontecimientos. No dan abasto. La gente se refugia en Dios y en la virgen de Guadalupe. Busca sostenerse. “Usted es nuestra última esperanza”, me dijo una madre desconsolada.
Al miedo, se une el desconcierto. La mayoría no sabe qué hacer. Se hunden en la desesperación, en el desconsuelo. Vagan por las instituciones como fantasmas en pena. Acuden a las procuradurías, a los servicios periciales, a los anfiteatros. No existe un padrón nacional de cadáveres para cruzar datos con las listas de desaparecidos. Las fosas comunes con los “sin nombre” aumentan. No hay voluntad política de solucionar los casos.
Los desaparecidos de Calderón pasaran a la historia de la ignominia de su sexenio. La abyección del delito de la desaparición lo cubre la mentira institucional. La casta de privilegiados por encima de la ley empieza en los cuarteles de los que se supone sale la ley que garantiza nuestra seguridad y paz social.
Los campos de extermino se exhiben en las noticias como hallazgos del Ejército, pero la autoría de los crímenes que se cometen en esos crematorios clandestinos donde se “cocina” a las personas en tambos agujereados, es dudosa. Casualmente la mayoría de las narcofosas son encontradas por las fuerzas de seguridad del Estado, los militares o los marinos se llevan “el mérito” gracias a “llamadas anónimas”. Los campos de concentración donde se tortura cambian en cada ciudad. El ejército y la Marina utiliza gimnasios, parques feriales, aeropuertos... Así lo demuestran los testimonios de las víctimas sobrevivientes y de los familiares de las víctimas, esas que son ignoradas por la mayor parte de la prensa extranjera.
Eduardo Galeano dice en “Días y noches de amor y de guerra” que el sistema es el sistema y quien denuncia sus arbitrariedades, excesos y crímenes es llamado “enemigo del país”:
“Quien denuncia la injusticia, comete delito de lesa patria. Yo soy el país, dice la máquina. Este campo de concentración es el país: este pudridero, este inmenso baldío vacío de hombres. Quien crea que la patria es una casa de todos, será hijo de nadie”.
Y ellas, particularmente ellas le piden cuentas a la patria, siguen buscando a sus desaparecidos. A los desaparecidos de todos. ¿Qué puede mover esa dolorosa indagatoria a pesar de las amenazas, el miedo, el acecho de la muerte?....
El amor, el amor y la ternura. Ambos quedan invictos.
[Publicado el 06/7/2011 a las 05:38]
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Comentado por: Juicy Couture Handbags el 19/10/2011 a las 10:41
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Comentado por: DSGFD el 19/10/2011 a las 10:40
Por lo que se de este periodico para el cual usted envia notas ( una amiga trabaja ahi) se que la mueve una linea de izquierda: anticlerical, vicios y perversiones de gente adinerada, prolibertades, diversidad sexual etc. A usted no le importaria la desaparezcan tambien con tal de ganar un premio periodistico. Yo vivi en Monterrey, y conoci todo el noreste, y se de las multiples redes de corrupcion que hay aun entre gente humilde(desde 1988 estudie y conoci alla),que trabajan o se venden por un taco a quienes lo paguen y mas ahora con el crecimiento de la impunidad y la delincuencia organizada y creame que no hay quien pueda decir yo estoy libre, paleteros, etc. Defender a la poblacion es muy loable, atacar a la marina cuando hay pruebas muy valiente, pero metase a estudiar a fondo la vida de todas estas personas y se dara cuenta de muchas cosas que yo se que no justifican las violaciones de derechos humanos. Si dice que usted vive en monterrey sabra que en esta ciudad tenian años de esperar que se les diera poder y armas para que todos los barrios pobres atacaran a los que si oportunidades. Que bueno seria que buscara las primeras causas y no se quedara en denunciar a marinos y a los gobiernos, y ademas que tambien estudiara la corrupcion que existe entre periodistas sobre todo en quienes trabajan para la nomina izquierdista como el suyo y dejaran de simular tambien ventilando los vicios de sus caudillos. Por cierto, usted comulga con los gustos de su directora Lira Saade?Se la dejo de tarea
Comentado por: mario ramirez el 10/7/2011 a las 18:20
Sanjuana Martínez es egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Continuó sus estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado asuntos relacionados con la defensa de los derechos humanos, violencia de género, la actividad terrorista y el crimen organizado, tanto en México como en Estados Unidos y Europa. Ha trabajado para Milenio Diario de Monterrey, Canal 2, la revista Proceso y el periódico La Jornada. Por sus investigaciones sobre los delitos de pederastia cometidos por el clero, recibió el Premio Nacional de Periodismo 2006. El Club de Periodistas de México le entregó en 2007 el primer Premio Nacional de Periodismo por sus reportajes, crónicas, entrevistas y artículos. Y en 2008 por sus trabajos difundidos en La Jornada recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Ha publicado los libros: Manto púrpura. Pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera (Grijalbo), La cara oculta del Vaticano (Plaza y Janés), Si se puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a Estados Unidos (Grijalbo). Por su libro Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical (Editorial Planeta) recibió en 2008 el premio "Rodolfo Walsh" de la Semana Negra de Gijón. Sus último libros son: Se venden niños (Editorial Temas de Hoy), Periodismo incómodo (UANL), Verdades que no mueren (Ediciones Oficio) y La frontera del narco (Planeta, 2011). Es coautora de los textos: Los intocables (Editorial Planeta), Un día sin inmigrantes (Grijalbo) y Voces de Babel (Alfaguara).
Actualmente desarrolla su labor periodística como freelance. Radica en Monterrey y colabora con varios medios mexicanos y extranjeros.
11/5/2012 05:41
saquenme de la duda, aqui en...
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