Matar por matar

El Ponchis tiene 12 años
Su especialidad es cortar cabezas y genitales. Tiene 12 años. No podemos decir que “El Ponchis” sea el más pequeño de los sicarios. A estas alturas en México todo es posible. Hay quien dice que los cárteles empiezan a reclutarlos desde los 9. La edad parece ser un factor insignificante en la escalada de terror que vivimos.
Al “Ponchis” (no sabemos su nombre) lo busca el ejército como parte de una célula juvenil integrada por chicos entre 12 y 23 años, una banda considerada como los herederos del cártel de los hermanos Beltrán Leyva en Morelos.
Degollar tiene que ser un trabajo difícil. Y también cortar los huevos. Pero el Ponchis se especializó y aprendió a dominar su oficio. Tan orgulloso se siente de ello que subió vídeos a youtube con sus hazañas. Ofrece un repertorio con sus métodos de tortura. Muestra fotos posando con armas, droga, camionetonas y cochazos.
Su fama empezó a crecer. Y también su ego. La bestia negra puede dañar a cualquier, incluso a un niñato de 12 años. Los estragos del narcisismo son devastadores. Pensó que era invencible. Y comenzó a pintar las “casas de seguridad” a donde llevaba a sus víctimas para torturarlas y ejecutarlas. Las pintas eran a favor del cártel del Pacífico Sur (CPS) organización a la que pertenecen él y sus cuates.
Dejando pistas por doquier, el Ponchis se engolosinó. Le encantaron los resultados de la autopuropaganda en Internet. Y la admiración que se ganó con los suyos. Le encantó que lo consideran el más pequeño de los sicarios, el más sanguinario, el más despiadado, el líder, el experto en mutilar... La clandestinidad no le servía. Por fin era famoso. Había dejado de ser anónimo. Invisible, como los siete millones de jóvenes “ninis” que existen en México. No hay proyecto de Estado para atenderlos. Ni discusión o mesas de dialogo al respecto. El gobierno evade su responsabilidad. Y así van surgiendo los costos del salvaje sistema económico que tenemos.
El Ponchis es una fiel muestra. No trabaja solo. Sus hermanas “Las Chavelas” se encargan de tirar los cadáveres. Los arrojan a las cunetas, a las plazas; los cuelgan de los puentes... en fin, el resultado de sus proezas es difundido todos los días en la nota roja de los periódicos y telediarios.
Pero la fama también tiene sus inconvenientes. El ejército le seguía los talones. Cuando llegó a capturarlo a una de las casas pintarrajeadas, se escapó junto al capo del cártel, Jesús Radilla Hernández.
Seguramente el Ponchis se estará riendo de todos. Sus últimos vídeos lo exhiben golpeando a un hombre que está colgado. Le pega con un palo que lleva las siglas del CPS... En otra imagen está torturando a un señor vendado y la boca tapada con masking tape.... En otra, aparece armado con medio rostro cubierto y una gorra de camuflaje militar...
El Ponchis es el rostro de nuestra tragedia nacional.
[Publicado el 18/11/2010 a las 19:24]
disculpe me encantaria leer su libro manto purpura pero no lo encuentro en ningun lado, ni en linea, ni en las tiendas sera posible que me informe donde optenerlo o un link. gracias!!
Comentado por: nidia el 22/11/2010 a las 07:42
Comentado por: Javier el 22/11/2010 a las 06:00
Comentado por: Javier el 22/11/2010 a las 06:00
Comentado por: Magali Tercero el 18/11/2010 a las 20:14
Sanjuana Martínez es egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Continuó sus estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado asuntos relacionados con la defensa de los derechos humanos, violencia de género, la actividad terrorista y el crimen organizado, tanto en México como en Estados Unidos y Europa. Ha trabajado para Milenio Diario de Monterrey, Canal 2, la revista Proceso y el periódico La Jornada. Por sus investigaciones sobre los delitos de pederastia cometidos por el clero, recibió el Premio Nacional de Periodismo 2006. El Club de Periodistas de México le entregó en 2007 el primer Premio Nacional de Periodismo por sus reportajes, crónicas, entrevistas y artículos. Y en 2008 por sus trabajos difundidos en La Jornada recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Ha publicado los libros: Manto púrpura. Pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera (Grijalbo), La cara oculta del Vaticano (Plaza y Janés), Si se puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a Estados Unidos (Grijalbo). Por su libro Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical (Editorial Planeta) recibió en 2008 el premio "Rodolfo Walsh" de la Semana Negra de Gijón. Sus último libros son: Se venden niños (Editorial Temas de Hoy), Periodismo incómodo (UANL), Verdades que no mueren (Ediciones Oficio) y La frontera del narco (Planeta, 2011). Es coautora de los textos: Los intocables (Editorial Planeta), Un día sin inmigrantes (Grijalbo) y Voces de Babel (Alfaguara).
Actualmente desarrolla su labor periodística como freelance. Radica en Monterrey y colabora con varios medios mexicanos y extranjeros.
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