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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 19 de septiembre de 2020

 Roberto Herrscher

Desenterrando fantasmas en el Falklands Club

Esta escena se desarrolla en el Falklands Club, en Puerto Stanley, la capital de las Islas Malvinas. Afuera nieva. Es invierno, y adentro el vaho nubla las ventanas. Es agosto de 2006.

Cuando salimos, la noche está tachonada de estrellas y una capa de hielo cubre la calle. Con mis dos whiskys encima, me resbalo, y mi “enemigo”, un viejo lobo de mar septuagenario, me agarra del brazo para que no me caiga, pese a que había tomado muchos más whiskys que yo.

*          *          *

Cuando los militares me mandaron a las islas, en abril de 1982, había tal vez cuatro o cinco árboles en el pueblo, que no tenía más de mil habitantes. La población total de las islas era de dos mil. Hoy son tres mil. El viento sigue silbando siempre, y siempre del mismo lado. La tierra es una turba negra y porosa. La gente es amable y metida en sí misma. Se puede hablar de muchos temas si uno no va con el único tema de las relaciones con Argentina.

Estas islas están llenas de fantasmas. Murieron aquí más de 600 soldados argentinos. Murieron casi 300 soldados británicos. Y por lo que pasaron aquí, en estos 31 años se mataron más ex combatientes de los dos bandos que todos los soldados que murieron en los 74 días espantosos de la guerra.

*          *          *

No me hice periodista ni me fui metiendo en el periodismo narrativo para aprender a contar mi propia historia. Quería un oficio, una profesión, una forma de contar la verdad, ayudar a los oprimidos. Como dice un viejo dicho norteamericano, el buen periodismo está para “confortar a los afligidos y afligir a los confortables”.  

Ese era mi lema. Me metí en esto para hablar de los demás.

Pero en ese viaje tenía que hablar de mí mismo, porque todo lo que hago tiene que ver, de alguna manera, con esa guerra, con el hecho de que a los 19 años la dictadura militar de mi país me envió a la guerra de las Malvinas.

La guerra duró 74 días, y durante la mitad de ese tiempo yo estuve recorriendo las costas rocosas, buscando cadáveres y sobrevivientes, transportando tropas y comida y armamento y sorteando bombas con seis marinos en un velero de madera construido en 1927. Nuestro barquito se llamaba Penélope.

En la guerra vi cadáveres, vi heridos, chicos partidos por la mitad, soldados locos vivos con ojos de muertos. Cuando tenía 6 años mi hijo me preguntó si maté a alguien. Le dije que no, y por supuesto se decepcionó. Yo no soy un héroe de acción. Soy un tipo que mira de otra manera desde que volvió de la guerra. Una parte de mí murió sobre la turba de las Malvinas.

Tardé 24 años en encontrar la forma de escribir sobre lo que me había pasado. Lo pude hacer cuando aprendí que lo que tenía que hacer era escuchar a los otros. Ir a la búsqueda de sus historias, sus puntos de vista. Su guerra, no sólo la mía. Sus islas. Su barco.

*          *          *

Hice mi investigación en 2006. Durante un mes en Buenos Aires y alrededores me encontré con los seis tripulantes de esa goleta de 16 metros de eslora, el Penélope. En dos viajes a Alemania me encontré con la historia del aventurero loco que mandó construir el barco en 1927 y con la aventura de otro marino alemán, que lo llevó de vuelta a casa.  

Para la segunda parte del libro tenía que viajar de vuelta a las Malvinas. Tenía que recorrer los lugares donde pasé la guerra, pero también quería acercarme a la vida de los isleños. Y tenía el deseo y el miedo de encontrarme de vuelta con los que había conocido en la guerra. Sobre todo con el viejo lobo de mar Finlay Ferguson, el capitán del Penélope, el marino al que quitamos su barco contra su voluntad, pero con quien había tenido largas charlas en las guardias nocturnas en el puente de mando.

Las charlas eran sobre todo silencios, pero en ese momento, cuando yo tenía 19 años y sabía muy poco del mundo, me había parecido que nos habíamos tratado con cordialidad y curiosidad. Y respeto.

*          *          *

Mi viaje de vuelta a las Malvinas fue una de las experiencias personales y profesionales más importantes. Y el momento clave fue cuando llamé a Finlay Ferguson y me dijo que me pasaría a buscar por la casa de la señora donde me estaba quedando. Todos se conocen, sobre todo los mayores. Ferguson había sido novio de la señora de la casa, y su nueva esposa no estaba contenta con que él viniera a buscarme ahí. Yo no sabía nada de eso. Lo supe varias cervezas más tarde.

Fuimos al pub The Rose, donde me presentó a su hija y su yerno. Después de unas cuantas rondas de cerveza, él tomó como diez whiskys. Yo tomé dos, y casi me desmayo. La segunda noche, después de diez horas de entrevista, de contarme toda su vida, Finlay me dijo que quería invitarme a su club.

Yo tampoco lo sabía, pero el Falklands Club es el corazón del sentimiento británico y anti-argentino de las islas. Yo era el primer argentino que pisaba el club. Ni que hablar de que no era un argentino cualquiera: era un ex combatiente, un enemigo.

*          *          *

En los días siguientes todos los que entrevistaba abrían los ojos como platos. “¿Te llevó al Falklands Club? ¿En serio?”

Y decían tres cosas: que él me había mostrado que me apreciaba mucho, que quería decirles algo a sus viejos amigos del club, y que su prestigio como capitán y como hombre era tal que sabía que nadie me atacaría.

Y nadie me atacó. Pero un marino casi tan viejo como él me preguntó, cuando entendió con quién estaba hablando: ¿A qué vienes, a enterrar viejos fantasmas?

Era un poco cierto. ¿Por qué volvemos al lugar de nuestra guerra, si no es para poder finalmente enterrar nuestros fantasmas.

Aunque después, sobre todo en los meses de escribir, llegué a la conclusión de que lo que buscaba era justo lo opuesto: desenterrar fantasmas.

 

En muchas de las cosas que escribo desentierro fantasmas de otros. En ese libro, en ese viaje, en esa noche del Falkands Club, entre whisky y whisky, saqué a la luz los míos. Y bailé un vals lento y triste y reparador con mis fantasmas.  

[Publicado el 28/9/2013 a las 16:12]

[Etiquetas: Guerra de las Malvinas, Los viajes del Penélope, Falkands Club, Finlay Ferguson]

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Comentarios (4)

  • Agradezco mucho a Rosa y a la viajera por sus comentarios. Me alegra despertar estos recuerdos, aunque sean dolorosos, porque el pasado, para servirnos en el presente, tiene que seguir vivo. No puedo contestar con total certeza a ninguna de las preguntas. ¿Me llegaron los chocolatines? A mí no. Los últimos días de la guerra llegó un barco mercante con ropa abrigada, pero era tan tarde que nunca llegó al frente. Pero no puedo decir que no le haya llegado a nadie. En una guerra uno solo conoce el pequeño agujero que le toca. Lo que recuerdo, como deben recordar todos los argentinos, es aquel artículo en una revista donde se denunciaba que un niño en la Patagonia había comprado en un quiosco un chocolatín con un papel dirigido a los combatientes. Al menos en ese caso, y estoy seguro de que en muchos más, hubo militares que vendieron esos envíos para los soldados. ¿Y hubo desertores? Tampoco podría asegurar que no hubo ninguno. En medio del caos y la mala organización, en ejército (donde gran parte de la clase 62 había terminado su servicio militar a fines de 1981) fueron a buscar a los recién licenciados y más de uno no se presentó. Sé de varios que después fueron víctimas de culpa y remordimiento, por no haber corrido la suerte de sus compañeros. A mí, como digo en mi libro, ni siquiera se me ocurrió la posibilidad de no obedecer. Así funciona, en nuestras mentes, una dictadura. Abrazos fuertes para ambas.

    Comentado por: Roberto Herrscher el 30/9/2013 a las 20:00

  • Eran jóvenes que cumplían el servicio militar obligatorio, creo que en ese entonces se hacía a los dieciocho años.
    Galtieri, no sólo por arrogancia sino por ignorancia y para tratar de que el pueblo no comprendiera el horror de su gobierno, sumergió a los soldados en más horror.
    Había también jóvenes que seguían la carrera militar.
    No creo que haya habido insumisos.
    Por suerte, el servicio militar obligatorio se derogó durante el gob. de Menem, por el atroz caso del soldado Carrasco.
    Las islas tienen importancia para la pesca, por el petróleo y estratégicamente.
    Inglaterra contrató a mercenarios.
    Además, torpedearon en zona de exclusión al ARA Gral. Belgrano, donde murieron numeroso jóvenes. Están a 500 km, pero en el mar epicontinental argentino.
    No abundaré en detalles, debido al relato tan bello que da lugar a estos comentarios.

    Comentado por: Rosa Mayo Marcuzzi el 29/9/2013 a las 18:48

  • Muy bueno. Increíble ver nevar en agosto, en una isla. Es un relato que anima a leer el libro, que además de un reportaje años después es un testimonio de la guerra; novecientos muertos por la arrogancia de una dictadura militar que reclutó a jóvenes, no fue el ejército regular argentino el que fue a Las Malvinas. Qué importancia tienen esas islas habitadas por ingleses a 500 kilómetros de las costas argentinas para enviar a la muerte a 600 jóvenes? Me gustaría saber si hubo insumisos, argentinos que se negaron a ir a la guerra de las Malvinas.

    Comentado por: viajera el 29/9/2013 a las 13:27

  • Hermosísimo relato.
    Mágico, poético.
    Comparto tus fantasmas, por mi alumno que no regresó.
    Pero te quiero preguntar: ¿te llegó el pasamontañas que te tejimos?
    ¿Te llegaron los chocolatines que te enviaron mis pequeños alumnos?

    Comentado por: Rosa Mayo Marcuzzi el 29/9/2013 a las 09:30

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Biografía

Roberto Herrscher es escritor y periodista, especializado en cultura, sociedad y medio ambiente, y profesor de periodismo.
Nació en Buenos Aires en 1962, estudió sociología y teatro en su ciudad natal, periodismo en Nueva York y reporterismo ambiental en Berlín. Es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y Master en Periodismo por Columbia University.
Es profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado en Santiago de Chile, donde dirige el Diplomado en Escritura Narrativa de No Ficción. Entre 1998 y 2016 vivió en Barcelona, donde dirigió por 18 años el Master en Periodismo BCN_NY, organizado por IL3-Universidad de Barcelona y la Universidad de Columbia en Nueva York. Escribe habitualmente para la revista Opera News y el diario La Vanguardia, y colabora con The New York Times en español, La Folha de Sao Paulo y la revista Ñ de Clarín en Argentina.
Herrscher es el autor de Periodismo narrativo, publicado en España por la Editorial de la Universidad de Barcelona, en Chile por SIL-Universidad Finis Terrae, en Argentina por Marea, en Colombia por Ícono y en Costa Rica por Germinal. También es autor del relato de no ficción Los viajes del Penélope, editado por Tusquets Argentina en 2007 y traducido al inglés y publicado por Südpol como The Voyages of the Penelope en 2010, y de la antología de crónicas, perfiles y ensayos sobre música El arte de escuchar (Publicacions UB, 2015).
Actualmente trabaja en Crónicas bananeras, una investigación histórica y crónica de viajes sobre las ‘repúblicas bananeras' de Centroamérica, para Tusquets. Asimismo, dirige la colección Periodismo Activo de Publicacions de la UB, elegida en 2018 como la mejor colección por la Asociación de Editoriales Universitarias.
Es autor de capítulos en los libros La noticia deseada y Soldados de Noé (Argentina), Analizando los medios y la comunicación y Domadores de historias (Chile), y La Crítica y Libro de las palabras (Colombia), entre otros. Trabajó como reportero y editor en el Buenos Aires Herald, la agencia IPS y las revistas Hombres de Maíz y Lateral. Sus reportajes, crónicas y perfiles han sido publicados en medios como La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, Ajo Blanco, El Ciervo, Lateral, Room, Quimera, Gentleman, Gatopardo, Travesías, Etiqueta Negra, Página 12, Perfil, y Puentes.
Ha dado clases y seminarios en Ithaca College (EE.UU.), las universidades degli Studi di Milano (Italia), Colonia (Alemania), Católica de Valparaíso y Finis Terrae (Chile), los masters en periodismo de Clarín/San Andrés (Argentina) y U. Complutense de Madrid/ABC (España). entre otras. Es miembro de la International Associationfor Literary Journalism Studies (IALJS), y fellow del Seminario de Salzburgo y la Inter American Foundation. En 1998 obtuvo el 3er. premio de la Foreign Press Association de Nueva York. 

Blog: www.periodistanarrativo.wordpress.com

 Twitter: @RMHerrscher

 

Bibliografía

 

El arte de escuchar (2015)
Universidad de Barcelona 

Periodismo narrativo (2012)
Universidad de Barcelona

 

Periodismo narrativo (2009)
SIL-Universidad Finis Terrae 

 

 

Los viajes del Penélope (2007)
Editorial Tusquets 

Obras asociadas

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