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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 9 de agosto de 2020

 Roberto Herrscher

La comedia de enredos más triste del mundo: Mozart ‘oscurecido’ por Michael Haneke

Così fan tutte por Haneke

Amor complejo: a la izquierda, la mezzo Paola Gardina como Dorabella y el barítono Andreas Wolf como Guglielmo; a la derecha, la soprano Annett Fritsch como Fiordiligi y el tenor Juan Francisco Gatell como Ferrando. Entre ellos, el cínico do

En principio, parecía un encargo imposible: juntar la que habitualmente se presenta como la ópera más divertida de Wolfgang Amadeus Mozart con el director de algunas de las películas más deprimentes, más inquietantes de la última década.

Così fan tutte es la última obra de la extraordinaria trilogía que Mozart compuso sobre libretos del cura libertino (una combinación muy del siglo XVIII) Lorenzo da Ponte. Después de Las bodas de Fígaro y Don Giovanni, da Ponte le propuso a Mozart una comedia de enredos de tema exquisitamente amoral: dos soldados comprometidos con dos hermosas hermanas, están tan seguros de la fidelidad de sus chicas que aceptan el juego perverso del viejo tutor Don Alfonso: disfrazarse de albaneses y tratar de seducir cada uno a la novia del otro. Para lograr su propósito, el maestro de amoralidad se alía con la criada de las chicas, Despina, una adolescente práctica y precoz en cuestiones de sexo.

Pocas horas pasan desde que los soldados marchan a la guerra (otro engaño de Don Alfonso), cuando las novias ya están dispuestas a divertirse con los visitantes albaneses. En el momento en que firman los contratos de matrimonio (que hace 200 años era sinónimo de poder irse a la cama con sus nuevos amantes), suena la marcha militar que había despedido a los soldados. Los jóvenes quieren castigar a sus casquivanas prometidas, pero Don Alfonso canta con filosofía que no vale la pena enojarse porque “así hacen todas” (così fan tutte). Al final, se vuelven a formar las parejas originales. Todos aprendieron la lección y Don Alfonso ganó su apuesta.

*          *          *

¿A quién se le podía ocurrir encargarle la puesta en escena de esta comedia rococó al director de la espeluznante La pianista, una película sobre la autodestrucción de una mujer torturada por su psiquis y por una madre perversa? ¿O al director de La cinta blanca, un oscuro relato de la maldad de los niños en el universo asfixiante de un pueblo feudal en la Alemania de hace cien años? Eso por no hablar de la última y más exitosa película de Michael Haneke, Amour, el angustioso final de una pareja de ancianos destruidos por la senilidad. 

Pero el director artístico del Teatro Real de Madrid, el belga Gerard Mortier, ya había emparejado a Haneke con el lado oscuro de Mozart. Cuando era director artístico de la Opera de París le había encargado un sorprendente Don Giovanni.  Sin embargo, ese encargo era más lógico: la historia del burlador de Sevilla, un libertino que mata al padre de una de sus efímeras conquistas, desafía a Dios y se quema en el infierno, tiene su costado oscuro mucho más a flor de piel.

¿Qué haría Haneke con esta comedia? Confieso que no esperaba mucho: en general, la idea de poner a directores de cine famosos a dirigir la parte teatral de las óperas es algo que proliferó en la España de los años del despilfarro. En el Palau de les Arts de Valencia Carlos Saura dirigió una Carmen deslavazada, pese a contar con cantantes de ensueño, el chino Chen Kaige perpetró una Turandot de péplum y Werner Herzog metió una imagen del edificio de Calatrava en su sonrojante final de Parsifal. Estas aventuras suelen fracasar por falta total de afinidad con el género. Una ópera es algo muy distinto de una película.

*          *          *

Pero Haneke me sorprendió: es un artista de una cultura tremenda, conocedor a fondo de la música clásica, y estaba dispuesto a poner su sello, incluso si en algunos momentos su visión iba en contra de lo que habían querido decir Mozart y Da Ponte.

Para armar una fábula tristísima del desamor, lo primero que hizo el director fue vestir a los personajes como jóvenes burgueses actuales, cultos y aburridos. En las escenas de seducción, los soldados no llevan disfraz: son ellos mismos. Quieren jugar a ligar con sus parejas reales.

Entonces son ellas las que deciden cambiar, ser cada una seducida por el novio de su hermana. Ellas terminan siendo las seductoras, las que juegan, las que engañan, las que dan una lección a sus chicos aburridos.

Pero el elemento que cambia por completo esta comedia genial de Mozart y la convierte en una tragedia sofisticada de Haneke es el papel que juegan Don Alfonso y sobre todo Despina, que en las habituales producciones de la ópera se limitan a organizar el juego de enredos. Ella ya no es una sirvienta pizpireta que ayuda al viejo Don Alfonso en su plan. Es un personaje al borde del llanto o de la violencia, que está en escena desde el principio, viéndolo todo con amargura, sufriendo el seguro desenlace que es el triunfo de la hipocresía y la banalidad del sexo.

*          *          *

La lección de Don Alfonso es que el amor romántico no existe, y cuando surge – las dos chicas se enamoran y sufren por sus nuevas conquistas – tiene que ser barrido, desterrado por las convenciones sociales.

Esta Despina es la pareja de Don Alfonso (eso no está en el libreto). Él es muy rico, la tiene amarrada en una perversa red de dinero y falsa felicidad, y no soporta ver a sus amigos enamorados.

Don Alfonso necesita demostrar que el amor es solo lo que él tiene y quiere: comprar a una jovencita, someterla a su poder. Despina llora, se enfurece, abofetea a Don Alfonso, soporta su beso violento (tampoco está, por supuesto, en el libreto), y su mirada desgarrada transforma la comedia mozartiana en otra cosa.

Los seis cantantes son soberbios actores, bellos y creíbles. Como marionetas en manos de Haneke, hacen que esta ópera de hace 200 años vuelva a la vida convertida en una historia actual, profunda, tristísima. 

[Publicado el 11/4/2013 a las 17:45]

[Etiquetas: Wolfgang Amadeus Mozart, Così fan tutte, Michael Haneke, Teatro Real, Gerard Mortier]

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Comentarios (6)

  • Apreciadas Alejandra y Rosa, y todas y todos los que qiueran unirse a esta conversación: lo primero que se me ocurre decir es que esta sociedad no está tan mal si podemos centrarnos al menos por unos momentos en el mundo de dos creadores radicalmente distintos, que tratan temas como el amor, la vida y la muerte con profundidad y arte.
    Rosa: ya entrado en la cincuentena, me halaga que me trates como un jovencito, pero Alejandra, ¡tampoco me digas "Sr. Roberto"!
    A las dos: la apertura mental, el estar dispuestos a que nos cuenten nuevas historias, a considerar argumentos distintos a los nuestros, a permanecer ligados a la eterna juventud de la música de Mozart o a ver una nueva película de Haneke, aunque duela, es "salir" de una forma mucho más real y profunda que traspasar la puerta de casa. ¡Hay tanta gente que no sale nunca de su mundito!
    Me encantó la referencia Emily Dickinson, la gran ermitaña cuya imaginación voló más lejos que la de tantos embajadores de la cerrazón.
    Les prometo un texto sobre Emily pronto. ¡Y muchas gracias a ambas!

    Comentado por: Roberto Herrscher el 15/4/2013 a las 08:43

  • Para Alejandra:
    Otra grata sorpresa.
    Dudé en seguir ocupando espacio.Pero, me dije:¿si le respondí al Sr. Roberto, no puedo hacer lo mismo con Alejandra?Sí, puedo, porque los dos han sigo gentiles y parecen compartir mis gustos.
    Sólo le diré Alejandra que hasta hace poco yo viví en cuatro mundos simultáneos la casa, mis clases, los libros, las películas.
    De pronto, y por consejo de mi hija mayor, ingresé al mundo de internet.
    Nos abre al ciberespacio, hacia todo el planeta.
    También nos sumerge en lo desconocido.
    Deseo seguir confiando. Agradezco sus bellas palabras y le digo que he comentado en: Basilio Baltasar, Vicente Verdu´, Patricio Pron, Rafael Argullol y dos o tres más, pero lo hago espaciadamente.
    Con alegría reitero mi agradecimiento.

    Comentado por: Rosa Mayo Marcuzzi el 14/4/2013 a las 22:50

  • A Rosa Mayo Marcuzzi:
    Pues escribe usted muy hermoso. Me encantó, atrévase a más. Y con cuánto respeto, también algo hermoso, con el que le respondió el Sr. Herrscher. Había dejado de leer El Boomerang porque me daba vergüenza ajena algunos comentarios. Hoy he vuelto a leer y me encuentro con los de ustedes dos. Me alegraron.
    Nota 1: yo tampoco salgo. ¿Será que cuando una envejece se hace más impaciente con el mundo exterior?
    Nota 2: Me encantan los dos: Mozart y Haneke; pero a Mozart lo repito y vuelvo y vuelvo a escucharlo. No a Haneke me deja destrozada, ¿cómo se atreverá a tanto?

    Comentado por: Alejandra el 14/4/2013 a las 20:08

  • Roberto, mucho me sorprendió su respuesta.Máxime cuando fui algo despiadada con ese gran director que es Haneke.
    Quizás se debió a mi predilección por Mozart.
    Pero, creo que la última oración me traicionó.
    Me agrada que una persona bastante más joven que yo acuerde conmigo.
    Hace poco que ingresé a Internet con una PC medio viejecita.
    Mis hijos insisten en que compre otra, ya veré.
    Pese a ser de menos años, su formación supera a la mía.
    Y conoce tantos lugares a los que yo no he ido.
    Esta mañana leía que Emily Dinckinson casi nunca salía de su casa. Así soy yo. Y me gusta escribir, pero no tengo la calidad de ella.
    Agradezco su diálogo, su apertura y me enorgullece que sea argentino como yo, que escribo desde "el fin del mundo".
    Mis inquietudes nacen un poco de la necesidad de aggiornarme, y por qué no, del temor a la decadencia en que el tiempo nos sumerge en su devenir.
    Con respecto a Haneke, lo veo un poco como a Alexander, el personaje de Fanny y Alexander, la película de I. Bergmann.
    Me encanta el cine: Michael Haneke, Fellini(especialmente Amarcord y La strada, yo digo que los personajes son Romeo y Julieta del lumpen.
    Stanley Kubrick también me fascina."2001, ...""La naranja mecánica"
    Pero no lo fatigo más. Gracias por su respuesta, que me ha halagado.

    Comentado por: Rosa Mayo Marcuzzi el 12/4/2013 a las 21:21

  • Estimada Rosa: Cuando expresé en la apertura de este blog mi esperanza de estar abriendo un diálogo, un intercambio profundo, estaba soñando con mensajes como el suyo.
    En efecto, yo me quedo también con una visión de las óperas de Mozart donde predomina la alegría y el vitalismo.
    Tal vez mi puesta en escena preferida de Così fan tutte sea la de Dieter Dorn en el Teatro Estatal de Berlín: ambientada en 1968, con los "albaneses" como hippies, a la vez profunda y divertida. También me gustó la versión que hizo Josep Flotats para el Liceu, una visión "clasista", mostrada desde el punto de vista de Despina, la sirvienta que mira a los patrones.
    Pero lo bueno de los genios como Mozart es que su obra es polifacética, proclive a variadas y diferentes visiones. Lo importante es que lo tomen en serio, con trabajo y estudio, que sean una genuina visión de esta obra y no de una idea particular del autor sobre la vida que tengan consistencia interna y no degraden la obra de arte.
    En las películas de Haneke me adentro en una visión del ser humano que me perturba, hasta podría decir que me molesta, pero me fascina porque es un gran creador. No me las pierdo, aunque termine arrastrándome por la alfombra del cine. Y en esta puesta me impresionó cómo encontró un drama real y creíble en esta comedia.
    La versión de Haneke me original, respetuosa, apegada al discurso musical y muy bien ejecutada. No es "mi" Così fan tutte, pero me gustó mucho no habérmelo perdido, y quería compartir aquí mis impresiones agridulces.

    Comentado por: Roberto Herrscher el 12/4/2013 a las 19:02

  • Este director Haneke , muy dentro de sí mismo, no es más que un simple moralista, en el sentido peyorativo de la palabra.
    Atormentado, nunca podría entender al alegre, juguetón, genial Mozart.
    Seguramente habrían hecho el amor de dos maneras muy diferentes.
    Con alegría, el músico incomparable. Y es que el amor es alegría, diverttimento.
    Para Haneke, todo debe ser muy dramático y trascendental.
    Como para un pastor calvinista.
    Dos personalidades así unidas en una ópera. Algo snob y ridículo.
    Pero, ¿alguien puede oscurecer a Mozart?
    Escucharlo siempre alegra.
    No desmerezco la profundidad de Haneke, pero ver lo que él realiza, hace pensar, reflexionar acerca de las facetas negativas del ser humano.
    Bueno, pero a los espectadores quizás les guste.
    Tal vez haya quienes se identifiquen con la perversión de lo genial.

    Comentado por: Rosa Mayo Marcuzzi el 11/4/2013 a las 22:18

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Biografía

Roberto Herrscher es escritor y periodista, especializado en cultura, sociedad y medio ambiente, y profesor de periodismo.
Nació en Buenos Aires en 1962, estudió sociología y teatro en su ciudad natal, periodismo en Nueva York y reporterismo ambiental en Berlín. Es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y Master en Periodismo por Columbia University.
Es profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado en Santiago de Chile, donde dirige el Diplomado en Escritura Narrativa de No Ficción. Entre 1998 y 2016 vivió en Barcelona, donde dirigió por 18 años el Master en Periodismo BCN_NY, organizado por IL3-Universidad de Barcelona y la Universidad de Columbia en Nueva York. Escribe habitualmente para la revista Opera News y el diario La Vanguardia, y colabora con The New York Times en español, La Folha de Sao Paulo y la revista Ñ de Clarín en Argentina.
Herrscher es el autor de Periodismo narrativo, publicado en España por la Editorial de la Universidad de Barcelona, en Chile por SIL-Universidad Finis Terrae, en Argentina por Marea, en Colombia por Ícono y en Costa Rica por Germinal. También es autor del relato de no ficción Los viajes del Penélope, editado por Tusquets Argentina en 2007 y traducido al inglés y publicado por Südpol como The Voyages of the Penelope en 2010, y de la antología de crónicas, perfiles y ensayos sobre música El arte de escuchar (Publicacions UB, 2015).
Actualmente trabaja en Crónicas bananeras, una investigación histórica y crónica de viajes sobre las ‘repúblicas bananeras' de Centroamérica, para Tusquets. Asimismo, dirige la colección Periodismo Activo de Publicacions de la UB, elegida en 2018 como la mejor colección por la Asociación de Editoriales Universitarias.
Es autor de capítulos en los libros La noticia deseada y Soldados de Noé (Argentina), Analizando los medios y la comunicación y Domadores de historias (Chile), y La Crítica y Libro de las palabras (Colombia), entre otros. Trabajó como reportero y editor en el Buenos Aires Herald, la agencia IPS y las revistas Hombres de Maíz y Lateral. Sus reportajes, crónicas y perfiles han sido publicados en medios como La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, Ajo Blanco, El Ciervo, Lateral, Room, Quimera, Gentleman, Gatopardo, Travesías, Etiqueta Negra, Página 12, Perfil, y Puentes.
Ha dado clases y seminarios en Ithaca College (EE.UU.), las universidades degli Studi di Milano (Italia), Colonia (Alemania), Católica de Valparaíso y Finis Terrae (Chile), los masters en periodismo de Clarín/San Andrés (Argentina) y U. Complutense de Madrid/ABC (España). entre otras. Es miembro de la International Associationfor Literary Journalism Studies (IALJS), y fellow del Seminario de Salzburgo y la Inter American Foundation. En 1998 obtuvo el 3er. premio de la Foreign Press Association de Nueva York. 

Blog: www.periodistanarrativo.wordpress.com

 Twitter: @RMHerrscher

 

Bibliografía

 

El arte de escuchar (2015)
Universidad de Barcelona 

Periodismo narrativo (2012)
Universidad de Barcelona

 

Periodismo narrativo (2009)
SIL-Universidad Finis Terrae 

 

 

Los viajes del Penélope (2007)
Editorial Tusquets 

Obras asociadas

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