El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 21 de marzo de 2010

 Blog de Jorge Eduardo Benavides

¿Un lifting?

 

De tanto en tanto escucho con cierta perplejidad que a tal o cual novela le sobran páginas y que, no obstante, se trata de una buena novela. Algo así como que requeriría un lifting para quedar mejor de lo que está. La perplejidad viene a cuento respecto a que si la novela que hemos leído nos ha gustado resulta un poco contradictorio explicar a continuación que le sobran páginas. Es cierto, claro está, que a muchas novelas les sobran páginas: siguiendo esa argumentación, a las malas, aunque tengan 125, puede que le sobren 125. O más...

Pero hablamos de las buenas novelas, de aquellas después de cuya lectura emergemos a la realidad transfigurados, ligeramente distintos a lo que éramos, al menos durante el breve tiempo que dura su poder hipnótico. Y cuando una novela cruza el ecuador de las quinientas páginas, muchos lectores tienden a confundir los repentinos páramos y sequedades de la novela como pifias o fallas, detalles innobles que afean o perturban su belleza. Bueno, puede que lo sean, pero es que una novela, a diferencia de un cuento, obra por acumulación. Y todo aquello que en un relato abunda, aquí es combustible, paisaje, detalle, atmósfera, e incluso contradicción y si me apuran, hasta aburrimiento.

Leer "En busca del tiempo perdido" o "La montaña mágica" es una clarísima abducción por la cual el lector que ha caído en su trampa sale distinto e incapaz de pensar que a cualquiera de ellas le sobren páginas... pese a que haya momentos en que parecería que sí.

Terminar de leer una novela -una buena novela- es culminar un estupendo viaje en el que, a la luz de su recuerdo, entendemos que nos ha ocurrido de todo: desde ínfimas contrariedades hasta experiencias valiosas, frívolas, graciosas y hasta desagradables, y que todo eso constituye el viaje. La última novela de Antonio Muñoz Molina, por ejemplo, es una novela audaz a la que cuesta -al menos a mí me sucedió así- hincarle el diente. Diríase que el narrador no ha querido desperdiciar un solo ángulo desde dónde contar su historia, y que esta se va levantando ante nuestra vista con toda su poderosa complejidad, es decir: incluso con lo que a simple vista son desfallecimientos y distracciones, pequeños sobresaltos, páginas que a veces parecen no conducir a nada o "sobrar"... pero seguir avanzando con perseverancia por sus páginas es avanzar también a contrapelo de nuestra propia renuencia y si -como en el caso- la novela es buena, terminará por persuadirnos de que nada, absolutamente nada de lo contado, ha sido inútil. Porque la condición natural de la novela es la imperfección. Entendámonos: No es que el lector le perdone la imperfección, no: es que sabe o al menos admite que sin ella la novela que acaba de atraparlo entre sus redes no sería tal. Como dijo Tennessee Williams "Mata mis demonios y mis ángeles morirán también." 

[Publicado el 19/1/2010 a las 12:47]

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Comentarios (4)

  • Ninguna sub-trama o relleno estará demás siempre y cuando sea un aporte a la historia de manera indirecta o al menos sirva de 'respiradero' al lector, como una manera de permitirnos tomar aire antes de seguir con la historia principal. En último caso, si está bien escrita y es lo suficientemente atrapante, nos hará olvidar momentáneamente lo que estamos leyendo. El problema es cuando es aburrida, falta de imaginación o se nota el deseo descarado del escritor por usarla con el fin de abultar la novela y extenderla. Mal dosificado, el exceso puede acabar con la paciencia del mejor lector. Pero eso depende de la buena mano (y pluma) del escritor.
    Saludos.

    Comentado por: ernesto el 25/1/2010 a las 22:22

  • El texto que podríamos calificar como de relleno, dentro de una novela, nunca resta, sino que añade envoltura grata a la pura trama. Jamás leí una que me gustara en la que echara de más una sola página (recuerdo la famosa descripción de la biblioteca en "El nombre de la rosa", que he releído placenteramente a pesar de su prolija minuciosidad).
    A menudo se agradecen como relajación del esfuerzo comprensivo y atento tras párrafos densos, cargados de acción o sensaciones.
    De las novelas que me desagradaron (y que
    conseguí acabar, muy pocas) terminé por rechazar trama, descripciones complementarias y hasta el título. Por fortuna suelo olvidarlas rápidamente.

    Comentado por: Rafael Borrás el 24/1/2010 a las 23:51

  • A mí, cuando un libro no me interesa, me sobra entero, no a páginas escogidas. Sin embargo, si un libro me atrapa, siempre me parece corto, que le faltan páginas para seguir disfrutándolas, aunque sea un tocho de los grandes.
    Lo que ya no me atrevería es a decir que los libros que no me gustan es porque sean libros "malos". Un libro me puede interesar por el asunto del que trata, por la forma en que está escrito o por ambas cosas. Repecto a los que no me gustan, puedo aplicar los mismos criterios.
    Lo que nunca hago es saltarme páginas en la lectura( por descriptivas, por filosóficas, por difíciles...), me parece una falta de respeto al texto. Prefiero cerrar el libro definitivamente.

    Comentado por: Inmaculada Reina el 20/1/2010 a las 16:48

  • muy bueno lo de T Williams, no hay que olvidarlo.
    ¿Pero cuánta influencia tiene nuestra propia capacidad de atención a la hora de juzgar un libro como demasiado largo, o que le sobran páginas? Esa capacidad de atención ha sido mermada por el cine, la televisión, la publicidad: ¿cómo leer entonces la enormes moles de Thomas Mann, de Proust, de Hugo sin traicionar/los/nos? Yo leo lento, muy lento, y a veces me pierdo en el desierto de los libros gordos, en ese mórbido placer, pero no desdeñaría que algunos hicieran siquiera una dietica...
    saludos!

    Comentado por: Juan Carlos Chirinos el 19/1/2010 a las 18:28

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Foto autor

Biografía

Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, Perú, 1964), estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega, en Lima. Trabajó como periodista radiofónico en la capital y en 1987 fue finalista en la bienal de relatos COPE (Lima); un año más tarde ganó el Premio de Cuentos José María Arguedas de la Federación Peruana de Escritores. En 1991 se trasladó a Tenerife, donde puso en marcha talleres literarios para diversas instituciones. Ha sido finalista del concurso de cuentos NH Hoteles del año 2000. Desde 2002 vive en Madrid donde continúa impartiendo sus talleres literarios. Su más reciente novela es La paz de los vencidos, galardonada con el XII Premio Novela Corta "Julio Ramón Ribeyro".

 

Cursos presenciales en Madrid

Jorge Eduardo Benavides imparte cursos presenciales en Madrid y ofrece un servicio de lectura y asesoría literaria y editorial. Más información en www.jorgeeduardobenavides.com
http://www.cfnovelistas.com/ 

Bibliografía

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La paz de los vencidos (2009). Alfaguara

Un millón de soles (2008). Alfaguara 

La noche de Morgana (2005). Alfaguara

El año que rompí contigo (2003). Alfaguara

Los años inútiles (2002). Alfaguara

Cuentario y otros relatos (1989). Editorial Okura

Premios

2009 Premio Novela Corta "Julio Ramón Ribeyro" (Banco Central de Reserva del Perú)

2003 Finalista del Premio Rómulo Gallegos

2003 Finalista del Premio Tigre Juan de novela

2003 Premio Nuevo Talento FNAC

2000 Finalista del Concurso NH de Relatos

Premio de Cuentos "José María Arguedas" de la Federación Peruana de Escritores

1989 Finalista de la Bienal de Cuentos COPE (Lima)

 

Obras asociadas

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