De puño y letra
Conversaba el otro día con Ernesto Pérez Zúñiga, Juan Carlos Méndez Guédez y el chamo Chirinos -buenos amigos además de estupendos escritores- acerca de un hecho que no por evidente deja de ser admirable: el cambio radical que ha supuesto para quienes escribimos la irrupción en nuestras vidas del ordenador, de la eficaz precisión que otorga a nuestro trabajo cortar, pegar, elegir tipografía, cambiar y corregir textos como se decía antes, "hasta la suciedad", frase que aquí deviene en mero ejercicio retórico pues no hay nada más impoluto que una página en la pantalla. No es baladí: Contaba Méndez Guédez que la Universidad de Poitiers le ha pedido guardar sus manuscritos y mecanoscritos, es decir, crear un fondo con todos aquellos textos donde se vean sus correcciones hechas a mano. Porque Juan Carlos, como todo escritor cuidadoso, imprime y corrige luego a mano. Menos un servidor, que así es de insensato. Porque yo corrijo en la pantalla y sólo imprimo la versión final, ganado por un prurito de ahorro que tiene tanto de ecológico como de suicida, claro está. Si la Universidad de Poitiers o la de Samarcanda me pidieran mis mecanoscritos les entregaría un pen drive de 250 megas y no sé si tendrían algún interés en conservarlo...
Pero en fin, que de esto pasamos a hablar acerca de lo difícil que nos resulta imaginarnos escribiendo a máquina: la vieja, obsoleta y ruidosa máquina de escribir que apenas ha cambiado desde los tiempos en que Cristóbal Natham Sholes la inventó en 1868. Peor aún, dijo el chamo Chirinos, imagínense a tantos escritores escribiendo a mano, sopando la pluma chirriante en un tintero cada dos por tres, a toda velocidad para evitar que las ideas se esfumen de sus cabezas en aquel dilatado proceso físico. "Un bolígrafo Bic tendría que ser para ellos un salto tecnológico de primera magnitud", observó Pérez Zúñiga. Y los tres hicimos el fascinante recorrido por aquellos novelones prodigiosos del siglo XIX, escritos de cabo rabo con una frágil pluma, corregidos luego hasta que las páginas quedaban llenas de tachones y manchas que el tipógrafo luego tendría que convertir en palabras legibles en moldes de plomo.
Fantaseo ahora con la idea de crear un concurso de novela cuyo único requisito sea que estén redactadas a pluma; o una especie de reality show que muestre a los escritores de hoy en día escribiendo sus novelas como en el siglo XIX. No sé, no creo que pudiéramos, no sé si escribiríamos lo mismo, si abandonaríamos el trabajo con las manos llenas de ampollas, luego de invertir el triple de tiempo que ahora. Y es que hay en esa forma antigua de escribir un pozo de laboriosidad ruda y honesta, casi Amish, que maravilla que de aquel áspero proceso hayan brotado novelas y ensayos delicados, intensos, sofisticadamente complejos y que han llegado a nuestras manos con indesmayable vigor desde los confines del tiempo. Escritos a mano...
[Publicado el 30/11/2009 a las 13:04]
¿Alguien sabe de un cuento en el que se combinen narraciones en pasado y en presente? Ejemplo:
"...entonces escuché el pito del policía y yo paré. ¿Y entonces qué pasa? El policia me dice: 'Oiga, ¿no se da cuenta de que la luz está roja?' Pero al final le dí su propina y problema arreglado.."
Esta forma es más o menos común cuando cuando una persona cualquiera cuenta una anécdota; mi pregunta es: ¿alguien sabe de algún cuento en tercera persona, con un narrador omnisciente (o casi-omnisciente), que combine la narración en pasado y presente? (En el colegio me decían que ese presente se llama "presente histórico").
Comentado por: LuchinG el 07/12/2009 a las 14:53
¡Hola! Me gustó eso de imaginar escritores novelando a toda pluma con los dedos entintados, sí ¡¿cómo lo lograrían?! Apuesto a que serían ilegibles, algo así como cuando los médicos escriben sus recetas y hay que adivinarlas. ¿Cómo se verán los tachones? Porque una cosa es tachar con bolígrafo y otra muy diferente es hacerlo con pluma. También podrían usar lavandina se me ocurre, depende de la tinta. Si se reunieran a escribir aquí en Buenos Aires, con la humedad del clima que no permite un secado rápido, ¡uy!
En los tiempos de la lapicera fuente (no sé si se me entiende, no sé si es localismo o antigúedad, hagan el esfuerzo) escribíamos con el secante en la mano izquierda para que no se borronee con la transpiración de la mano que se arrastraba por el papel. ¡Y el escritor zurdo! No me refiero a su inclinación política sino a quien escribe con la mano izquierda, puf, va corriendo las letras con la mano, ¡trabajoso leer el pastiche!
Pero, en eso vamos a coincidir, elevaría el valor de la obra, ¿alguien recuerda la suma millonaria en que se subastó un manuscrito de la Rowling? Yo no porque las cifras altas se me pierden pero se puede averiguar y utilizar de estímulo. Jorge, vos y tus amigos comiencen a transcribir su novela más querida con una pluma, a lo mejor, quién te dice...
Comentado por: Mónica el 02/12/2009 a las 02:17
Estimado amigo(¡qué confianzas, por Dios!):
En este momento, y por motivos del destino, me he convertido en escritora debutante. Y para mi propio escarnio voy haciendo y numerando archivos. Cada uno contine una versión del mismo texto. En algunos casos, llego a contar hasta 15 versiones. Y, desde luego, no me fío ni un pelo de quienes no lo hacen de esta manera.
Comentado por: Nadine el 01/12/2009 a las 11:35
No puedo estar más de acuerdo y me parece una buena idea lo del premio, Jorge. Lo malo, es que me temo que tendrías que declararlo desierto por acumulación de faltas de ortografía. Ya sabes..., es con el corrector ortográfico y hacemos barbaridades... ¡como para eliminar esa ayuda!.
Por otra parte, pienso que lo mismo nos ha pasado con los correos electrónicos...que, practicamente, han asesinado a la comunicación epistolar. Una pena, pues creo que hay asuntos que, aunque nimios, adquieren una dimesión diferente cuando se leen en una carta escrita de puño y letra...
P.D. He intentado escribirlo a mano en la pantalla, pero luego no me deja enviarlo...Una pena.
Comentado por: RAFA el 30/11/2009 a las 13:38
Y porque quedan demasiado lejanos los manuscritos minieados; de lo contrario, también puntuarían las ilustraciones de animales fantásticos y buenas letras capitales en ese "Gran A Mano" televisivo para escritores de dedos curtidos...
¡un abrazo!
Comentado por: Juan Carlos el 30/11/2009 a las 13:36
Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, Perú, 1964), estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega, en Lima. Trabajó como periodista radiofónico en la capital y en 1987 fue finalista en la bienal de relatos COPE (Lima); un año más tarde ganó el Premio de Cuentos José María Arguedas de la Federación Peruana de Escritores. En 1991 se trasladó a Tenerife, donde puso en marcha talleres literarios para diversas instituciones. Ha sido finalista del concurso de cuentos NH Hoteles del año 2000. Desde 2002 vive en Madrid donde continúa impartiendo sus talleres literarios. Su más reciente novela es La paz de los vencidos, galardonada con el XII Premio Novela Corta "Julio Ramón Ribeyro".
Cursos presenciales en Madrid
Jorge Eduardo Benavides imparte cursos presenciales en Madrid y ofrece un servicio de lectura y asesoría literaria y editorial. Más información en www.jorgeeduardobenavides.com
http://www.cfnovelistas.com/

La paz de los vencidos (2009). Alfaguara
Un millón de soles (2008). Alfaguara
La noche de Morgana (2005). Alfaguara
El año que rompí contigo (2003). Alfaguara
Los años inútiles (2002). Alfaguara
Cuentario y otros relatos (1989). Editorial Okura
2009 Premio Novela Corta "Julio Ramón Ribeyro" (Banco Central de Reserva del Perú)
2003 Finalista del Premio Rómulo Gallegos
2003 Finalista del Premio Tigre Juan de novela
2003 Premio Nuevo Talento FNAC
2000 Finalista del Concurso NH de Relatos
Premio de Cuentos "José María Arguedas" de la Federación Peruana de Escritores
1989 Finalista de la Bienal de Cuentos COPE (Lima)
20/3/2010 11:39
Publicado por: pepe Cabellero
20/3/2010 10:12
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Jorge muchas gracias por tu...
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Estupendo post Jorge. Comparto...
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