Nostalgia del Best Seller
Supongo que a estas alturas muchos, muchísimos de ustedes, ya habrán leído al menos la primera de las novelas de Stieg Larsson, ese fenómeno editorial que se enseñorea en el horizonte literario mundial con una intensidad poco frecuente. Supongo, en todo caso, que ya habrán leído las miles de palabras que se han escrito al respecto en foros, chats, blogs y periódicos digitales y de papel, de manera que nadie creo que se haga ilusiones respecto a la novedad de mis opiniones sobre el particular. Pero como yo terminé de leer la primera novela de la saga Millenium recién ayer por la tarde, me quedó una sensación un poco nostálgica respecto a estas novelas tan sugestivas e intensas que son -o suelen ser-- los best sellers. Porque leyendo las peripecias de Mikael Blomqvist y Lisbeth Salander recordé mis lecturas de primerísima juventud, esas que son una transición entre el último Julio Verne y el primer Milan Kundera, por decirlo así.
Me refiero a esas novelas de espías y adustos burócratas del telón de acero, de valiosos microfilms y falsificadores cultísimos, de agentes secretos algo nihilistas y envenenamientos en la Europa Central que nos brindaban Frederick Forsyth, o John le Carré. Pero sobre todo recordaba las de Arthur Hayley e Irving Wallace, voluminosas novelas de tramas bien urdidas y complejas, de personajes más bien livianos que casi no entorpecían la acción y se limitaban a ser escritores que fumaban pipa, habitualmente altos y solitarios, inteligentes y un pelín desencantados, vamos, como salidos de una novelita del Cosmopolitan, pero que funcionaban a la perfección en un argumento bien urdido y estudiado hasta el mínimo detalle. Esas novelas de seiscientas páginas (hoy todo el mundo se asombra de que una novela tenga seiscientas páginas...) que uno devoraba principalmente en los veranos, pero también en cuanto arañaba unas horas a otras ocupaciones, eran ficciones que uno sentía honestas, que detrás de las tramas y peripecias había un escritor preocupado en contar lo mejor posible su historia, que se había pasado meses y meses investigando cómo funcionaba un hotel, un aeropuerto, el comité Nobel o la enrevesada jerarquía en la Casa Blanca, y entonces el lector veía alzarse ante sus ojos la minuciosa edificación de un universo si no complejo, al menos bien elaborado, y así nos dejábamos ganar por la historia.
Pero después no sé que pasó y aquellos viejos escritores de best sellers dieron paso a otros que más bien fueron un chasco, improvisados imitadores de tramas endebles y tópicos usados a granel, con personajes fascistoides e historias deslavazadas que se nos caían de las manos. Supongo que también ocurrió que muchos empezamos a apreciar en otras novelas la certidumbre de que el mundo no se dividía en buenos y malos, que las conjuras de los templarios eran inexistentes y que los rosacruces eran unos viejitos inofensivos, que el verdadero horror era algo más serio que asomaba en otros autores y que ahora disfrutábamos empecinados en tramas que exigían de nosotros algo más que el disfrute tibio de una lectura veraniega. Y por eso abandonamos los best sellers.
De allí, quizá, que leer a Larsson ha sido como volver a disfrutar de un placer olvidado y más bien juvenil, con héroes y villanos, con el bien triunfando sobre el mal, lo cual es un respiro. Y como brillaba un sol inusual en Madrid, el recuerdo de esas viejas lecturas ha sido más intenso. Larga vida a los buenos best sellers que no dan más que lo que ofrecen.
[Publicado el 24/11/2009 a las 11:36]
Que razón tiene. Tantos libros que se desinflan a medida que los vamos leyendo, y acaba uno con la sensación de que nos han vendido humo.
Enhorabuena por el blog.
un saludo,
Héctor Gomis
http://uncuentoalasemana.blogspot.com
Comentado por: Héctor Gomis el 30/11/2009 a las 22:14
Que una novela se convierta en best seller, en mi opinión, puede estar directamente relacionado con un premio concedido “ad divinis” o, como es este caso, con una campaña concebida primorosamente. Encima, la muerte inesperada del autor y las refriegas familiares a cara de perro, han añadido un plus a su promoción mundial y alentado una verdadera riada de opiniones.
Pero bueno, luego el libro se compra (muy importante), se lee y... gusta o no gusta, que ésa será otra cuestión.
Leí ese primer tomo de Milenium (y más tarde fui a ver la película consiguiente) allá por mayo, recomendado por un editor, y a continuación el segundo. En el tercer tomo, ay, llegué hasta la página seiscientos no sé cuantas y... se me cayó de las manos; según mi perspicaz y amable bibliotecaria, porque no soy mujer y por tanto no me mueven las mismas hormonas que a los personajes clave (y con esa limitación seguiré, me temo, porque pienso continuar para los restos con el mismo sexo).
Y mi bibliotecaria, hasta la fecha, nunca se ha equivocado en sus juicios.
Esa primera novela de la saga, que suena a ajuste de cuentas del autor consigo mismo y los fantasmas contra los que luchó toda su vida (¿preveía el futuro?) creo que resulta absolutamente irrelevante para la memoria individual. Se lee y se olvida. Pero se lee de un tirón, que es lo que cuenta.
En mi modesta opinión su cofre del tesoro radica en que puede ser capaz de disparar los mecanismos ajenos de invención literaria con una eficacia que a lo mejor no consiguen algunas obras maestras de la literatura universal. Y repito que es un libro prescindible (sobre todo para un latino) por mucho que, tal y como la percibí, la novela se apoya fielmente en dos columnas básicas de la creatividad fabuladora: la naturalidad de sus protagonistas y la imposibilidad de la trama.
Debo confesar que en la segunda parte decayó mi fervor. Y lo ocurrido en la tercera ya ha quedado escrito.
Felicidades por tu comentario, Jorge.
Un fuerte abrazo a todos.
Comentado por: Rafael Borrás el 29/11/2009 a las 21:39
<<Y como brillaba un sol poco inusual en Madrid, el recuerdo de esas viejas lecturas ha sido más intenso>>
Como no he leído ninguna novela de la saga MIllenium, poco podría decir, pero me he colgada de esa sensación que muchas veces he experimentado con placer: el recuerdo de historias leídas varias décadas atrás.
Me parece que algunos libros se convierten en best-seller por eso: porque en alguna parte tocan la fibra íntima de las personas. Es común que una campaña de marketing poderosa, creativa y eficaz realizada por profesionales del negocio impongan títulos, pero los mismos ya tienen que tener ese ingrediente para lograr su cometido.
Me quedaron ganas de continuar por la India, Jorge, picaste y te fuiste dejando un pozo abierto, ahora tengo que investigar sola, buahh
Sin curso de escritura, sin tur escrito con ojos latinoamericanos, buahhh
Abrazos con nostalgia, desde una nublada, muy nublada Buenos Aires.
Comentado por: Mónica el 28/11/2009 a las 14:14
No es que los best sellers sean sub literatura, es que la sub literatura se agazapa en el anaquel de los best sellers. Engendros como Ruiz Zafón pueden dar fe de ello.
Comentado por: ernesto el 24/11/2009 a las 21:51
Hay muchos que denigran los best sellers como si fueran sub literatura: yo creo que es la que mejor define nuestro tiempo. ¿Lectura juvenil? No lo creo
saludos
Comentado por: Lazaro el 24/11/2009 a las 18:18
Comentado por: Pepe Aguilar el 24/11/2009 a las 17:23
Esos libros de los que habla... no serían como los best sellers de ahora? Creo que en lo último que ha comentado está el quid de la cuestión: no cambian los libros sino nuestra lectura. Nuestra exigencia.
Buen post
Comentado por: Javi Cieza el 24/11/2009 a las 14:21
Comentado por: Borges en Mälmö el 24/11/2009 a las 14:11
Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, Perú, 1964), estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega, en Lima. Trabajó como periodista radiofónico en la capital y en 1987 fue finalista en la bienal de relatos COPE (Lima); un año más tarde ganó el Premio de Cuentos José María Arguedas de la Federación Peruana de Escritores. En 1991 se trasladó a Tenerife, donde puso en marcha talleres literarios para diversas instituciones. Ha sido finalista del concurso de cuentos NH Hoteles del año 2000. Desde 2002 vive en Madrid donde continúa impartiendo sus talleres literarios. Su más reciente novela es La paz de los vencidos, galardonada con el XII Premio Novela Corta "Julio Ramón Ribeyro".
Cursos presenciales en Madrid
Jorge Eduardo Benavides imparte cursos presenciales en Madrid y ofrece un servicio de lectura y asesoría literaria y editorial. Más información en www.jorgeeduardobenavides.com
http://www.cfnovelistas.com/

La paz de los vencidos (2009). Alfaguara
Un millón de soles (2008). Alfaguara
La noche de Morgana (2005). Alfaguara
El año que rompí contigo (2003). Alfaguara
Los años inútiles (2002). Alfaguara
Cuentario y otros relatos (1989). Editorial Okura
2009 Premio Novela Corta "Julio Ramón Ribeyro" (Banco Central de Reserva del Perú)
2003 Finalista del Premio Rómulo Gallegos
2003 Finalista del Premio Tigre Juan de novela
2003 Premio Nuevo Talento FNAC
2000 Finalista del Concurso NH de Relatos
Premio de Cuentos "José María Arguedas" de la Federación Peruana de Escritores
1989 Finalista de la Bienal de Cuentos COPE (Lima)
20/3/2010 11:39
Publicado por: pepe Cabellero
20/3/2010 10:12
COMENTARIO CENSURADO por IVAN...
Publicado por: Javier
19/3/2010 04:17
Jorge muchas gracias por tu...
Publicado por: Samuel Aguilar
19/3/2010 03:50
Publicado por: Rafael vidal
18/3/2010 14:05
Ya he firmado. Y he colocado...
Publicado por: Pepe Aguilar
16/3/2010 23:26
Estupendo post Jorge. Comparto...
Publicado por: RAFAEL
16/3/2010 18:23
Jorge, ciertamente las redes son...
Publicado por: Raúl Márquez
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Me gusta este post. Cuando voy a...
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10/3/2010 15:27
Publicado por: Jaime
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