Una trampa perfecta
Cuando el coronel Haki se encuentra con Latimer en aquella velada ofrecida en un palacio de Estambul, ruega al escritor de novela policíaca -de quien ha leído todos sus libros y es un admirador declarado- que lo visite un día en su despacho. Allí Haki, viejo sabueso de la policía secreta turca, conocedor de los bajos fondos y del ambiente criminal de aquellos años de entreguerras, le entrega al escritor inglés un dossier con un original argumento para una próxima novela. Haki es un gran lector de novela negra y confiesa no tener tiempo para escribir una. Por eso ha decidido «regalarle» a Latimer aquel esbozo de historia. Cuando este le da una rápida ojeada tiene que contener la risa: qué ingenuidad, qué trama más floja y disparatada. Sale del atolladero con vagas promesas y cuando se dispone a partir, a Haki le alcanzan un informe acerca de un criminal cuyo cadáver se encuentra en el depósito. Latimer le solicita acompañarlo: nunca ha visto el cadáver de un criminal, nunca ha estado en un depósito. En los ojos de Haki se intuye ironía: «Ah! Ahí tenemos al escritor: todo debe ser pulcro, artístico, como en un roman policier!..mire usted esto y después me dice si hay algo artístico aquí» , le dice después de leerle el historial del delincuente.
A partir del interés del novelista por el misterioso Dimitrios -el criminal cuyo cadáver ha aparecido flotando en las aguas del Bósforo- y las posteriores pesquisas por saber de su paradero, se construye una de las más inteligentes novelas de espionaje que he leído: «La máscara de Dimitrios» de Eric Ambler. Junto con algunas otras del mismo autor, es considerada como una verdadera pieza maestra del género. No en vano James Bond lleva un ejemplar del libro mientras viaja en tren, en una película cuyo título no recuerdo ahora, en este vuelo insomne que me lleva de Munich a Nueva Delhi, y que me ha traído a la memoria esta vieja novela, de la que seguramente hablaré en mi charla en la universidad. ¿Por qué?
Pues por el fragmento reseñado líneas arriba, donde asistimos sin asomo de duda a esa imposibilidad de trasvase que existe entre realidad y ficción, entre el novelista y el policía, ambos expertos en los mismos asuntos: el crimen, la mente asesina, el espionaje. Pero con una pequeña diferencia: El mundo de Latimer es el del roman policier, mientras que el de Haki es la realidad en su versión más brutal. Lo estupendo es que ambos, sin reflexionar sobre el particular más allá de unas líneas casi al descuido, intuyen que es así. El interruptor de la trama novelística es este mínimo hecho. Latimer cruza esa frontera, abandona su cómodo escritorio donde fabula con criaturas siniestras, espías y asesinos, pero no tiene idea de la realidad sobre la que se asientan sus ficciones. El resultado de sus pesquisas lo arroja a un infierno de chantajes, asesinatos por encargo y grandes intereses políticos. Una premonición del cataclismo que se avecinaba para Europa y para el mundo entero en pocos años.
Uno termina la novela mareado, confuso, sobre todo porque al cabo de un tiempo -como ahora, mientras reflexiono sobre ello- caemos en cuenta de que aun así, todo lo leído es ficción, que el gran engaño orquestado por el narrador empieza por admitir que efectivamente existe esa distancia entre la novela y la realidad, que no saberlo del todo le traerá mil problemas a Latimer... y nosotros caemos ingenuamente en la misma trampa, en el roman policier que empieza por señalar el peligro de no distinguir entre realidad y ficción y que al mismo tiempo emplea sus mejores hechizos novelísticos. ¿Acaso hay mejor trampa en una novela?
[Publicado el 26/10/2009 a las 11:57]
Comentado por: heiker mendoza el 27/11/2009 a las 23:03
Caer en la trampa... dejarte trasladar a ese mundo imaginario creado por el novelista, perder el sentido de la realidad, sentirte identificada con el personaje, con sus vivencias y sus pasiones...
Eso sólo lo consigue una buena novela.
Pero en los coloquios con lectores, siempre hay alguén que pregunta: ¿Qué hay de verdad en la historia? ¿Existe tal personaje, realmente?
Y a los escritores siempre le asoma el mismo gesto de deseperación a la cara: ¿Cómo es posible? ¿No se dan cuenta que es un "novela"? NO verdad. Que es imposible ser fiel a la realidad...
Jorge, estupendo tu artículo. Creo que merece la pena leer el libro.
Saludos a todos, especialmente para Eva
Comentado por: Loli el 31/10/2009 a las 21:33
Les recordamos a todos que este curso saldrá publicado en los próximo meses. Ya les daremos más detalles en su momento.
Un saludo cordial,
Eva.
Comentado por: Eva Valeije el 28/10/2009 a las 16:50
Comentado por: omar el 28/10/2009 a las 02:14
Estaba siguiendo el curso de creación literaria pero el enlace ha desaparecido del blog ¿cómo podría acceder?
Comentado por: Nadine el 27/10/2009 a las 14:48
A mí me agrada abandonarme al engaño, caer en la trampa y morir en ella, jajaja.
Por lo que muero ahora es por conocer al coronel Haki, una vez que me presentan a un personaje enseguida siento necesidad de conocerlo. Esto es un problema grave en este sitio porque van a pasos de gigante, Jorge comenta algo y ya tienen a flor de labios otras novelas que les recuerdan las mismas trampas. Me falta eso, vengo a contagiarme. Supongo que no tendría que decirlo, que debiera leer callada pero las palabras me denominan.
Abrazos.
Comentado por: Mónica el 27/10/2009 a las 14:24
A mi me has llevado, Jorge, a recordar La Historia Interminable, donde Michael Ende mete a Bastian, el protagonista del "mundo real" (pero de ficción) en el mundo de Atreyu y Fantasía (ficción dentro de la ficción). Y lo más divertido es eso, que yo sabía que estaba leyendo un libro de ficción, pero los tres éramos uno: Bastian, Atreyu y yo.
Javier
Comentado por: Javier Jiménez (Ximens) el 27/10/2009 a las 11:29
¿Y qué podemos decir de las novelas que tratan de invertir el pacto? Me refiero a esas en que lo que se pretende es hacernos creer que la realidad es ficción. Historias metaliterarias, autobiográficas encubiertas o no sé cómo llamarlas, que cuando terminas de leerlas lo que te quedas pensando es que, al final todo lo que has leído no es una invención sino la realidad del autor, más o menos disfrazada. A mí me provocan una confusión parecida a la que describe Jorge pero con un círculo más en el laberinto.
Comentado por: Inmaculada Reina el 27/10/2009 a las 08:44
Yo pienso que desde que abrimos un libro, le estamos dando carta blanca al autor para que nos engañe con su mejor embuste. Por ello, cuando el libro no nos satisfizo o nos dejó indiferentes, hacemos la pregunta: ¿y para leer ésto me gasté medio sueldo?
Comentado por: ernesto el 26/10/2009 a las 21:26
Pepe:
quizá sí, estamos predispuestos a ser engañados. Aqui en la charla de New Delhi se ha hablado exactamente de eso: me hubiera gustado leer antes tu comentario porque hubiera aportado una novela más al asunto.
saludos desde la ciudad de las vacas (sagradas)
J.
Comentado por: Jorge el 26/10/2009 a las 20:29
Comentado por: Pepe Aguilar el 26/10/2009 a las 18:16
Me acabo de terminar el Nocilla Lab de AFM y, de alguna manera, trata de lo mismo que comentas. Aunque, en este caso, la vuelta de tuerca extra es poner en cuestión al autor (a la existencia del mismo, al concepto incluso de identidad y de propiedad del texto), no solo a la historia y a la realidad del artefacto literario (que acabam además, por nos ser solo literario).
No sé. Es raro pero, de alguna forma, funciona: caemos en la trampa. Quizá el truco es que nos gusta ser engalados. Que todavía no hemos superado a los Reyes Magos. O, más prosaico, como dicen algunos sociólogos (incluso genetistas): que estamos programados para creer, porque solo las tribus que creen en la ficción (de Dios, de La Magia, de Las Narraciones), hemos sobrevivido.
Saludos desde Murcia,
Pepe
Comentado por: Pepe Aguilar el 26/10/2009 a las 18:14
Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, Perú, 1964), estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega, en Lima. Trabajó como periodista radiofónico en la capital y en 1987 fue finalista en la bienal de relatos COPE (Lima); un año más tarde ganó el Premio de Cuentos José María Arguedas de la Federación Peruana de Escritores. En 1991 se trasladó a Tenerife, donde puso en marcha talleres literarios para diversas instituciones. Ha sido finalista del concurso de cuentos NH Hoteles del año 2000. Desde 2002 vive en Madrid donde continúa impartiendo sus talleres literarios. Su más reciente novela es La paz de los vencidos, galardonada con el XII Premio Novela Corta "Julio Ramón Ribeyro".
Cursos presenciales en Madrid
Jorge Eduardo Benavides imparte cursos presenciales en Madrid y ofrece un servicio de lectura y asesoría literaria y editorial. Más información en www.jorgeeduardobenavides.com
http://www.cfnovelistas.com/

La paz de los vencidos (2009). Alfaguara
Un millón de soles (2008). Alfaguara
La noche de Morgana (2005). Alfaguara
El año que rompí contigo (2003). Alfaguara
Los años inútiles (2002). Alfaguara
Cuentario y otros relatos (1989). Editorial Okura
2009 Premio Novela Corta "Julio Ramón Ribeyro" (Banco Central de Reserva del Perú)
2003 Finalista del Premio Rómulo Gallegos
2003 Finalista del Premio Tigre Juan de novela
2003 Premio Nuevo Talento FNAC
2000 Finalista del Concurso NH de Relatos
Premio de Cuentos "José María Arguedas" de la Federación Peruana de Escritores
1989 Finalista de la Bienal de Cuentos COPE (Lima)
19/3/2010 04:17
Jorge muchas gracias por tu...
Publicado por: Samuel Aguilar
19/3/2010 03:50
Publicado por: Rafael vidal
18/3/2010 14:05
Ya he firmado. Y he colocado...
Publicado por: Pepe Aguilar
16/3/2010 23:26
Estupendo post Jorge. Comparto...
Publicado por: RAFAEL
16/3/2010 18:23
Jorge, ciertamente las redes son...
Publicado por: Raúl Márquez
16/3/2010 13:28
Publicado por: Juan Carlos Chirinos
10/3/2010 21:01
Me gusta este post. Cuando voy a...
Publicado por: Isabel B.
10/3/2010 15:27
Publicado por: Jaime
09/3/2010 15:52
Publicado por: Jesús Rougemont
08/3/2010 14:54
Publicado por: Rubén Robles
© 2005 | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres