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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 11 de octubre de 2008

 Curso de escritura creativa de Jorge Eduardo Benavides

Sesión XVI. Cuentos Comentados

Como habrán podido observar, el tono de la narración es una cierta impostación de la voz que a menudo buscamos que encaje con el propio tema elegido: naturalmente, esa conjunción entre tema y tono requiere una búsqueda ardua por parte del escritor y que culmina cuando este llega, por fin, al convencimiento de cómo debe narrar, quién debe contar y cuál es la emoción que requiere todo ello: si distante, si ampulosa, si áspera, si conmovedora, si legendaria, si imperturbable... Por eso, no es de extrañar que sean muchos los escritores que se refieren a la importancia de la búsqueda del tono en las narraciones que abordan.  Cuando se encuentra, inmediatamente el narrador se siente cómodo con la forma en que está contando la historia, de la misma manera que ocurre cuando hallamos el ángulo, el narrador que se encargará de dotar de voz al relato. No debemos confundirlo con el ritmo narrativo, que tiene que ver más con la velocidad que imprimimos al texto y cuya explicación intentaremos dar en la siguientes dos sesiones, aunque por lo general resulta fácil confundirlos. De todas maneras, lo que nos interesa es fundamentalmente que ustedes realicen los ejercicios y que busquen lo más rigurosamente posible acercarse a ese universo de tonos y de ritmos que marcan la diferencia entre una simple narración y una narración honda, compleja, llena de matices y cargada de densidad, como suele ocurrir con los relatos, cuentos y novelas de los buenos escritores, aquellos que han buscado con paciencia y oficio la manera exacta de encarar sus ficciones.  Los textos de esta semana han sido pródigos en variantes, temas, narradores y tonos. Hemos elegido unos cuantos, como siempre, para que puedan ustedes calibrar aciertos y errores, y como siempre, les emplazamos a que con sus comentarios y opiniones enriquezcan este trabajo conjunto.

Saludos cordiales

Jorge


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[Publicado el 20/6/2008 a las 11:38]

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Comentarios (22)

  • Espero con ansias la consigna de manana. Espero no me corten las alas de la creatividad.

    Vuela hacia ustedes,

    Fido.

    Comentado por: Fido el 26/6/2008 a las 21:20

  • El cuento de Lilian es como una fábula, aparentemente dirigida a un público infantil, y que como en el cuento de Ana, predomina la oralidad. Creo que la moraleja es demasiado explícita, y bien pudo quedar más sugerida. Me parece que va por donde apunta la consigna.

    El cuento de Marco es, seguro, el más exigente y elaborado de los cuatro. Dejando de lado el cruce que hace con el cuento de Cortázar, se defiende bien por sí solo: escrito con sumo cuidado, cada segmento adquiere un color distinto que identifica al personaje que habla, pero que unidos no pierden el tono policial solicitado en el ejercicio. Se agradece, además, el buen humor.

    Comentado por: Eduardo Izaguirre el 25/6/2008 a las 06:41

  • Saludos a todos. Espero poder reintegrarme al taller después de andar enrrollado por el trabajo.

    El cuento de Ana en mi opinión, se vincula eficazmente con la propuesta, al darle un tono legendario a una anécdota de pueblo, donde como es de suponer, una historia bastante común ha sido acomodada al colectivo de versiones de los testigos. Y qué mejor manera que con un final romántico (del cual no llegamos a saber si sucedió realmente tal y como se dice). El cuento es certero en su brevedad, dado que es un relato referido al paso y el estilo de Ana no deja cabos sueltos ni exige una relectura.

    El cuento de Carlos también se apega bastante a la propuesta y aunque está bien escrito, lo siento un poco confuso por momentos (¿tal vez un reflejo de la confusión de M.?). Quizá relatar todo en un sólo párrafo resulte un poco engorroso a la hora de leer. El final es muy gracioso porque pone agua helada a una situación que se va calentando conforme avanza el cuento aunque dicho calor sólo ocurre en la mente de la protagonista y del propio lector, de ahí la eficacia del relato en conjunto.

    El cuento de Lilian es el más tierno de los cuatro. También eleva a leyenda una descripción parcializada desde el punto de vista de Carlota (noten cómo a pesar de que no estuvo allí, relata con aires de certeza el nacimiento y la temprana infancia de Andrés). Si bien el lenguaje puede tener algunos tópicos, la misma autora nos da una pista al exponer que la única vez que Carlota quizo 'intelectualizar' el relato, éste no fue entendido por las niñas, justificando la sencillez del lenguaje ante la posibilidad de utilizar un estilo más literario.

    Del cuento de Marco poco hay por decir que no lo hayan dicho mejor mis compañeros. Sólo puedo añadir que es un claro ejemplo de cómo a la propuesta semanal se le puede aplicar un estilo personalísimo, rompiendo el molde de lo que se espera normalmente en un taller y de cómo, con un poco de imaginación y osadía, podemos escribir un relato que vaya más allá de lo exigido por el curso sin dejar del todo de someterse a lo propuesto (ésto último va también para los que se quejan de que el taller les corta la alas de la inspiración).

    Muchos saludos a todos

    ernesto

    Comentado por: Ernesto Groppo el 24/6/2008 a las 23:44

  • para Luis Alberto Ramírez:
    en el margen superior derecho de esta página encontrarás un "aviso importante" donde especificamos cómo participar y dónde enviar los textos para su comentario.
    Un saludo cordial y bienvenido!
    Jorge

    Comentado por: Jorge el 24/6/2008 a las 23:17

  • Me han encantado los cuentos de la última sesión. Los cuatro dan en la diana del ejercicio propuesto. El cuento de Ana sorprende por la sencillez de su estructura y lenguaje. La historia de Marco es genial.Un guiño a Cortazar y una parodia al género policiaco.
    Saludos,
    Juan

    Comentado por: Juan Carlos el 24/6/2008 a las 22:55

  • ¿Dónde puedo mandar mis cuentos y relatos para participar?

    Comentado por: Luis Alberto Ramirez el 24/6/2008 a las 22:18

  • Hola a todos. Empiezo comentando un par. El minicuento de Ana es una pieza eficaz de tono legendario, sobre todo con la apertura del texto que marca la pauta de lo que sigue, aunque algo predecible en su resolución. Digamos que es un cuento clásico, muy oral, de lenguaje sencillo y justo para lo que narra. Y eso me hace pensar que, quizás, no se ajusta al ejercicio ya que se buscaba narrar un tema cotidiano (el pueblo como escenario, el grandulón que bien podría tratarse de un gigante para los demás, la joven idealizada objeto de su afecto, son caracteres que pertenecen más a un mundo de leyenda) en un tono atípico, legendario en este caso. Es una impresión que se me ha dado al releerlo.

    El cuento de Carlos acierta a plenitud con la consigna. El tono de policial negro, el uso de la misteriosa M para nombrar a la protagonista, la descripción de la voz del hombre que la interroga –quizás mencionar Casablanca sea ya un exceso, una redundancia-, todo para retratar la anécdota de la pasajera que no ha pagado el viaje, quedan muy bien. Pienso, como algún compañero expuso también, que el recuerdo de Sor Clara está algo postizo, a pesar de que aporte un pasado traumático a M, cosa que, creo, no necesitaba mucho. Pulirlo un poco lo dejaría ultra redondo, en mi opinión.

    Comentado por: Eduardo Izaguirre el 24/6/2008 a las 06:53

  • perdón, no se que habra pasado...

    el comentario anterior es mio.

    Comentado por: Alvaro Arrivillaga el 23/6/2008 a las 21:44

  • Gracias por los comentarios de todos. Estos me ayudan a terminar de comprender el propósito del ejercicio. Bien hace Jorge en cada sesión, en animarnos a participar, sin duda alguna acá hay mucha riqueza.
    Me he quedado con la sensación que el tono narrativo será aquel aroma que percibiremos al abrir un libro. Ese aroma que también nos queda, al saludar a alguien por el camino. Una atmosfera que nos envuelve.
    De tal forma, que me parece que el cuento de Ana Herrera lo maneja bien, como ya se ha dicho, al iniciar su relato con “Había un grandulon en mi pueblo”. Quizás se pierda un poco al ir transcurriendo el cuento. Le quita ese mito. Deja mucho ya por sentado, cuando bien se hubiera podido seguir en es tono inicial.

    El relato de Lilian de igual manera busca esa atmósfera pero siento lo hace más indirectamente, al plantearnos como se lleva la historia, y no nos mete a los lectores dentro de lo que se pretende decir. Cuenta algo que se contó y ese filtro me parece que le hace perder ese “aroma”.

    El texto de Marco me parece muy interesante al dar diferentes puntos de vista y al intentar apoderarse de cada uno de ellos. Me recordó la dinámica de Mario Benedetti, en “Primavera con una esquina rota”, donde la historia es contada en cada capitulo por un personaje diferente. Y el final me parece muy bueno, dando ese tinte que más bien pasa de lo policiaco a lo legendario y deja que el lector sea parte de él.

    Finalmente el relato de Carlos –luego de terminar de comprender el propósito del ejercicio- me parece que es que de mejor forma los logra cubrir de ese manto, con la intención que todo lo que se dice lleva ese sello que se le quiere dar.

    Formidable es aprender tanto de ustedes. Les agradezco por ello. De igual forma quisiera pensar que estas sencillas letras también logren aportar algo.

    Comentado por: a el 23/6/2008 a las 21:43

  • El cuento de Ana y el cuento de Carlos son bastante diferentes, por lo que las cualidades que quiero resaltar en ellos son también contrapuestas. El texto sobre Antonio el Bruto opta por un lenguaje sencillo, pero que no carece de artificios, como ya han señalado otros compañeros antes: el narrador testigo, el léxico y fraseos adecuados al contexto ("talego", "estar de mirón", "cara de malas pulgas"), y al que me gustaría añadir un par más: la caracterización del personaje, que elude la barbarie no solo por la historia en sí (el Bruto enamorado de una música al punto de entregar su vida a través de una religión que no entiende o nunca quiso entender), sino desde esa muy certera primera descripción, que nos lo presenta como un ocioso y hosco pueblerino que, a pesar de ello, alimenta aves y lee a los ancianos. Esa descripción carga muy bien el resto del relato y es valiosa, además, como inicio. Por ello, me parece otro gran acierto que la descripción se reitere, negada, sobre el final en boca de un personaje. Eso de la cohesión a la historia y es coherente con el didactismo de los relatos legendarios. A pesar de la claridad buscada, sin embargo, el texto debería evitar tantas reiteraciones de conectores lógicos (mucho "pero" y "porque").

    El texto de Carlos tiene un planteo diametralmente opuesto. La historia no se deja sentir hasta las líneas finales y disfrutamos, primero, básicamente del lenguaje, específicamente de la sintaxis. En ese sentido, elude por completo cualquier tipo de exposición forzada y nos obliga como lectores, más bien, a rellenar el sentido de una mirada cercana, detallista y tensa sobre un personaje en una situación límite. Obviamente, dado que la situación no es tal, es el talento de Carlos lo que induce tal sensación y no puede ser menos que un gran logro, de lejos el que más se ajusta a la consigna.

    Saludos y felicitaciones,

    mtc.

    Comentado por: Marco el 23/6/2008 a las 18:17

  • Estoy muy de acuerdo con la reflexión que ha hecho Marco sobre el proceso creativo. Me vienen a la memoria las noches pasadas frente a la página en blanco o volcando memeces desesperadamente y, por otro lado, ahora que empiezo a aprender algo sobre la técnica literaria, es cuando encuentro placentero el oficio de escribir y veo algún que otro tímido resultado.

    Comentado por: Andrés González. mundodede.wordpress.com el 23/6/2008 a las 16:18

  • El cuento de Ana Herrera comienza con una frase espléndida que define en cuatro palabras la atmósfera que, después, persistirá sin decaer durante todo el breve texto. Mi única objeción radica precisamente en la excesiva simpleza de la historia. En cuanto al de Marco, no conozco el texto de Cortázar, por lo que, al darme por extraviado a la hora de entender el laberinto de la misma historia, me he dedicado a dejarme llevar por el fraseo y el toma y daca entre los interrogados y el ausente oyente. En este sentido creo que pocas pegas pueden ponérsele. Lo he visto más como un breve fragmento de una historia policíaca, narrada bajo un prudente e irónico juego de distancias y acercamientos hacia los sospechosos. El texto de Lilian cabría enmarcarlo en una ensoñación durante la vigilia, puesto que percibo un tinte onírico en la manera casi irreal en que Carlota cuenta a las niñas detalles del muchacho. Yo lo veo más o menos como ya ha comentado Andrés, es decir, que precisamente por la ingenuidad que se les supone a las niñas que reciben la información, tanto los sustantivos y adjetivos como la construcción de las frases o el entramado descriptivo conviene que se muevan en niveles muy mascados, elementales; para críos, vaya. El final viene a ser un “colorín colorado” en la misma línea que el resto del texto. Y, por último, Carlos ha pillado de lleno la propuesta, puesto que retrata en una página un incidente desmesurado, en el que se palpa la angustia, donde existe una evidente desproporción entre el delito y el castigo. Pero esto se sabe sólo al final; porque parecía que M. había robado por lo menos una bomba de mano de un cuartel, pero luego resulta que simplemente se olvidó de pagar el billete del bus. Siendo esto, como creo, descrito con toda la intención, me parece una resolución magnífica para un hecho no policíaco, casi banal, muy bien contado como si lo fuera, como un episodio de película de policías y ladrones. Encuentro quizá metido con calzador el recuerdo del colegio de monjas; pero quien escribe tiene licencia para eso y para más. Enhorabuena a los cuatro.

    Comentado por: Rafael Borrás el 23/6/2008 a las 13:53

  • Queridos compañeros: muchas gracias por vuestros comentarios a mi cuento, Os agradezco vuestras palabras que influyen mucho en mi ánimo para seguir aprendiendo.
    Un saludo caariñoso de Ana Herrera

    Comentado por: Ana Herrera el 22/6/2008 a las 15:34

  • Ha sido un placer leer los cuatro cuentos, pero el de Ana Herrera me ha hecho comprender lo que es la gracia natural para enganchar con una historia. Enhorabuena a todos y en especial a Ana Herrera.

    Comentado por: martin a. el 22/6/2008 a las 10:44

  • Ana:
    En lo positivo destacaría la ambientación del pueblo y los personajes de ese lugar de grandes puertas que se abren o cierran para dejar ver, o para ocultar, las teatrales vidas de su interior. En lo menos positivo, destacaría el abrupto final, tal vez la muerte del Bruto se podría haber contado de otra manera.
    Carlos:
    Destacaría la ágil narración y acertadas expresiones sueltas como el coche que deja un cuadrado seco tras la tormenta o la “voz cancerígena”. Sólo una pega, ¿tan importante es la anécdota del olvido del billete de autobús o la pérdida del DNI para movilizar a un cuerpo policial tras la señora o, incluso, ya que estamos, para sostener un cuento?
    Lilian:
    ¿Se dice rechinido? No lo sé, la verdad. Acertado lo del nombre “como traído en una pulsera alrededor de la muñeca” o la expresión “pestañas bien vueltas”: discrepo con Jorge en cuanto a la utilización de adjetivos como guapo, galán o educado, se trata de una historia contada por una abuela a unas niñas y se deben utilizar palabras tópicas. El cuento es bonito.
    Marco:
    No tengo ahora mismo delante ‘Continuidad en los parques’ como para apreciar toda la ironía, aunque recuerdo que es el propio dueño de la casa el que descubre su propio cadáver sentado en un butacón, ¿no es así? ¿O es él el que se dispara a sí mismo? No recuerdo, igual me confundo con otro cuento de Cortázar. De todas formas, el cuento me ha parecido entretenido y, sobre todo, bien escrito, bien narrado, fluido y comprensible (aprehensible).

    Comentado por: Andrés González. mundodede.wordpress.com el 22/6/2008 a las 09:34

  • Amigos,

    gracias por leer mi texto. En el título, hay un segundo guiño, a la segunda fuente de mi texto: "En el bosque" de Akutagawa. Mi propuesta de la semana no es más que una cruce tosco y apurado entre la estructura de esa joya y los elementos de la ficción de "Continuidad de los parques". Cuando lean al maestro Akutagawa, lo juro, sentirán que mi texto no es más que un juego sin rigor.

    Ahora bien, si aun así me animé a ejecutarlo fue porque creo que la mejor manera de escribir es escoger los parámetros correctos, que la inspiración es una fricción entre lo que queremos hacer y las reglas estrictas que hemos dispuesto para llevarlo a cabo. Lo digo sobre todo a propósito de los textos de miembros de este blog que consideran indispensable una libertad absoluta para la creación. Desde mi punto de vista, es todo lo contrario: debemos ajustar las reglas que tal manera que la página en blanco no sea tal, sino una suerte de hoja de ruta que luego, a la luz de ciertas exigencias expresivas, puede cambiar. Pero de ninguna manera podemos intentar crear desde cero. El arte carga la pesada maleta de la tradición. Los cerebros de los muertos de los que hablaba Marx aquí pesan más que nunca... La pluma de los muertos oprimen la pluma de los vivos, diríase.

    Esas son ideas personales sobre la creación literaria que, está de más decir, son harto comunes y yo mismo he aprendido de otros. Lamentablemente, mi memoria no me alcanza para recordar quiénes fueron... Recuerdo que un escritor citó a un músico, que decía algo así como que para componer debía eliminar por completo la libertad, en el sentido de dejar solo el camino buscado luego de eliminar las otras alternativas estilísticas.

    Obviamente, para hacer ese descarte es necesaria la libertad. Pero los profesores del taller nos dan el empujón precisamente enrumbando el juego hacia cierto horizonte. Yo, como les dije, lo cerré aun más proponiéndome mezclar dos relatos que me gustan mucho. De hecho, antes había pensado mezclar "La metamorfosis" con "En el bosque", pero primero apareció esta consigna y el resultado no ha sido del todo decepcionante.

    Saludos,

    mtc.

    pd. No he estado leyendo mucho vuestras colaboraciones, porque me han operado la vista. Ya mejor, espero serles útiles con comentarios hoy o mañana.

    Comentado por: Marco el 21/6/2008 a las 17:48

  • Me ha encantado el cuento de Marco Tulio. Realmente enhorabuena...

    Comentado por: Carlos Palacios el 21/6/2008 a las 15:58

  • Palacio ha escrito un original relato donde el lector comprende y casi vive la angustia del que pillan “in fraganti”. Es un trabajo muy bien hecho, que consigue una total atmósfera policiaca, incluido el recuerdo del colegio con sus retorcidas monjitas.

    El cuento de Lilian consigue llevarnos alrededor de la mecedora como si fuéramos algu na de las niñas que escuchan. Está muy bien escrito y la ternura es el alma del momento narrativo. Creo que se ajusta perfectamente a la propuesta que indica el profesor. Me ha gustado mucho.

    Marco Tulio ha hecho un trabajo inmejorable.. El cuento con las declaraciones de los testigos donde se adivina la personalidad de cada uno, el muerto, la policía...Me recuerda a las famosas novelas de Simenon. Me ha gustado mucho y creo que es un acierto, manteniendo un clima totalmente policiaco.

    .

    Comentado por: Ana Herrera el 21/6/2008 a las 14:24

  • Hola compañeros, es la primera vez que escribo en el blog. Algo tarde ya. Pero bueno. A mí me ha divertido más el de Marco, por toda la parodia evidente del tono policíaco y el recuerdo de los juegos que también Cortázar empleaba en sus cuentos y novelas.
    Tal vez no era el ejercicio, pero le dio una vuelta de tuerca interesante, siguiendo el patrón del tono policíaco y al mismo tiempo aportándole el humor de la parodia.
    En otros me he distraido por expresiones, o construcciones que me llamaban la atención pero me interrumpían la atención a la lectura.

    Gracias por el rato y un abrazo

    Comentado por: Javier el 21/6/2008 a las 09:54

  • El cuento de Ana Herrera me ha parecido muy bueno. Crea una tensión y un suspenso que mantiene atrapado al lector a pesar de la brevedad del relato. Empieza bien y termina bien. Da los datos precisos para ver a los personajes y sentir sus emociones. Sin duda, una historia muy bien lograda.
    Luego comento los otros relatos. Saludos.

    Comentado por: Paolo Chavez el 20/6/2008 a las 23:33

  • Saludos a todos. Agradezco también los elogiosos comentarios vertidos sobre mi texto. En mi ejercicio intenté desde el principio ceñirme a la propuesta de la semana porque es cierto que en ocasiones la vida cotidiana se presenta extraña, casi cinematográfica, basta pensar en la burocracía, os lo puede asegurar. Y de esta manera el texto fue creciendo por sí mismo, a partir de la imagen del tipo con el cigarro. Sobre lo tópico o no que pueda resultar hablar de Humprey Bogart lo dejo al juicio de cada uno aunque debo decir que lo elegí por una sencilla razón: M. es una señora de unos sesenta años digamos, sus referencias culturales para su desgracia (o en algunos casos su suerte…) son escasas, tópicas si se quiere. De cine negro, de gánsters, conoce bien pocos, de ahí que a su memoria venga sólo la imagen de Humprey Bogart y su voz pretendidamente “masculina” o directamente si se quiere carrasposa.

    De nuevo saludos.

    Carlos Palacios

    Comentado por: Carlos Palacios el 20/6/2008 a las 16:58

  • Hola de nuevo, compañeros de blog (y a esos otros que parecen estar siempre mirando para ver dónde está el problema de que algo sea gratuito y, simultáneamente, excelente: ya sabéis…lo dijo, más o menos así, Machado: es de necios confundir valor y precio ).

    Como esta mañana no trabajo, me ha dado tiempo a leer muy precozmente los cuentos de esta semana, que me parecen muy bien resueltos por todos. En un intento por abrir los comentarios, algunos apuntes:

    El de Ana ejemplifica magníficamente el tono legendario que se solicitaba, de una forma ortodoxa y aliñado con un ritmo leve de acontecimientos que discurren suave y agradablemente… hasta que lo interrumpen las campanas que tocan a muerto. Sin embargo creo que, si lo que se pedía era contar algo convencional con un tono legendario, la muerte de “el Bruto” y su amada, parecen traspasar algo la condición exigida. Por lo demás, insisto, precisamente por su tono que hace tan agradable la lectura, al final (o “el final”)…no importa.

    El de Lilian hace “trampa” (o es un buen truco, como se quiera; y no pasa nada: al fin y al cabo estamos entre colegas de ficción) y resuelve con el formato de “cuento sobre alguien que cuenta un cuento (legendario)” la consigna propuesta por Jorge y Eva. Sobre el tono no tengo nada que reprochar, es impecable, casi me imaginaba yo mismo como uno más de los niños a los que se cuenta la historia. Sólo un pero (siempre tengo uno, al menos, vaya pesado): la “moraleja” casi al final del cuento: le sobra edulcorante, para mi gusto.

    El de Marco Tulio es muy ingenioso, tomando a Cortázar y dándole varias y simpáticas vueltas de tuerca al original. Tampoco sé si se adapta al ejercicio (la anécdota tampoco es, para nada, “convencional”), pero el formato y el texto son una delicia que expande la historia de Cortázar como un magnífico spin-off. Estupendo.

    Finalmente, el de Carlos me parece el más encuadrable en el ejercicio propuesto. La anécdota arrastra bien al lector que se alinea con el personaje en la búsqueda del objeto perdido y en la presión policial supuesta. Los recuerdos de la infancia, los detalles (uñas, chinchón, sudor…) recrean bien al personaje (casi apetece conocer más cosas de la que se advierte como desordenada vida). Otro (y último, qué pesado) pero: lo de Bogart es demasiado tópico, innecesario.

    Mi enhorabuena a todos. He pasado una estupenda mañana de Viernes leyéndoos.
    Saludos,
    Pepe

    Comentado por: pepe aguilar el 20/6/2008 a las 13:00

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Biografía

Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, Perú, 1964), estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega, en Lima. Trabajó como periodista radiofónico en la capital y en 1987 fue finalista en la bienal de relatos COPE (Lima); un año más tarde ganó el Premio de Cuentos José María Arguedas de la Federación Peruana de Escritores. En 1991 se trasladó a Tenerife, donde puso en marcha talleres literarios para diversas instituciones. Ha sido finalista del concurso de cuentos NH Hoteles del año 2000. Desde 2002 vive en Madrid donde continúa impartiendo sus talleres literarios. Su nueva novela, Un millón de soles, se publica en España en febrero de 2008.

 

Cursos presenciales en Madrid

Jorge Eduardo Benavides imparte cursos presenciales en Madrid y ofrece un servicio de lectura y asesoría literaria y editorial. Más información en www.jorgeeduardobenavides.com 

Bibliografía

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Un millón de soles (2008). Alfaguara 

La noche de Morgana (2005). Alfaguara

El año que rompí contigo (2003). Alfaguara

Los años inútiles (2002). Alfaguara

Cuentario y otros relatos (1989). Editorial Okura

Premios

2003 Finalista del Premio Rómulo Gallegos

2003 Finalista del Premio Tigre Juan de novela

2003 Premio Nuevo Talento FNAC

2000 Finalista del Concurso NH de Relatos

Premio de Cuentos "José María Arguedas" de la Federación Peruana de Escritores

1989 Finalista de la Bienal de Cuentos COPE (Lima)

 

Obras asociadas

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