El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
miércoles, 20 de agosto de 2008
Sesión XV. Cuentos Comentados
Como podrán observar en los ejercicios que colgamos esta semana, la resolución de la propuesta ha dado cuentos muy distintos, tanto en los estilos como en los contenidos. Pensamos que sería una buena idea proponerles un inicio como el del cuento de Rosa Montero pues queríamos que observaran una historia que va directo al grano, sin preámbulos ni rodeos ya que, a nuestro modesto entender, es una de las mejores formas que existen para manejarse en los relatos cortos: intensidad y precisión. El cuento es un artilugio que reclama extrema eficacia y de nada sirve que el narrador se detenga en cuestiones poco importantes ni que, peor aún, empiece con un preámbulo. Como en otras ocasiones, hemos elegido algunos cuentos por sus aciertos y también por sus pequeños fallos, para que así todos podamos observar, discutir y reflexionar sobre las diversas maneras que se han elegido para encarar este reto. Somos conscientes de que no ha sido una propuesta fácil, pero también creemos que es la mejor forma de aprender. Nuestras felicitaciones a todos.
También les queremos agradecer las aportaciones hechas durante la clase XV. Ha sido realmente estupendo ver como han participado en tan estupenda iniciativa, les animamos a que sigan planteando aportaciones tan enriquecedoras como ésta. Ya han visto los resultados. Y no se olviden de enviar los textos con el nombre y el número de la lección, que hemos recibido muchos sólo con título o sólo con nombre...
Buena semana a todos.
[Publicado el 06/6/2008 a las 11:05]
Holas y permítanme comentar los cuentos de esta semana que hasta ahora no había podido.
Al leer el cuento de Raúl me quedo con la impresión de que el párrafo inicial no encaja con el resto, por dos motivos: el primero tiene que ver con el papel de la Vieja, a quien “el frío metido entre los huesos” refiere claramente, en mi opinión, a que ella es quien se está bañando en “el agua bien caliente”, cosa que no tiene mayor relevancia cuando, en el último párrafo, se descubre la incógnita; y lo segundo es el estilo, ya que el primer párrafo hace uso de comas y también de la “y”, lo que aporta una atmósfera de desasosiego que se mantiene en las siguientes líneas pero en otro tono, ya que Raúl utiliza más puntos y compone oraciones un tanto más largas, quizás con la intención de redondear la anécdota, ingeniosa por cierto. Tal vez con desarrollarla más el cuento agarre cuerpo y todo se integre mejor.
En el cuento de José, sin embargo, el tono del primer párrafo se mantiene a lo largo de todo el texto, haciendo un excelente recorrido mental en el que las reflexiones del protagonista acerca de la vejez de los ajenos y los propios agobian –a esto contribuye también la ausencia de párrafos… es decir, se trata de un solo gran párrafo en realidad-, conmueven y hasta hacen reír –el apunte que hace sobre la nuera de la señora Viudes me dio mucha risa. El reloj se transforma en un objeto cargado de significado, no solamente como el pretexto para hablar del padre, que a su vez queda en entredicho en el amargo giro final, sino por concentrar en él la inclemencia del tiempo que destruye a su paso. Me quedo con estas palabras: “… mientras las manecillas del reloj de papá se entretienen levemente cuando pasan por la niebla que ahora hay entre las nueve y la una y mientras las gotitas de la esfera hacen que el diez se desdibuje, aunque yo sé que está por ahí el diez, pero de alguna forma ya no está más…”. Megustó mucho este cuento.
Finalmente, el cuento de Rafael no lleva el tono del primer párrafo al extremo del de José, pero tampoco deja de integrarlo con el resto de la historia –me parece que lo logra porque se toma el tiempo de darle forma al relato, haciéndonos olvidar que las primeras líneas son ajenas-, historia que está escrita con minuciosidad y transmite toda su nostalgia con efectividad. Lo que no me termina de convencer es el cierre. Cierto que el final sorprende y hace que el relato se transforme ante los ojos. Pero, una vez leído, ya no queda nada por descubrir después. Una sola lectura y ya. Quizás, si el final no resultara tan concluyente, si dejara espacio a la ambigüedad, a la duda, se pueda evitar que el cuento tenga una sola vida.
Comentado por: Eduardo Izaguirre el 12/6/2008 a las 05:35
Hola,
Me gustaría participar en la discusión metaliteraria sobre el artículo de Muñoz Molina (MM). En primer lugar porque siempre me hace mucha gracia este tipo de posición en un artículo de opinión, que es la posición del que toma partido para decir no tomarlo (por/para estar en el "justo medio"). Me llama la atención hasta la forma de exponerlo (MM es un auténtico maestro) cuando se excusa al poner la opinión más radical en boca de ¿Elvira L.? cuando cita “me avisa la presencia querida”.
Por otro lado, desde mi punto de vista hay gran parte de verdad en su visión del asunto literario (o como queramos llamar a la producción y consumo de objetos escritos de ficción): me parece impagable la frase “ porque a la ficción le pedimos que nos cuente un cuento y que nos cuente el mundo, que transmita la experiencia en el estado más puro posible y a la vez que le dé forma, y entre esos dos polos magnéticos andamos a tientas buscando el punto inseguro de equilibrio”. La palabra clave es “a tientas”.
También me parece que Goytisolo, Zafón y MM tienen más puntos en común de lo que creen. ¿Qué los une (a los tres)?: el compromiso con su obra: los tres hacen literatura de forma absolutamente necesaria para ellos mismos, me atrevería a decir que para su propia supervivencia. Les resulta imprescindible escribir (y ser leídos y ser queridos). Su posición en el universo literario no es diferente de la que cada cual adoptamos cualquiera ante la vida y, en esa topografía, los hay centrados donde la mayoría pero también excéntricos. Aunque, de entrada, me caen mejor estos últimos, porque son los que abren más puertas, todos son necesarios…si realmente están vivos.
Un abrazo,
Pepe
Comentado por: pepe aguilar el 11/6/2008 a las 13:36
Muñoz Molina, parece creer más en el azar el hecho de tener éxito y vender libros. Incluso cita a Ruiz Safón, escritor de masas como elemento necesario para editoriales, ya que gracias a “la pasta” que producen sus libros las editoriales pueden permitirse la publicación de los libres que no lee nadie. (Curiosa reflexión) Critica directamente a los “legisladores de las letras” que son aquellos escritores que dicen que la literatura tiene que ser de una y no de otra manera. Y que siempre escogen los modelos a los que ellos se parecen
Muñoz Molina dice en su artículo que el gusto cambia y lo que fue exquisito se queda fósil y con el paso del tiempo, lo vulgar resulta lo más sofisticado.
Cuando habla de Ruiz Zafón y de los millones d e libros que vende, es porque celebra la cultura de masas y detesta los “rollos patateros” que escriben los otros que frecuentan los “mundillos literarios” habitados por críticos literarios y novelistas obsoletos.
Impactante la frase donde dice , “El talento de Zafón está en que lo lee todo el mundo y el de Goytisolo en que no lo lee nadie” Y continua, “Hay más gente que lee una novela infame que lee una magnífica novela”
Desde mi punto de vista y con mis respetos hacia todos los que escriben, es posible que Muñoz Molina tenga razón para opinar como lo hace, pero al final de su articulo cita algo de Camus que a mi me ha encantado.
Cada uno que haga su trabajo como sepa y como pueda, porque más allá de la página, no hay nada seguro.
Comentado por: ana Herrera el 11/6/2008 a las 10:30
El artículo de Muñoz Molina parece uno más de los muchos que escriben los consagrados para que los lean sus colegas. Ay que ver como están siempre diciéndose cositas entre ellos y cómo todos y cada uno se creen poseedores del secreto del equilibro. No se puede quejar Muñoz Molina de cómo le han ido las cosas. Recuerdo una novela extraordinaria de él: “En ausencia de Blanca”, las otras que he ojeado no dejan de ser más y más de sí mismo y, a veces, encima, con un sentido de la utilidad social que chirría bastante frente a la realidad de la vida. A cambio, él tiene dinero y su sitio en la Real Academia. Vamos, que no puede quejarse; tiene muchos lectores que le quieren y le compran y eso, a fin de cuentas, es lo importante aunque, seguramente, gran parte de sus novelas no superarán la aventura del tiempo, ni dentro de 150 años utilizarán en un artículo una cita suya como él utiliza la de Camus.
Es cierto que cada escritor intenta establecer las bases de lo que considera lo óptimo en literatura (cosa que nada tiene que ver con legislar), y difundirlo generosamente. Eso no sólo no es criticable sino que constituye una fuente importante de aprendizaje en varios campos. Y en cuanto a que “cuando un escritor dice admirar mucho a un maestro lo que está haciendo es admirarse y vindicarse por su mediación a sí mismo” querría yo opinar lo siguiente: Muy seguro está Muñoz Molina de que las cosas son así y ciertamente son así en algunos casos y para algunas gentes. Desde luego no para otras. Es curioso porque con su novela “El viento de la Luna”, que no tuve más remedio que leer minuciosamente para hacer un trabajo, tuve esa misma sensación sobre él: con mucho sentimentalismo y rememorando otra época, se estaba vindicando a sí mismo y a lo suyo. Hay un refrán africano que dice que cuando señalas con tu índice a alguien hay otros tres dedos tuyos que te están señalando a ti. Y en esa rueda estamos todos.
Aparte de mis opiniones, que pueden ser o no acertadas, sé que Muñoz Molina es una excelente persona y un maestro en el oficio de armonizar las palabras unas con otras.
Un saludo y mis mejores deseos para que esta página, que yo considero estupenda, prospere cada vez más.
Comentado por: lula el 11/6/2008 a las 10:26
Respecto al artículo de Muñoz Molina yo creo que hoy en día la mayor parte de los productos culturales son eso, productos. Más aún, son productos de consumo rápido. Pocas son las obras literarias, escénicas, cinematográficas que se decantan por la investigación o la innovación. Si todo el mundo hiciera lo que Zafón, terminaríamos adormecidos, tremendamente aburridos, sin nada que leer o ver que nos revolviera el estómago, que es para lo que existe el arte. Por cierto, todavía no conozco a nadie que haya conseguido terminar La sombra del viento. Yo no lo conseguí. ¿Vosotros lo habéis leído?
Por esta razón, creo que hoy en día priman los integrados. Los apocalípticos, salvo por alguna casualidad cósmica que les hace llegar a las masas, crean para el disfrute de las minorías.
Comentado por: Andrés González el 10/6/2008 a las 23:56
Gracias, Pepe, al leer tu dato me sonaba el título, he buscado en mi biblioteca y, sí, tenía ese libro de cuentos cortos, ahí, delante de mí en un estante, con ese "La vida fácil" de sugestivo inicio. Lo compré hace cuatro años y ni me acordaba de él. Tengo bastantes textos de Rosa Montero. Dejamos el análisis de su obra para un futuro seminario interactivo.
Comentado por: Rafael Borrás el 10/6/2008 a las 23:00
Comentado por: pepe aguilar el 10/6/2008 a las 21:33
Deseo iniciar mi comentario de los relatos a partir del tema propuesto en la clase XV, “El inicio de un cuento”. Y me parece que el reto de esta semana no era tanto encontrar ese gancho al lector en las primeras líneas, dado que eso ya lo logra Rosa Montero en las frases proporcionadas, sino más bien saber continuar el ritmo y fuerza para continuar coherentemente a lo largo del relato. Así que para poder comentar sobre los cuentos de los compañeros, la base es evaluar los elementos que mantienen esa coherencia, ya que se nos daba el tipo de narrador, tono y algo del personaje, y quizás lo mas importante, “el conflicto”. Era sumamente importante saber desmembrar el conflicto. Como bien dijo Jorge: “siempre pasa algo, que le sucede a alguien”.
Pepe Aguilar: logra continuar muy bien a partir del inicio propuesto y jugar con los elementos que se nos dan. Un monólogo interno que se extiende, para transmitir una historia muy evocativa, al partir de los elementos proporcionados “la vieja” y “el reloj”, y los une al “tiempo” de acción y de vida de los personajes. Nos regala reflexiones, cotidianidades y conflictos al sembrar la duda de la legitimidad del hijo. La perspectiva del personaje sobre lo que sucede o ha sucedido, de tal forma que siempre regrese al reloj como parte del conflicto suministrado. Muy bien resuelto por Pepe. A lo mejor para mi gusto personal, se pierde un tanto al internarse en ese geriátrico mundo y me da la sensación que se entrampa un poco, y por momentos no fluye la narración.
Raul Cuestas: en base a lo mismo, me parece que falta parte del conflicto, al no incluir el detonante que el reloj se ha descompuesto, (ya está, pensé, me lo cargué…). Claro, cabe la posibilidad que lo obvió a propósito para no caer en una exposición forzada. Pero me da la sensación que no logra darle la continuidad, la fuerza necesaria a la frase inicial. Aunque muy bien por lograr manejar lo corto del relato para transcribir algo.
Rafael Borrás: a mi gusto es el que de mejor manera logra construir el cuento a partir del párrafo inicial. Mantiene la coherencia de los hechos iniciales y juega muy bien con la elipsis del reloj durante todo el cuento. Mantiene al lector prendido y dosifica adecuadamente la información. Es un relato redondo, que fluye y nos presenta un final para algunos sorpresivo. Muy bien por Rafael.
Y recuerdo con él, en cuanto al comentario de Alicia. Es importante imponerse retos, como escribir bajo la perspectiva de un género distinto. Recordemos que un compañero acá en el taller, no ha sabido afrontar esos retos, de tal forma que no se produce, no se escribe nada, sino tenemos el coraje de hacerlo.
Comentado por: Alvaro Arrivillagaa el 10/6/2008 a las 21:02
Hola Rafael,
El cuento de Rosa Montero lo encontré en edición de bolsillo, en una librería (FNAC-Murcia). No recuerdo ahora el título (¿Amores...?). La verdad es que los que he leído, incluido este están bien y he de decir que, artículos aparte, sólo he leído una novela de esta autora llamda "Temblor" que no me gustó nada y me predispuso contra el acceso al resto de su obra. Cuando llegue a casa te busco bien la referencia.
Un abrazo,
Pepe
Comentado por: pepe aguilar el 10/6/2008 a las 17:41
Hola amigos: no consigo llegar al artículo de Muñoz Molina. Me he repasado todos los que vienen en el pais (titulos, claro) no lo encuentro, me conformaré con leer vuestros comentarios, Un saludo afectuoso de Ana Herrera
Comentado por: Ana Herrera el 10/6/2008 a las 16:45
Pepe, si has encontrado el texto de Rosa Montero en algún rincón de internet, por favor, pon la referencia por aquí porque me gustaría tenerlo. Yo lo busqué y no lo encontré. Y muchas gracias, por eso y por tus palabras. Seguiremos leyendo. Sí que había una ligera trampa, o mejor pista, en el cuento. Los que ya tenemos una edad y somos de pueblo, recordamos las procesiones de animales cada 17 de enero, festividad de su patrón, San Antonio Abad (aquí tenemos la pista con la estampita a los pies de la palangana), ante cuyo altar había que presentar los bichos (a poder ser en ayunas porque así les hacía más efecto el agua milagrosa). Cuando yo tenía doce años llevé a mi canario Leopoldo, mudo y muy enfermo el pobre, para que el santo lo bendijera y, si cabía en su voluntad, lo sanara. Al terminar la procesión, en un descuido el gato de mi tía Federica, desesperado de hambre y frío, abrió con la pata la jaula y se zampó a mi Leopoldo recién bendecido, que no llegó a decir ni pío. Fue la primera eutanasia compasiva que presencié en vivo, y San Antonio Abad se instaló desde entonces en mi memoria para siempre jamás. La del cuento de la Vieja, naturalmente, es cien por cien inventada.
A Jorge: no sé si Goytisolo es académico de la lengua, pero Muñoz Molina sí lo es y, desde luego, Ruiz Zafón no, ni creo que le importe. El artículo de Muñoz arroja sal en la herida más lacerante de la literatura actual: la extrapolación de las feroces leyes de mercado a un sector saturado que nunca las debió admitir, pero que necesita facturar a toda costa. Algo similar ha ocurrido en el deporte y desde hace muchos años es coto de mercaderes. Muñoz Molina es, para mi gusto, un exquisito narrador con una impecable formación humanística, pero que observa estupefacto cómo las servidumbres económicas imponen cada días más directrices en el escaparate de las librerías que poco o nada tienen que ver con la calidad. Venga o no a cuento, los escritores se transmutan en emisores de opinión a poco que les pongan un micrófono a tiro, algo, por otra parte, comprensible en un oficio tan austero y solitario como el de la creación literaria. El texto de Muñoz daría para una charla de varias horas y algunos whysquis, y esto solamente es un blog. Al margen de ello, me parece un artículo excelente, irónico y certero, como casi todo lo que sale de las manos del marido de Elvira Lindo.
Comentado por: Rafael Borrás el 10/6/2008 a las 16:15
Hola,
Ante todo, gracias por haberos leído el texto y por los exageradamente elogiosos comentarios de algunos de vosotros. Lo cierto es que trabajé bastante el tono del relato, incluso encontré y leí el relato de Rosa Montero previamente (lo que fue un auténtico problema porque luego me costó mucho desviarme a otro argumento distinto al del cuento original); además intenté adoptar el tono y el estilo del párrafo inicial (que no se parece mucho a lo que yo suelo escribir) y colocar el epíteto de “la Vieja” en un lugar que me permitiera tratar bien a ese personaje y a su cuidador, de forma que éste despreciara a la demencia, a la cruel forma de desaparecer de algunas personas y no a la mujer a la que cuidaba (que para él había “desaparecido”, en algún lugar). Por otro lado, efectivamente, el monólogo intenta hacer evidente lo que los psiquiatras llaman una “idea invasiva” que es esa que te persigue y se te presenta, inexorable, evocada por cualquier detalle más o menos relacionado (el reloj que se empaña, la mirada de la demencia…) y hacer temblar el suelo también bajo los pies del personaje que (teóricamente) se puede defender, el único que tiene su mente intacta, pero un pasado falseado, del que no podrá recobrar la verdad ¿a quién olvidará o recordará él a partir de ahora como su padre? ¿cuáles son sus recuerdos “de verdad”, si se mezclan con los de los ancianos desmemoriados, confusos?. Ese era el “final” de la historia (quizá demasiado abierto, por lo que siento volver a explicarlo aquí de nuevo; es muy posible que el relato tenga el fallo de no leerse demasiado claro, como sugería Alicia). En fin, reitero mis agradecimientos.
Sobre el cuento de Rafael, me gustó muchísimo y me dio de lleno (probablemente como él pretendía). Incluso he hecho el ejercicio de releerlo un par de veces para ver si le encontraba alguna trampa por el que nos hiciera representarnos (creo que a todos les pasó lo mismo) a una mujer, que luego resultó “canina”. Y no, no hay trampa: hasta la imagen del santo la trajo otra persona al baño y los cosméticos pueden ser perrunos ¿por qué no?. Muy bueno como relato con final chocante. Y fantástico vocabulario e imágenes. Cuánto debe haber leído Rafael, imagino. Y qué bien digerido.
El de Raúl, coincido con otros comentaristas que, a pesar de su eficacia como anécdota, le falta algo más de recorrido, para mi gusto. No obstante el contraste con el tono que yo imaginé de entrada me resulta muy aleccionador: en un relato, un buen golpe de timón a veces encuentra la ruta más eficaz. Un pero: ¿a quién lo tiran de broma a una bañera y le calientan el agua?.
Abrazos,
Pepe
Comentado por: Pepe Aguilar el 10/6/2008 a las 13:52
A ver ahora:
http://www.elpais.com/
articulo/semana/integrado/
apocaliptico/
elpepuculbab/
20080607elpbabese_5/Tes/
Comentado por: Andrés González el 10/6/2008 a las 00:59
El enlace está incompleto, el bueno espero que sea este:
http://www.elpais.com/articulo/semana/integrado/apocaliptico/elpepuculbab/20080607elpbabese_5/Tes/
Comentado por: Andrés González el 10/6/2008 a las 00:57
Estimados amigos,
les copio un enlace muy interesante sobre un reciente artículo de Muñoz Molina aparecido este sábado en el Babelia. A ver qué opinan ustedes al respecto
saludos a todos
Jorge
http://www.elpais.com/articulo/semana/integrado/apocaliptico/elpepuculbab/20080607elpbabese_5/Tes
Comentado por: Jorge el 09/6/2008 a las 15:47
Raúl se ha lanzado a un texto muy corto y explícito. Lo veo como un suceso personal narrada con dos trazos y mucha rapidez, de manera que toda la acción transcurre en pocos minutos. Hay más elementos de la historia sumergidos que mostrados, aunque la claridad de los acontecimientos expuestos explica sin decirlo qué fue todo lo que ocurrió antes de que el narrador se cayera en la bañera.
Pepe se ha embarcado esta vez a escribir un monólogo. Es difícil hacerlo sin resultar monocorde, y creo que ha cumplido perfectamente con la propuesta a base de una serie de pensamientos ensamblados que transcurren por la cabeza de este auxiliar de clínica que está bañando a una anciana decrépita. El texto tiene varios puntos para la reflexión, todos interesantes: el devenir inexorable del tiempo, la terrible aparición de la demencia senil en algunos ancianos, la rapiña de los familiares, la propia historia familiar – con ese sutil e inteligente apunte sobre la posibilidad de que el narrador sea hijo ilegítimo –, la cuña de una historia dentro de otra con las líneas que dedica a las peripecias en aquellos noviazgos de esquina de calle, la monotonía de un oficio ingrato y mal pagado, y toda esa descripción de detalles en cuanto a objetos sanitarios, protocolos de atención al encamado, etc. etc. y, sobre todo, la atmósfera de fin de camino, de olvidados sufrimientos – estas cosas nunca serán portada de telediarios - de última estación, que envuelve a los párrafos. El lenguaje lo encuentro rico, ameno y muy ajustado a la historia. Estupendo, Pepe.
Agradezco los comentarios hasta ahora referidos a mi cuento, y los que vengan, sean cuales sean. En cuanto al de Alicia sobre que un hombre como yo escriba adoptando la personalidad de una mujer, quisiera explicarte, Alicia, que la idea de hacerlo esta vez - como la anterior, en un cuento mucho más frívolo – viene de una imposición: la de que este taller me obligue a escribir ciñéndome a ciertos corsés. He redactado con voz de mujer creo que cuatro textos en toda mi vida, y dos están en este blog. Cuando fabulamos opino que somos como actores de la palabra escrita: adoptamos una identidad ficticia y, a la vez, esa identidad echa a andar a otros personajes más o menos ficticios, en momentos y espacios también medio imaginados – o medio reales -. ¿Por qué no, salga mejor o peor, transmigrarse en una mujer al escribir, como una mujer hacerlo en un hombre? ¿O por qué no en un anciano analfabeto? ¿O en un objeto inánime? ¿O en un arcángel? Las posibilidades son infinitas. Creo que atenerte a lo que Jorge nos indica cada quincena conduce a escribir no como a uno le sale de natural, sino siguiendo directrices impuestas, en ocasiones apartándote de tus esquemas mentales habituales, de caminos trillados por asequibles. Para mí, contar algo como hombre, y sobre lo que veo o escucho a diario, en primera o en tercera persona, y en el tono que más me motiva y divierte es mucho más sencillo que lo anterior; pero creo que ello limitaría opciones creativas. De ahí la gran virtud de un taller como éste: el aprendizaje bajo una batuta y no al libre albedrío. El monólogo de Pepe de esta quincena, por ejemplo, me parece un estupendo malabarismo literario, algo distinto en fondo y forma, redactado de un tirón y sin treguas. Es bueno arriesgar.
Y más que un comentario a Alicia - a quien, repito, le doy las gracias de corazón por sus palabras - me ha salido una reflexión pública sobre el espíritu de este blog; y siempre con el aplauso sincero hacia los que entráis, leéis y opináis con cabeza; vosotros, miembros del estupendo grupo que hemos ido conformando durante estos meses.
Y, por último, en cuanto a despejar el cuento de brozas e imágenes, he de reconocer que me contengo cuando me enfrento a las concisiones innatas de un relato breve, porque mi genética y mis gustos me arrastran hacia una prosa más cercana a la de la novela. Aún así, añado que en este taller he aprendido a ir limitando los floripondios en los textos cortos; aunque, por lo que veo, me falta mucho camino por recorrer. Todo se andará.
Dejo la propuesta de Andrés para mitad de semana. Ya os he dado bastante la paliza con la sábana de hoy.
Feliz fin de semana.
Comentado por: Rafael Borrás el 07/6/2008 a las 14:31
Raul ha escrito un mini-relato desenfadado y alegre. Me temo que le ha pàsado como a mi,no hemos entendido bien la propuesta del profesor y por lo menos yo, me he ido por "los cerros de Ubeda".
Espero con impaciencia mi trabajo corregido, para comprobar si la falta ha sido grave. Raúl tu trabajo está simpático
aunque cortito.
Un saludo de ana Herrera
Comentado por: Ana Herrera el 07/6/2008 a las 13:56
Me ha gustado especialmente el cuento de Borrás porque creo que la literatura no sólo debe contar lo que ya sabemos todos sino llevarnos por senderos sobre los que no habíamos reflexionado antes. Puede dar lugar, en mi opinión, a una larga e interesante reflexión la frase que viene a referirse a la actitud de alguien que no conoce el miedo a la muerte. En fín, como dice el profesor el cuento quedaría mejor si se despejara, pero es uno de los cuentos con los que se puede ir más allá si se quiere. Un saludo.
Comentado por: Lula el 07/6/2008 a las 10:23
El relato de Aguilar, como siempre es un magnífico trabajo. En este caso, triste y con cierta ironía que subyace entre líneas, irónica y ácida donde los viejos son los protagonistas. Es la descripción de la vida misma con su crudeza y su realismo.
No se si mi comentario está a la altura del escritor, pero yo veo un relato muy bueno que he leído con mucho interés. Hay literatura “de la buena” en José Aguilar.-
Muy bueno el relato de Borrás. Ganaría en interés acortándolo un poco, tal vez porque el tema es duro y cuesta asimilarlo. La agonía, la eutanasia, la muerte, es una amalgama dura para el lector aunque no le resta mérito al tabajo porque es muy bueno.
Comentado por: Ana Herrera el 06/6/2008 a las 18:28
Salvo en el cuento de Raúl Cuestas, que enseguida lleva la narración al terreno de la acción, sin preámbulos ni rodeos, los demás cuentos publicados se decantan por la reflexión, en el caso de Pepe Aguilar, o en la sorpresa final, en el texto de Rafael Borrás. Estos dos últimos tienen otras cualidades como son el hallazgo del tono (repetición de palabras, enumeraciones de hechos, monólogo interior…) en el caso de Aguilar (muy logrado) y el dibujo de un cuento cerrado y completo en el de Borrás (no me esperaba el final, la verdad). El primero, el de Cuestas, sólo hace que dirigir el cuento en los términos en los que pedía la propuesta del taller, o sea, se ciñe a esta. Que, por cierto, creo que no decía nada sobre que el párrafo de Rosa Montero debía ser el núcleo al que el cuento debía volver, como se explica hoy.
Así que felicito a los autores pero animo a los participantes a delimitar en qué momento (párrafo o línea) empieza realmente la acción en cada uno de los cuentos.
-Aguilar: Yo diría que arranca en la frase “la misma mirada que empieza a anidar en mamá” (línea 17). Creo que es ese realmente el tema principal del cuento, la demencia de mamá y, especialmente, su recuerdo de un antiguo novio, Rafael. Así que el hecho de que la narración “se entretenga” con el cuidado de otros ancianos hace que la verdadera acción, la que debe estar centrada en la madre, se prorrogue y se confunda con una serie de casos más en su misma situación.
-Borrás: Creo que es en “pasaron por mi izquierda rodeando a la moribunda” (párrafo 6). El verdadero arranque de la acción tiene lugar cuando sabemos que la van a matar. Todo lo anterior es un preámbulo, escrito con gran riqueza y claridad pero preámbulo al fin y al cabo. La idea es: ¿hubiera sido lo mismo si el texto hubiera descrito un paisaje hasta el párrafo 6? Estoy exagerando a propósito.
-Cuestas: En “¿Cómo había caído yo en la bañera con la ropa puesta?” (párrafo 2). Su texto sólo quiere explicar esa anécdota.
Se aceptan opiniones.
Saludos.
Comentado por: Andrés González. mundodede.wordpress.com el 06/6/2008 a las 17:48
Muy bueno el cuento de Pepe, con interesantes reflexiones y precisión para delinear a su protagonista.
Tanto en el caso de Rafael como en el de Pepe, tenemos oportunidad de ir percibiendo su evolución ya que frecuentemente disfrutamos de sus relatos.
Las primeras producciones de Pepe me gustaron mucho, luego sentí que fueron adquiriendo mayor complejidad y eso creo que le quitó un poco de agilidad, de disfrute para el lector. De todos modos, sigo pensando que es el mejor de nosotros(al menos de los publicados).
En cuanto a Rafael, tiene descripciones muy logradas, y se nota que se esfuerza por impactar. Creo que cuando escribe en primera persona no debería adoptar el género femenino, como lo hizo también en otro relato anterior, porque no resulta tan creíble. Uno "siente" que el que habla es un hombre y le resulta incongruente saber que es una mujer.
Estos comentarios se los hago con todo cariño y respeto y con el afán de aportarles algo positivo. ¡Saludos!
Comentado por: Alicia el 06/6/2008 a las 15:22
Comentado por: Alicia el 06/6/2008 a las 14:40
Me gustó mucho el cuento de Rafael, aunque, para mi gusto, el sorpresivo final desvirtuó el clima que tan acertadamente había construido. Además, no me parece que cierre bien con los datos previos. Por lo demás, un excelente relato.
Comentado por: Alicia el 06/6/2008 a las 14:36
Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, Perú, 1964), estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega, en Lima. Trabajó como periodista radiofónico en la capital y en 1987 fue finalista en la bienal de relatos COPE (Lima); un año más tarde ganó el Premio de Cuentos José María Arguedas de la Federación Peruana de Escritores. En 1991 se trasladó a Tenerife, donde puso en marcha talleres literarios para diversas instituciones. Ha sido finalista del concurso de cuentos NH Hoteles del año 2000. Desde 2002 vive en Madrid donde continúa impartiendo sus talleres literarios. Su nueva novela, Un millón de soles, se publica en España en febrero de 2008.
Cursos presenciales en Madrid
Jorge Eduardo Benavides imparte cursos presenciales en Madrid y ofrece un servicio de lectura y asesoría literaria y editorial. Más información en www.jorgeeduardobenavides.com

Un millón de soles (2008). Alfaguara
La noche de Morgana (2005). Alfaguara
El año que rompí contigo (2003). Alfaguara
Los años inútiles (2002). Alfaguara
Cuentario y otros relatos (1989). Editorial Okura
2003 Finalista del Premio Rómulo Gallegos
2003 Finalista del Premio Tigre Juan de novela
2003 Premio Nuevo Talento FNAC
2000 Finalista del Concurso NH de Relatos
Premio de Cuentos "José María Arguedas" de la Federación Peruana de Escritores
1989 Finalista de la Bienal de Cuentos COPE (Lima)
20/8/2008 18:23
Publicado por: lula
20/8/2008 14:16
Cristina H: la cita tal y como...
Publicado por: Rafael Borrás
20/8/2008 11:02
Publicado por: Jorge
19/8/2008 23:06
Publicado por: Jorge
19/8/2008 19:01
Publicado por: Rimbaud
19/8/2008 18:57
Publicado por: Rimbaud
19/8/2008 15:06
Publicado por: Cristina_H
18/8/2008 17:33
Ya que da su permiso el profe (y...
Publicado por: Cristina_H
18/8/2008 11:21
Estimada Cristina, a menos que...
Publicado por: Jorge
18/8/2008 00:14
Publicado por: Eduardo Izaguirre
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