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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 4 de julio de 2008

 Consignas para escritores de Jorge Eduardo Benavides

Clase XIV. El personaje (…y III) planos y complejos

Un personaje, en atención al género donde se mueve y a la extensión por donde transita, puede ser básicamente plano o complejo, estático o dinámico, principal o secundario pues como veremos, no es lo mismo el personaje en un cuento o una novela. En el cuento, por su misma extensión, no es necesario una profundización tan exhaustiva como se requiere en la novela. A veces bastan dos o tres pinceladas, un par de adjetivos físicos y otros dos adjetivos morales, la coherencia de su accionar y poco más. Ello es así porque en el cuento cobran mayor importancia los eventos narrados. En la novela por el contrario es fundamental el personaje y sólo las buenas novelas logran que los personajes terminen conviviendo con nosotros a veces incluso cuando ya hemos terminado la lectura de las páginas de donde salieron. Pensamos en ellos como si su vida, una vez cerrado el libro, siguiera existiendo. Eso rara vez ocurre con los personajes de los cuentos, porque la dinámica empinada, llena de nervio y contundencia del cuento no soporta la larga reflexión que alimenta el desarrollo de una novela. Los personajes de los cuentos son pues como esas personas interesantes que un día se cruzan en nuestra vida y desaparecen sin dejar rastro: como ese jubilado alemán que conocimos durante un viaje en tren y que se bajó en otra estación después de una charla amena o intrigante, o esa chica que bailó con nosotros en una fiesta multitudinaria de fin de año y que nos contó cuatro detalles curiosos de su vida antes de desaparecer entre el gentío... personajes que intuimos ricos, complejos y fascinantes pero que apenas nos han dejado unos cuantos datos sobre su biografía, obligándonos a imaginar todo lo demás. ¿Son personajes planos? No, de ninguna manera. Son personajes apenas sugeridos, pero ricos, tanto como los de las novelas que poco a poco, página a página y capítulo a capítulo, vamos conociendo durante las doscientas, quinientas o mil páginas de la novela. Al final de la misma uno siente que este es un viejo amigo, es alguien con quien hemos compartido ese viaje intenso que conlleva toda ficción de largo aliento. En ambos casos se trata de personajes complejos.

Los personajes planos son aquellos cuya aparición en el cuento son muy tenues, apenas sirven como excusa para insuflar de vida una anécdota. De ellos no conocemos apenas nada, quizá un detalle físico, quizá una mínima característica física o psíquica («La hermosa taquígrafa avanzó invulnerable...» como dice el cuento de Benedetti.  El narrador no se detiene más que en lo contingente, en lo mínimo indispensable para entender el mecanismo de su actuación, que suele ser muchas veces concreta, intensa y efímera.  Mientras más breve el texto más reducido queda el personaje a lo esencial, al trazo breve de su existencia.

También existe la división entre principales y secundarios, es decir entre protagonistas y deuteroagonistas o antagonistas.  Estos dos últimos son respectivamente lo segundos de la acción aunque cabe matizar que en el primer caso ello es exacto mientras que en el segundo no siempre, pues a un antagonista puede suponérsele por su carácter opositor un nivel protagónico.  Eso dependerá de muchos factores, de la intensidad con que aparezca esa lucha entre ambos o  del nivel de imprescindibilidad que queramos otorgarle al antagonista. Naturalmente, el peso de la historia recae sobre todo en el protagonista, pero ello no significa que los deuteroagonistas no tengan suficiente poder como para que en algunos momentos resulten decisivos para el funcionamiento de la historia. Para esto deben resultar secundarios pero complejos, al igual que los protagonistas:  a veces son complejos como en un cuento, a veces más elaborados. Lo  que ocurre es que esa complejidad, a diferencia de lo que sucede en los relatos más breves, es dinámica, es decir que se ofrece siempre mutante, progresiva. El carácter de los personajes va cambiando a medida que avanza la novela. Esto no significa necesariamente que al principio nuestro personaje sea un curita lleno de bondad y termine siendo un tipo capaz de atemorizar a Hitler. No, simplemente significa que su presencia se va llenando de matices, de datos que poco a poco configuran una imagen más exacta del mismo, ayudando así al lector a tener un retrato más profundo que se ha ido modificando de manera radical o sutil, pero progresiva. El personaje puede no ser dinámico sino más bien estático y aunque es más habitual en el cuento que en la novela quiere decir que su aparición en el texto narrativo obedece a un fin muy concreto y requiere una cierta inmutabilidad. Casi siempre representa un valor metafórico y esquemático (el científico algo tocado del ala,  el viejo sabio, el matón inescrupuloso).

Planos y dinámicos, deuteroagonistas y complejos, protagonistas y dinámicos, estáticos y antagónicos... la cuestión es que en realidad son categorías que pueden dar mucho de sí, siempre y cuando sepamos cuál es el registro en el que queremos que se muevan nuestros personajes, que los conozcamos bien y que seamos capaces de ofrecerlos intensos y verosímiles, ya sea con dos trazos o con todas las páginas de una novela.  

La propuesta de la semana

En esta ocasión les vamos a pedir que inventen un personaje, que nos cuenten los rasgos importantes de su personalidad, las líneas básicas de su vida: quién es, cómo se llama,  a qué se dedica y en fin, todo aquello que se les ocurra acerca del mismo. Pero no lo van a hacer partiendo de la nada, no. Lo van a hacer eligiendo alguna de estas fotos que hemos colgado y que las pueden encontrar en www.moderna.org/lookatme. Son fotos de gente anónima, por eso precisamente las hemos elegido. La idea es que cualquiera de ellos puede sugerirnos una profesión, un oficio, una personalidad y también una pequeña historia que nos explique el momento en que le tomaron la foto. Parte de la descripción de este personaje debe procurar arrojar luz  sobre qué ocurrió en el momento en que le hicieron aquella foto, porque posa de esa manera, o por qué sonríe o qué ocurría  en su vida (o pensaba) en ese instante como para ser digno de inmortalizarse... elijan uno de ellos, cualquiera, y cuenten su historia.  Podrán observar, además, que en algunos casos no se trata de un solo personaje, sino de dos, de manera que así podrán elegir protagonista o deuteroagonista, principal y secundario.  Eso sí, pongan en el inicio del texto el número de foto  que  escogieron.


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[Publicado el 16/5/2008 a las 15:30]

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Comentarios (2)

  • Personaje no1.

    Adolfo Cuatrecasas Cisneros, de 68 años, se notaba más cercano a la muerte que a la vida. Gustaba de pasar días enteros en lo que llamaba, su futuro jardín. Se vestía de domingo, se cargaba con una silla portátil, y se acomodaba viendo desfilar a la gfente, que atónita, incluso llegaron a fotografiarle.
    Había nacido en una familia tremendamente burguesa y cultivada, atea y republicana, y su educación estuvo cargada de acontecimientos históricos y amistades ilustres. Pero él decía que aquello se acababa, y que la mejor manera de pasar al otro mundo era concienciarse y poner buena cara. El humor es rasgo de inteligencia, soltaba cada vez que alguien le preguntaba por su extraña afición, y aquí estoy yo para demostrarlo. Se casó a los veinte años, y fue siempre fiel a su mujer, persona que por otra parte, no entendía su actitud de pasividad ante la vida. Ella siempre lo había seguido en sus estudios y sus negocios, pero ante esta situación se mostró tajante: Adolfo, le espetó una mañana de primavera, esta vez te irás solo.

    Comentado por: Juan Pedro López Aguilera el 29/5/2008 a las 16:42

  • Queridos amigos,
    hasta el lunes no podremos publicar la sesión correspondiente a esta semana ya que nos encontramos de viaje y desbordados de buenos textos. Os pedimos disculpas y esperamos vuestra comprensión.
    Un saludo cordial
    Eva.

    Comentado por: Eva el 23/5/2008 a las 00:23

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Biografía

Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, Perú, 1964), estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega, en Lima. Trabajó como periodista radiofónico en la capital y en 1987 fue finalista en la bienal de relatos COPE (Lima); un año más tarde ganó el Premio de Cuentos José María Arguedas de la Federación Peruana de Escritores. En 1991 se trasladó a Tenerife, donde puso en marcha talleres literarios para diversas instituciones. Ha sido finalista del concurso de cuentos NH Hoteles del año 2000. Desde 2002 vive en Madrid donde continúa impartiendo sus talleres literarios. Su nueva novela, Un millón de soles, se publica en España en febrero de 2008.

 

www.jorgeeduardobenavides.com

Bibliografía

/upload/fotos/obras/unmillondesoles_med.jpg

Un millón de soles (2008). Alfaguara 

La noche de Morgana (2005). Alfaguara

El año que rompí contigo (2003). Alfaguara

Los años inútiles (2002). Alfaguara

Cuentario y otros relatos (1989). Editorial Okura

Premios

2003 Finalista del Premio Rómulo Gallegos

2003 Finalista del Premio Tigre Juan de novela

2003 Premio Nuevo Talento FNAC

2000 Finalista del Concurso NH de Relatos

Premio de Cuentos "José María Arguedas" de la Federación Peruana de Escritores

1989 Finalista de la Bienal de Cuentos COPE (Lima)

 

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