El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 18 de mayo de 2008
El jardín 92. Contar
¿Cómo contar una historia? ¿Y qué contar exactamente? La pregunta aquí ya no es retórica, ni siquiera poética. O, en todo caso, de esa verdadera clase de poética que es la ética.
Vuelvo a algunas de las preguntas del principio.
¿Qué derecho tengo de contar el final de esta historia? ¿De exponer su desgarramiento? ¿De exhibir su desequilibrio?
¿Puedo hacerlo?
¿Debo hacerlo?
¿La ficción o, más ampulosamente, el arte justifican esta maniobra? ¿No se tratará, más bien, de otra manera de resaltar la indiferencia?
¿Escribir el dolor no será, también, acaso, una forma de neutralizarlo? ¿Una simple justificación de mi distancia?
¿Ha de narrarse la degradación del amor paso a paso, como si se tratara de una secuencia de hechos tersa, impecable? ¿Cómo si observase, ya lo he dicho, a una bacteria bajo el microscopio?
¿O se vale alterar los hechos, protegerla con metáforas desligadas de lo vivido?
¿Qué historia nos pertenece? Y, repito, ¿cómo contarla?
[Publicado el 21/4/2008 a las 17:29]
Don Jorge:
¿Quién duda? ¿Usted o su narrador? Escribir es un don que puede perfeccionarse con técnica y disciplina. Sin embargo, el escritor no puede cuestionar hacer uso de su don. Es inevitable. Es su responsabilidad darle forma.
Por otro lado, la pareja de un escritor SABE que su historia será contada en algún momento; en caso contrario su presencia fue aséptica y no merece la pena. Siempre es preferible que se escriba de uno, aunque sea bien.
Ánimo.
B.
Comentado por: Beda el Venerable el 23/4/2008 a las 17:08
Los cadáveres están ahí, entres o no en la morgue. El cine lo hace, los documentales, etc, ¿por qué no la literatura?
Lo que encuentro a faltar en todo esta disertación es el humor, ¿por qué no reírse del dolor? Ironía, que no cinismo, si lo prefiere. Tanto dramatismo suele insuflarme ganas de reír, otra forma de afrontarlo.
Comentado por: humor el 21/4/2008 a las 22:02
Creo que el punto medular de todo esto es el aspecto ético del escritor, y si debe o no acercarse al dolor humano y la degradación del amor para mostrarlos como quien entra a la morgue y sin pudor alguno exhibe los cadáveres a los demás. Considero que en la medida en que el propio fuste moral se halle a la altura de la tarea, el resultado será un texto sincero. Es más, pienso que los propios temas están listos para ser abordados por narradores de distintos calibres: desde aquellos visionarios que reducen el trabajo del escritor a la descripción puntillosa de una paja, hasta quienes han comprendido que lo humano no sólo se restringe a los límites de lo físico y sus humores.
Comentado por: Gustavo Guerrero el 21/4/2008 a las 21:28
"¿Puedo hacerlo?
¿Debo hacerlo?"
Como dice Noa (en eso estoy de acuerdo también), con honestidad supongo se puede hacer. Claro que, el límite entre lo que se puede y se debe contar es un código ético personal, traspasarlo supone un riesgo para usted que solo usted puede correr. (No había caído, claro, el autor dice que es real, vamos a suponer). ¿Cuál es el miedo: hacer daño a alguien? Supongo que el daño ya está hecho, explicarlo no sé si añade más dolor, clarificarlo puede ser salvífico.
La putada para un escritor es que normalmente lo hace público, expone su dolor y el de las personas implicadas, lo que hace que la intimidad se vea en peligro. Ahí encuentro el dilema del escritor, el si debe o no, pero eso Sr. Volpi tendrá que decidirlo usted solito.
Comentado por: dubitando el 21/4/2008 a las 21:08
Ninguna historia nos pertenece por completo, ni siquiera las que son puramente ficción.
Sobre lo otro,
¿Y si no es la historia del desamor lo que está diseccionando? ¿Nunca ha consierado la idea de que quizá es usted el insecto bajo el microscopio?
Tal vez contar esta historia, con o sin final incluido, es la única manera que tiene de explicarle a aquellos a los que ha lastimado los porqués de su alejamiento frente al dolor del otro.
Quizá las personas que teme lastimar encuentren en su libro un tipo de respuesta.
No sería el primer caso --ni el último-- de la literatura como medio de expiación.
____
Y yo, como dubitativo, voto por la verosimilitud, aunque tendría que agregar también, honestidad.
Comentado por: Noa el 21/4/2008 a las 20:30
Por ejemplo: "¿Qué derecho tengo de contar el final de esta historia?". Teniendo en cuenta que prefiero las historias inconclusas, de esas abiertas a la interpretación del lector y todo eso, sin ánimo de hacer crítica literaria, de lo que no sé absolutamente nada, me pregunto: Si usted que es el autor no lo tiene ¿quién lo tiene?. Como decía antes, me da igual si la historia es real, lo que quiero es que sea verosímil, es decir, que usted como autor me cuente con toda la autenticidad de que sea capaz la historia. O si me quiere mentir (a mi como lector), manipular, usted es muy libre de hacerlo e incluso se lo agradezco. Que sea capaz de transmitir esa autenticidad para mi se acerca a mi idea de novelar, de narrar lo que sea. ¿Que no tiene derecho? Es lo que espero. (Seguro que en otra respuesta me contradigo, también estoy en mi derecho)
Comentado por: dubitativo el 21/4/2008 a las 20:15
Ufff, Sr. Volpi, ahora sí que entiendo que es retórica, o al menos abrumadora la cantidad de dudas que plantea. En mi caso, lo que haría es desmenuzar cada duda, cada pregunta, simplificarlas lo más posible y buscar una salida lo más digna posible a cada una. Claro, que yo no me gano la vida escribiendo, como se puede deducir fácilmente. ¡Ánimo! (lo de la paja no parece mala idea, seguro que se queda más relajado al menos)
Comentado por: dudemos el 21/4/2008 a las 18:43
Comentado por: Gracias el 21/4/2008 a las 17:33
Jorge Volpi (México, 1968) Es licenciado en Derecho y maestro en Letras Mexicanas por la unam y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca.
Es autor de las novelas A pesar del oscuro silencio (Joaquín Mortiz, 1992; Planeta, 2000), Días de ira, en el volumen Tres bosquejos del mal (Siglo XXI, 1994; Muchnik Editores, 2000), La paz de los sepulcros (Aldus, 1995; Seix Barral, 2007), El temperamento melancólico (Nueva Imagen, 1996; Seix Barral, 2004) Sanar tu piel amarga (Nueva Imagen, 1997; Algaida, 2004) y El juego del Apocalipsis (DeBolsillo, 2000) y de los ensayos La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968 (Editorial Era, 1998) y La guerra y las palabras. Una historia del alzamiento zapatista (Editorial Era en México y Seix Barral en España, 2004).
En 1999 obtuvo el Premio Biblioteca Breve por su novela En busca de Klingsor (Seix Barral, 1999), con la cual inició una "Trilogía del siglo xx", y de la cual se han publicado ediciones en veintisiete idiomas y más de treinta países. En 2004 publicó la segunda parte de la trilogía, El fin de la locura (Seix Barral) y en 2006 la última parte, No será la Tierra (Alfaguara).
Ha sido profesor en las Universidades de Emory, Cornell y Las Américas de Puebla y ha dado conferencias numerosas instituciones educativas en México, Europa, América Latina y Asia. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de México y becario de la Fundación John S. Guggenheim. Actualmente es director del Canal 22, televisión cultural del Estado mexicano.
No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España
Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España
Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España
Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España
La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España
El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España
Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España
En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España
El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España
Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España
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