El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
El jardín 48. Centro
[Publicado el 31/1/2008 a las 11:00]
Lo sabía, todo lo que el ser humano quiere, y todo lo que el ser humano aspira, y todo lo que anhela y necesita desde siempre y para siempre con todas las ansias de que el ser humano es capaz y con toda la intensidad de esas ansias desde el día que nace hasta el día en que perece, todo lo que el hombre en verdad quiere y necesita y anhela es ser una doughnut.
Salud.
(memoriafutura.net)
Comentado por: Doug el 01/2/2008 a las 21:22
Hasta ahora el único personaje de su novela que carece de cualquier centro es Ana. Así como los ateos no pueden dejar de hablar del dios en el que no creen; y los teóricos del anarquismo son hasta cierto punto paradójicos, así su narrador sigue volviendo a los mismos centros de los que quiere huir. Me da por pensar que quizá
es por eso que Ana le pide a su narrador con tanta insistencia una casa; y él se niega a dársela.
Destruirla, fragmentarla apropiársela, es la única manera que tiene su narrador de terminar a lo que aspira, pero jamás tendrá.
Pregunta para continuar con algún tipo de diálogo. Obviedades: ¿No es un poco cliché que las mujeres como Ana siempre terminen así en la literatura?
[A mí no se me da la poesía, así que lamento no poder continuar con el tono de los otros comentarios. Lo que yo hago son pedestres análisis literarios y usted me está dando la oportunidad de hacer algo que jamás había podido hacer antes: análisis por entregas. Normalmente mi estéril trabajo comienza cuando el del escritor termina y se desafana de su obra. Esta vez es diferente, es igual de inútil, pero más inmediato, gracias.]
Comentado por: Noa el 01/2/2008 a las 06:22
las ventanas de madera viva, aunque no cierren bien porque tienen su edad. no se disfruta de la edad de las cosas, no se las deja ser a lo largo del tiempo. la gente hace reformas. la forma.
la norma: aluminio.
ventanas mínimas pero correderas, horrores al 50%, ¿correderas hacia donde?
me acuerdo de mi padre pintando al minio las llagas del simca 1000, que hacía también su vida con nosotros.
pintaba las paredes con pincel fino.
pinceladas. vetas.
Comentado por: líneas, manchas, arrugas, tiempo el 01/2/2008 a las 01:31
muy bello, no es necesario cambiar la bombilla, lo hace siempre el viento, el, él es que se lleva las nubes si no hay cielo, es él. el mercurio no es bueno, es fiebre y veneno, pero sí tiene el color de esos árboles que huyeron de la tierra porque ya no les querían para su pelo, color escarlata, bermello, color del mercurio sin fiebre..
8 muy bello lo que ha dicho, y las paredes siempre de marmol, siempre y la escalera llega a todos los pisos, también es de marmol y los peldaños grandes, y en el último piso una ventana pequeña, la madera, la madera
Comentado por: Enea el 01/2/2008 a las 01:10
Comentado por: comentario trasladado el 01/2/2008 a las 00:25
También depende del factor viento. Las proporciones son importantes.
Si fueras grande y estuvieras sobre una mesa que no fuera de IKDOPH4Aakiea, ¡tal vez pensarías en la bombilla!
La bombilla puede ser un péndulo de foucasdsult si hay viento.
De pequeño en la cama, de noche, acostumbrándome a la oscuridad, miraba al techo y me imaginaba que era el suelo. Recorría entonces toda la casa con cuidado de levantar bien alto las piernas en las puertas para ir de una habitación a otra. La gravedad al contrario, las lámparas del techo (la araña de cristales del comedor) seguían tiesas hacia arriba. Sólo yo iba al contrario. No aparecían los familiares en ese juego.
Me gustan las cosas que cuelgan del techo, pero curiosamente no me gustan las lámparas de centro de techo. Suelo "desviarlas" hacia un lado o hacia otro lugar, con cables y giros varios. Los móviles me gustan también. Especialmente los que se mueven a lo Alexander Calder (bonitas sus fuentes de mercurio, por cierto).
Las cornisas eran zócalos. Echo de menos las cornisas de yeso en las casas, y los centros o rosas de falso techo, con sus formas. Ah, y los pavimentos antiguos de dibujos geométricos que eran calles para coches: posibilidades de tomar una alternativa siempre con giros bruscos permitidos. Hacer maniobras llegó más tarde.
maniobras...
(el listón de madera gastada que delimitaba el pavimento de cada estancia, y que servía para clavar las alfombras en invierno)
Casas bonitas. No importa mucho pero es importante.
Comentado por: antes de cambiar la bombilla el 01/2/2008 a las 00:13
si fuera pequeño-a y estuviera en una mesa, sobre... sobre una mesa, cerraría la puerta, porque si fuera pequeño y estuviese en una mesa, esa mesa ¿dice una mesa de las de los niños pequeños, con los bordes roma para que no se alejen? o no cueste más el golpe que loc ierto de una vena que cubre la madera.lo cierto es que no has dicho de que color es la mesa, ni si es de madera, ni es .... las vetas... las vetas... pondría el dedo en ellas.
Comentado por: Enea el 31/1/2008 a las 22:46
Si fueras pequeño y estuvieras sobre una mesa, ¿irías hacia los bordes?
La gota de agua que se acerca al borde de la mesa nos atrapa y nos suelta.
Comentado por: antes de saltar el 31/1/2008 a las 21:24
Comentado por: Enea el 31/1/2008 a las 13:56
Jorge Volpi (México, 1968) Es licenciado en Derecho y maestro en Letras Mexicanas por la unam y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca.
Es autor de las novelas A pesar del oscuro silencio (Joaquín Mortiz, 1992; Planeta, 2000), Días de ira, en el volumen Tres bosquejos del mal (Siglo XXI, 1994; Muchnik Editores, 2000), La paz de los sepulcros (Aldus, 1995; Seix Barral, 2007), El temperamento melancólico (Nueva Imagen, 1996; Seix Barral, 2004) Sanar tu piel amarga (Nueva Imagen, 1997; Algaida, 2004) y El juego del Apocalipsis (DeBolsillo, 2000) y de los ensayos La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968 (Editorial Era, 1998) y La guerra y las palabras. Una historia del alzamiento zapatista (Editorial Era en México y Seix Barral en España, 2004).
En 1999 obtuvo el Premio Biblioteca Breve por su novela En busca de Klingsor (Seix Barral, 1999), con la cual inició una "Trilogía del siglo xx", y de la cual se han publicado ediciones en veintisiete idiomas y más de treinta países. En 2004 publicó la segunda parte de la trilogía, El fin de la locura (Seix Barral) y en 2006 la última parte, No será la Tierra (Alfaguara).
Ha sido profesor en las Universidades de Emory, Cornell y Las Américas de Puebla y ha dado conferencias numerosas instituciones educativas en México, Europa, América Latina y Asia. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de México y becario de la Fundación John S. Guggenheim. Actualmente es director del Canal 22, televisión cultural del Estado mexicano.
No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España
Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España
Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España
Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España
La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España
El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España
Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España
En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España
El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España
Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España
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