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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Jorge Volpi

El jardín 15. Padre

Insisto: no sólo el dolor de Laila, sino mi dolor y el dolor que yo provoco y el dolor que yo contemplo. El dolor del otro: el dolor de Ana. Ella será el otro personaje central de esta historia. 

Padre 

El padre de Ana era un hombre del sistema, factótum de célebres políticos -célebres por su avidez y corrupción-, gobernadores, alcaldes, secretarios: la ralea que llevaba más de medio siglo enriqueciéndose a nuestra costa. Pese a sus cargos y prebendas (reconozco su desprecio por el lujo) se avergonzaba de sus compinches, todos le parecían cortos de miras o mezquinos. Pero jamás denunció sus trampas o cuestionó sus negocios excepto en confesiones off the record.

Joaquín Sandoval representaba la evolución más frecuente del espíritu de los sesenta (al menos en mi patria): seguía siendo un hippie con los cabellos grasosos y revueltos, si bien cortos, jeans y sandalias destejidas, camisas a cuadros y odio a las corbatas. Aun incrustado en los miasmas del Partido, él que había sido miembro del Consejo Nacional de Huelga, se presumía revolucionario: un marxista resignado a ser pragmático.

Apenas sonreía. Más bien se desbocaba en vigorosas carcajadas y toscos manotazos: como todos los de su especie dominaba el arte de camuflar las emociones. En la intimidad era brutal e intransigente (por fortuna viajaba todo el tiempo). Ana lloraba al calibrar el peso de sus manos. En más de una ocasión la tumbó a bofetadas -ella era la terca o la ingrata- y en raptos de amargura llegó a patearla como a un perro.

Ana juraba odiarlo. Lo veneraba.

Don Joaquín no era capaz de conversar, de pedir algo por favor, de un atisbo de ternura. Demostró ser generoso con su hija cuando la envió a una universidad privada en la capital -ella había crecido en Ciudad Valles- y la apartó de su temple incontenible.

Los padres de Ana nunca se casaron y apenas compartieron techo unos meses. Don Joaquín le llevaba a doña Esther más de dos décadas. Muy joven ella se prendó de los ideales de aquel chivo corpulento -entonces tenía ideales-, de su vehemencia y su fragilidad de niño marrullero. Él pronto se marchó para desarrollar su labor política, pero nunca dejó de enviarle cartas desde innombrables municipios: quimeras y proyectos de futuro, inventarios de plantas exóticas, recetas de platillos regionales.

Doña Esther y don Joaquín se amaron en voz baja y por la fuerza. La prueba: doce años después de Ana, y aunque trabajaban a cientos de kilómetros -ella en Ciudad Valles, él en Oaxaca-, procrearon otro hijo.

Cuando doña Esther murió -una mujer sutil, alargadísima-, él se consagró a velar por su memoria. Abandonó las filas del Partido y por un tiempo recuperó sus principios sepultados.

Para Ana él era un muro: sus manos todavía la espantaban. Y juraba que, para adormecer el miedo que le infligían sus palabras, a los diez años tuvo su primera borrachera.  

[Publicado el 10/12/2007 a las 10:33]

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Comentarios (2)

  • Jorge,

    Yo estoy muy lejos del mundo literario. Soy simplemente una fiel lectora tuya, desde hace algunos años. Me sorprende mucho lo que he leído en tu blog. Por qué? Porque al leerlo me da la impresión de que por primera vez quieres escribir sobre el dolor. A mi me parece que es un tema que has explorado desde siempre... e incluso, en primera persona: "Se llamaba Jorge, como yo, y por eso su vida me duele dos veces".

    Creo que la razón por la cual cada una de tus novelas me ha atrapado (si, literalmente, atrapado!) es el sentimiento de una intensa y paulatina inmersión en los laberintos emocionales (psicológicos?) de tus personajes, a través de relatos aparentemente "cartesianos" y, por momentos, falsamente fríos. El inmenso dolor -carnal, a la vez profundo y a flor de piel- que viví al leer las últimas paginas de 'No será la Tierra' fué sin duda una mezcla del dolor de todas aquellas mujeres y el mío propio. Me pareció entrever que ese dolor ajeno que se habia fundido finalmente con el mío no era otro que el tuyo, transformado, feminizado, novelado... no era así???

    Tal vez este efecto ha sido casi involuntario de tu parte. Tal vez hoy quieras, además, retirar los velos que te permitían disfrazar tu propio dolor en dolor ajeno, hablar en primera persona, gritar -para exorcisar- algunas de las angustias que te han acompañado en los últimos años. Yo que, repito, estoy muy lejos de todas las batallas literarias, encuentro esta iniciativa muy intrépida y mas aún al anunciarla con un blog en el que expones tus motivos internos al mundo entero... Espero con ansias la llegada de tu nuevo libro.

    Comentado por: C el 10/12/2007 a las 22:03

  • El jardín crece, tiene Padre, tiene a Ana y corrupción, o sea es un sistema...

    Comentado por: rolando gabrielli el 10/12/2007 a las 14:55

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Biografía

Jorge Volpi (México, 1968) Es licenciado en Derecho y maestro en Letras Mexicanas por la unam y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca.

 

Es autor de las novelas A pesar del oscuro silencio (Joaquín Mortiz, 1992; Planeta, 2000), Días de ira, en el volumen Tres bosquejos del mal (Siglo XXI, 1994; Muchnik Editores, 2000), La paz de los sepulcros (Aldus, 1995; Seix Barral, 2007), El temperamento melancólico (Nueva Imagen, 1996; Seix Barral, 2004) Sanar tu piel amarga (Nueva Imagen, 1997; Algaida, 2004) y El juego del Apocalipsis (DeBolsillo, 2000) y de los ensayos La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968 (Editorial Era, 1998) y La guerra y las palabras. Una historia del alzamiento zapatista (Editorial Era en México y Seix Barral en España, 2004).

 

En 1999 obtuvo el Premio Biblioteca Breve por su novela En busca de Klingsor (Seix Barral, 1999), con la cual inició una "Trilogía del siglo xx", y de la cual se han publicado ediciones en veintisiete idiomas y más de treinta países. En 2004 publicó la segunda parte de la trilogía, El fin de la locura (Seix Barral) y en 2006 la última parte, No será la Tierra (Alfaguara).

 

Ha sido profesor en las Universidades de Emory, Cornell y Las Américas de Puebla y ha dado conferencias numerosas instituciones educativas en México, Europa, América Latina y Asia. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de México y becario de la Fundación John S. Guggenheim. Actualmente es director del Canal 22, televisión cultural del Estado mexicano.

Bibliografía

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

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