El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
El jardín 14. Laila
Cuentan -aunque sólo Dios conoce la verdad de lo ocurrido- que en Mosul vivía un médico llamado Karim, a quien el Retribuidor había dotado de riqueza y astucia.
El doctor Karim había sido bendecido con tres hijos de singular apostura e inteligencia: Walid y Bashir, dos varones tan obedientes como piadosos, y una muchacha, Laila, la más pequeña y la más hermosa.
Y era Laila una sonrisa del cielo. Sus cabellos eran de oro y plata. Sus lágrimas, cuando lloraba, un gotear de perlas. Su voz, el canto de un pájaro. Y cuando sonreía un capullo de rosa se dibujaba en sus labios.
A sus diecinueve años Laila era madre de una radiante hija de dos meses, concebida en el más puro amor de su marido, un ingeniero de Kirkuk llamado Salih.
Se dice -aunque sólo Dios es testigo- que el doctor Karim se desvivía para sanar y consolar a sus pacientes sin reparar en su raza, credo o costumbres.
Otros afirman que el doctor Karim gozaba de la confianza de Uday, el hijo mayor del Abominable -su nombre sea maldito-, el cual solía convocarlo en sus aposentos cuando aparecía por Mosul con su séquito de esbirros. Al parecer era responsable de borrar las llagas que el mal humor de Uday imprimía en la piel de sus mujeres.
El doctor Karim jamás hablaba de sus visitas nocturnas a palacio y, cuando Laila le reprochaba su desvelo -una estrella en lontananza-, él rechinaba los dientes o mugía.
Cuando dio inicio la guerra y los combatientes del norte irrumpieron en Mosul, Laila vio como su padre, su esposo el ingeniero de Kirkuk y su radiante hija de dos meses caían abatidos por las balas de un peshmerga a las puertas mismas de su casa (por suerte sus hermanos se hallaban en la capital).
Laila perdió el habla y acaso la razón.
Una semana después ella también abandonó Mosul y, escoltada por un djinn que encontró en el camino -y su silencio-, partió rumbo a Bagdad, a pie, decidida a encontrar a sus hermanos.
La alabanza al Clemente, al Misericordioso, que creó la guerra, la desolación y la locura.
[Publicado el 05/12/2007 a las 09:59]
Comentado por: rolando gabrielli el 10/12/2007 a las 06:34
Es evidente que el texto busca recrear un estilo parecido al Corán, al Hadith e incluso alguna poesía Sufi. Y ya dije que me gusta. Pero la descripción de Laila es uno de esos lugares comunes que dice usted que aborrece y que sinceramente parecen salidos de un poemario rosa.
¿O no todas las lágrimas de las mujeres bonitas son perlas, no todos los labios capullos de rosas, no todas las voces cantos de pájaro?
Y que alguien me explique cómo son los cabellos de oro y plata... porque la combinación de colores parece un error de peluquería.
Todas esas son imágenes que utiliza un adolescente enamorado (¿Está su narrador enamorado así de Laila?) Aún si así fuera, creo que en función del texto puede valerse del estilo sin tener que caer en tanta metáfora trillada.
Comentado por: Noa el 10/12/2007 a las 04:32
Comentado por: rolando gabrielli el 09/12/2007 a las 23:06
Me hubiera gustado leer el comentario -amable- del señor leftazo. No sé porque se suprimió; de cualquier manera, sería interesante seguir discutiendo. (sin descalificar al otro, insisto, no se puede intercambiar puntos de vista si el otro es un enemigo).
Comentado por: Gorgias el 09/12/2007 a las 21:00
Se ha suprimido un comentario de mi amigo Leftazo. Se trataba de un comentario -amable- al señor Gorgias, quien precisamente habla de "democracia" y "corazones rotos". Qué curioso...
Comentado por: (...) el 09/12/2007 a las 12:37
Comentado por: rolando gabrielli el 09/12/2007 a las 05:53
Leftazo:
Dejemos a a un lado las tripas, el corazón roto ante el éxito ajeno, la voz destructora que todo lo sabe y todo lo mata (todos son tontos menos yo, todo lo que se publica es malo excepto lo que a mi me gusta...en fin), mejor participemos de la democratización de la literatura que este espacio posibilita. Este es otro Jorge, el otro usaba la literatura para transmitir su curiosidad,su pasión por el conocimiento. Este Jorge, por primera vez, nos usa para encontrarse, acude al veneno propio para emancipar sus demonios y hacernos cómplices de su dolor. Hay que leerlo en lugar de descalificarlo.
Comentado por: Gorgias el 08/12/2007 a las 23:27
Doña Anita:
Muy simple, cualquier camino que NO sea el del señor Volpi.
He leído este texto de don Volpi, me parece suficiente para expresar mi opinión, sí, a pesar de mi confesión.
Un saludo a los dos
Comentado por: Leftazo el 08/12/2007 a las 00:33
Comentado por: rolando gabrielli el 07/12/2007 a las 19:59
Don Leftazo:
una simple curiosidad, ¿Cual es el otro camino? y una pequeña duda ¿como puede usted saber que "no le va" un estilo a un escritor al que confiesa no haber leido?
Comentado por: anita el 07/12/2007 a las 13:08
Don Volpi:
Este estilo a lo Tagore, la verdad, no le va. Su indolencia relativista plagada de espías y científicos retorcidamente "iluminados" sonaba algo mejor. Es lo que me cuentan..., ay de mí, lo confieso, pues aún prefiero más releer a Tolstoi que frecuentar la prosa de los limpiabotas profesionales, ¿o no se recuerda usted de Robert Walser?
Un saludo desde el otro camino
Comentado por: Leftazo el 07/12/2007 a las 10:06
Perdón, pero no he podido pasar de la segunda línea. Y encima, me hizo bostezar la primera. Perdone, que sea sincero con esta entrada.
Comentado por: Apátrida el 07/12/2007 a las 09:59
¿Será que el dolor y la pérdida nos obliga a movernos? ¿A ser otros? ¿Será que nacimos para despedirnos, para decirle adiós a todo? ¿Perder lo que amamos nos entrega la posibilidad de ser sin tener? ¿Quién necesita un cántaro cuando tiene manos?
Comentado por: julia el 06/12/2007 a las 17:40
Los lectores podrían escribir Cien Años de soledad en los blogs...Oriente y Occidente gozan de una misma Luna...
Comentado por: rolando gabrielli el 06/12/2007 a las 06:51
No es que no me guste, pero que repitas dos veces que la hija es radiante, sinceramente no creo que funcione.
Comentado por: Noa el 06/12/2007 a las 02:55
Leo aquí cada día. No he dejado constancia de mi paso, pero hoy sí lo voy a hacer, y aprovecho para agradecerle su forma de "blogonovelar". Hoy me recordó un poema que creo que fue el que me dio este nick que estoy usando. Supongo que lo conocerá usted. Es de Meena, la mujer afgana. Ahí va:
NUNCA VOLVERÉ
Soy la mujer que ha despertado
Me he levantado y convertido en tempestad entre las cenizas de mis criaturas abrasadas
Me he alzado desde los arroyos de la sangre de mis hermanas
Me ha dado fuerzas la cólera de mi nación
Mis ruinosas y quemadas aldeas me llenan de rabia hacia el enemigo,
Soy la mujer que ha despertado,
He hallado mi camino y nunca volveré.
He abierto las puertas cerradas de la ignorancia
Me he despedido de todos los brazaletes de oro
Oh compatriota, ya no soy lo que fui
Soy la mujer que ha despertado
He hallado mi camino y nunca volveré.
He visto criaturas sin hogar vagando descalzas
He visto novias con jena vistiendo luto
He visto gigantes muros de prisiones devorando libertad en su feroz estómago
He vuelto a nacer en medio del coraje y la resistencia épica
He aprendido el canto de libertad en el último aliento, en las olas de sangre y en la victoria
Oh compatriota, oh hermano, no me veas más como débil e incapaz
Con todas mis fuerzas estoy contigo en la senda libertadora de nuestro país.
Mi voz se entremezcla con miles de mujeres en pie
Mis puños se enlazan con los puños de miles de compatriotas
Junto a ti he subido los escalones hacia el camino de mi nación,
Para acabar con todos esos sufrimientos y romper los grilletes de la escavitud,
Oh compatriota, Oh hermano, ya no soy lo que fui
Soy la mujer que ha despertado
He hallado mi camino y nunca volveré.
Comentado por: Volveré el 05/12/2007 a las 16:06
Comentado por: rolando gabrielli el 05/12/2007 a las 15:50
Jorge Volpi (México, 1968) Es licenciado en Derecho y maestro en Letras Mexicanas por la unam y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca.
Es autor de las novelas A pesar del oscuro silencio (Joaquín Mortiz, 1992; Planeta, 2000), Días de ira, en el volumen Tres bosquejos del mal (Siglo XXI, 1994; Muchnik Editores, 2000), La paz de los sepulcros (Aldus, 1995; Seix Barral, 2007), El temperamento melancólico (Nueva Imagen, 1996; Seix Barral, 2004) Sanar tu piel amarga (Nueva Imagen, 1997; Algaida, 2004) y El juego del Apocalipsis (DeBolsillo, 2000) y de los ensayos La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968 (Editorial Era, 1998) y La guerra y las palabras. Una historia del alzamiento zapatista (Editorial Era en México y Seix Barral en España, 2004).
En 1999 obtuvo el Premio Biblioteca Breve por su novela En busca de Klingsor (Seix Barral, 1999), con la cual inició una "Trilogía del siglo xx", y de la cual se han publicado ediciones en veintisiete idiomas y más de treinta países. En 2004 publicó la segunda parte de la trilogía, El fin de la locura (Seix Barral) y en 2006 la última parte, No será la Tierra (Alfaguara).
Ha sido profesor en las Universidades de Emory, Cornell y Las Américas de Puebla y ha dado conferencias numerosas instituciones educativas en México, Europa, América Latina y Asia. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de México y becario de la Fundación John S. Guggenheim. Actualmente es director del Canal 22, televisión cultural del Estado mexicano.
No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España
Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España
Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España
Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España
La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España
El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España
Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España
En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España
El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España
Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España
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