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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 23 de agosto de 2019

 Blog de Jorge Volpi

Experimentos

¿Por qué un país que durante décadas disfrutó de una paz relativa, o al menos de la sensación de una paz relativa, se despeña de un día para otro, en una violencia incontenible? ¿Cómo una sociedad que había presumido de un largo periodo de calma se convierte en un caos ingobernable? ¿Qué origina que un lugar en el que los delitos principales eran el robo o la violencia doméstica diera paso a cien mil muertos y treinta mil desaparecidos? Hace unas semanas la UNAM convocó a un grupo de expertos de distintas disciplinas -y a un escritor como yo mismo- a discutir sobre la violencia e intentar responder a estas preguntas.

¿Cómo es posible, en efecto, que el México de antes de 2006 fuera o pareciera ser un oasis de tranquilidad, al menos en comparación con el resto de América Latina, y luego se transformara en el escenario de una suerte de guerra civil? Por supuesto no es el único sitio donde algo semejante ha ocurrido: la Yugoslavia posterior a la muerte de Tito o Ruanda son ejemplos extremos de sociedades que, tras una era de tensos equilibrios, son capaces de destruirse a sí mismas.

            No se falta a la verdad si se contesta que la culpa es del gobierno de Felipe Calderón, que en diciembre de 2006 decretó irresponsablemente la Guerra contra el Narco, pero ello no basta para explicar el fenómeno. Sin duda, la intervención del ejército para combatir al crimen organizado resultó contraproducente, al agitar un sistema de por sí caótico sin prever las consecuencias: a partir de entonces los grupos criminales se atomizaron, comenzaron a despedazarse, y la precaria estabilidad del sistema previo, sostenida con alfileres gracias a una mezcla de tolerancia, corrupción y simple suerte, se hizo añicos. Pero, más allá de la pésima estrategia del gobierno federal, estamos obligados a explorar más a fondo esta súbita transformación de sus ciudadanos.

Los humanos somos seres con una alta propensión a la violencia: quizás, como creía Hobbes, ésta sea nuestra condición natural, modelada por nuestra respuesta evolutiva frente a un entorno hostil, y sólo un rígido entramado de autoridad y valores culturales es capaz de moderar o apaciguar nuestros instintos. Para explorar esta tendencia soterrada -la misma que dio lugar, por ejemplo, a los crímenes del nazismo-, en las décadas del cuarenta al setenta varios psicólogos realizaron distintas experiencias que, pese a las críticas que han recibido desde entonces, siguen funcionando como metáforas de nuestro comportamiento.

En Harvard, Stanley Millgram estudió nuestra propensión a seguir al pie de la letra las órdenes -así sean absurdas, inhumanas o crueles- de cualquier autoridad que consideramos mínimamente legítima: solo una muy pequeña parte de quienes participaron en su experimento tuvieron el valor o la conciencia moral para no dañar a sus semejantes. Después, John Darley y Bibb Latané acuñaron el concepto del "efecto del espectador" a partir del homicidio de Kitty Genovese, quien murió debido a la aparente indiferencia de sus vecinos cuando era atacada frente a sus ventanas. Por último, Philip Zimbardo nos hizo ver, con su experimento de la prisión de Stanford, que la sola idea de encarnar a la autoridad, y acceder así a un poder ilimitado, nos convierte en monstruos, como demuestran las torturas cometidas en Abu Ghraib -o en cualquier separo mexicano.

            Los métodos y resultados de los tres experimentos han sido severamente cuestionados desde entonces, pero su resonancia no ha hecho sino incrementarse con los años, como demuestra el alud de nuevos libros y películas sobre ellos. En resumen, nos describen como seres volubles e influenciables: basta con que se nos otorgue un poder sin paliativos -como el que disfrutan los miembros del ejército o los sicarios de los cárteles- para convertirnos en bestias sanguinarias.

            A diario presenciamos en México esta violencia sin cuartel. Y, si bien tendríamos que desentrañar los motivos y las causas en cada caso, todos responden a la ausencia de esos marcos sociales y simbólicos para frenar nuestros impulsos destructivos -ya frágiles en una democracia tan endeble como la nuestra, y erradicados por la Guerra contra el Narco-, y sobre todo a la eliminación de la empatía. Imposible hallar una solución única al caos que nos rodea, pero habría que empezar por instaurar por doquier, en las escuelas y fuera de ellas, una educación que difunda y refuerce esta idea que nos lleva a creer que una vida vale lo mismo que cualquier otra.

 

Twitter: @jvolpi

 

[Publicado el 24/12/2015 a las 15:12]

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Comentarios (7)

  • En la actualidad se vive en un mundo caótico y sin valores. en donde nuestros gobernantes solo ven por su bien común sin importarle la sociedad y sobre todos los mas desprotegidos como nuestros niños y nuestros ancianos. la guerra interminable entre los poderes y la lucha con el narco afecta a nuestra sociedad en común en donde nuestros jóvenes se ven involucrados y participan directamente como vendedores y consumidores de los mismos narcos terminando muertos o en prisiones.

    Comentado por: irais lopez arroyo el 18/1/2016 a las 00:22

  • Saludos.
    Yo creo que como dice brillantemente en su articulo el maestro Volpi, tenemos en nuestra esencia humana la violencia y eso la hemos visto en actos anteriores como cuando en un pueblo unos estudiantes fueron linchados por ser "supuestamente comunistas" como actualmente cuando fueron linchados unos agentes por supuestamente querían secuestrar a niños en Tláhuac o incluso cuando asaltantes son linchados o casi linchados por pueblos "hartos" por la inseguridad.
    Creo que no hay ninguna respuesta lógica para la violencia, pero aún así seguimos viendo ejemplos de nuestra capacidad para generar violencia.
    Esto aunado como bien han comentado a la pérdida de valores que deben ser inculcados en el seno familiar, la falta de guía de verdaderos profesores que nos orienten y guíen en nuestras escuelas.
    La falta de oportunidades de nuestros jóvenes. Eso aunado a lo comentado, malas estrategias del gobierno, etc. Han llevado a esta explosión de violencia,
    Las soluciones para esto son lo difícil, no porque no existan, sino porque las deben aplicar parecen no tomarlas en cuenta o se diluyen en promesas electoreras, así como por la falta de generar cambios en nosotros como sociedad.
    Nos toca una tarea complicada si realmente queremos una sociedad, menos violenta.

    Comentado por: Sandra Miroslaba Belmonte Mendoza el 16/1/2016 a las 22:09

  • México a dejado de ser un pueblo de justicia para pasar a uno de injusticia, por que notoriamente nos damos cuenta que la inseguridad de cada individuo crece desde la infancia ya que al ir a una escuela carente de valores los apodera con maltratos ahora ni los maestros son capaces de evaluar al alumno tal y como es, ya que ahora están obligados a pasarlos de grado, es increíble como ahora los mismos alumnos practican el bulling martirizando a sus compañeros acorrolandolos hasta un suicidio, entonces que va mal? si cada familia le dieran valores morales creo que crecería un México mas decente que no se deje llevar por la corrupción, y este es un pardeagua para ayudar a educacion, justicia, y valores desde la niñez pues ellos consideran que narco les dará un trabajo muy redituable, que triste que tantas vidas por injusticia y corrupción se pierdan, triste saber que México su peor enemigo sea el mismo y el no poder hacer nada por que ya ni siquiera el derecho de libre expresión que decreto Benito Juarez tenemos.

    Comentado por: Luz Adriana Cabrera Noriega el 14/1/2016 a las 23:58

  • Comparto la opinión de Erik con respecto a que este tipo de violencia ya existía desde más atrás; sin embargo hoy en día tenemos tantos métodos de comunicación que nos parece sorprendente los que puede ocurrir a nuestro alrededor.
    Creo que tiene razón Porfirio ya que tenemos que inculcar en la familia los valores que estamos perdiendo que también a lo largo del día o del camino son muy difíciles de recuperar, sin embargo creo que a pesar de que los medios de comunicación nos facilitan el estar informados, también son una contaminación para nuestros hijos; ya que en ellas podemos encontrar infinidad de violencias y faltas de respeto, esto es algo que también influye mucho cuando comienzan a tomar malas decisiones.
    Nosotros hemos educando a la sociedad que ahora tenemos y también es momento de hacer algo con tribuyendo con un granito de arena y corregir un poco esto; orientando, educando, amando y porque no decirlo acercarnos a alguna religión.

    Comentado por: Edith Dominguez el 14/1/2016 a las 03:24

  • ¿Qué origina que un lugar en el que los delitos principales eran el robo o la violencia doméstica diera paso a cien mil muertos y treinta mil desaparecidos?que buena pregunta,muy extensa en su respuesta y compleja de responder.estoy de acuerdo en que es muy difícil encontrar una solución única ante tal situación,pero tenemos que empezar ya y reforzar la educacion en el pilar de la sociedad "La familia" el lugar donde los miembros nacen, aprenden, se educan y desarrollan.

    Comentado por: Porfirio Arizmendi Sanchez el 13/1/2016 a las 09:52

  • lamentablemente en nuestro pais se esta viviendo esa decadencia principal de valores y hace que ya no nos veamos como seres humanos, y el peligro constante que los niños de hoy vean tanta violencia y crueldad como algo cotidiano es cierto que tenemos instintos pero como lo comentas necesita nueva dirección u tener acciones que no perjudiquen a otro ser humano.

    Comentado por: belen el 12/1/2016 a las 21:37

  • Su comentario me parece un tanto acertado a la contemporaneidad pero lo que si es muy evidente y lo cual nos negamos ver es que esta problemática de los asesinatos a diestra y siniestra no son actuales vienen de mucho tiempo atraz la única diferencia es que no se contaba con los medios tecnológicos actuales por ello hago enfacis principalmente en las redes sociales y la facialidad para poder recurrir a ellas lo que nos a permitido estar en una epoca de la libre distribución de información así mismo también a la propia distorsión de una sociedad la cual no esta preparada ha un cambio de tales magnitudes por la historia, costumbre y el propio desarrollo en su uso cotidiano entre los entes que cohabitan determinado territirio, entorno a la violencia se nos ha olvidad que si somos seres humanos pero aún pertenecemos al reino animal en el cual no podemos hacer un lado los instintos primitivos guardados por un inconsciente letárgico el cual ha sido persuadido por un comportamiento social, entonces si lo vemos desde dicho punto somos seres institivos los cuales buscamos dominio, seguridad, protección o simplemente una expresión de ese instito que a estado reprimido y así como buscamos estar del lado dominante también se encuentran los que buscan ser dominados a lo que en mi parecer puedo decir que no hay que buscar reprimir o inhibir radicalmente comportamientos si no aprender a desarrollarlos de manera adecuada para ser un ente holistico ante un ecosistema y del narco así como del gobierno sólo hay que dar un vistazo para atraz y veremos que no existen civilizaciones que no convivan con ello lo malo es que el ratón ya no quiso ser ratón.

    Comentado por: Jiménez Servin Erik Jesús el 12/1/2016 a las 05:57

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Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

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