PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 25 de agosto de 2019

 Blog de Jorge Volpi

Yo, yo, yo

¿Cómo saber cómo se comportará nuestro adversario en el futuro? ¿Cómo prever sus movimientos, sus estrategias, sus argucias? ¿Cómo defendernos de sus ataques o colaborar con sus llamados de concordia? ¿Cómo adivinar lo que se oculta detrás de sus facciones luminosas o siniestras, y en cualquier caso engañosas? Y, lo más importante, ¿cómo negociar con esos desconocidos que nos rodean y que esconden sus verdaderas intenciones? La respuesta es simple: todo lo que hacen es en busca de su provecho. Todo. ¿Cómo lo sé? Porque yo soy igual: nada me importa excepto mi propio beneficio. Mejor aceptémoslo de una vez. Asumamos que el egoísmo es el único motor del ser humano, y el único motor de la sociedad contemporánea.

            Esta reducción del ser humano a una sola explicación omnicomprensiva -a un totalitarismo como tantos del pasado- se instauró de manera permanente entre nosotros hace apenas unas décadas, cuando economistas como Friedrich Hayek o Milton Friedman la asumieron como punto de partida de sus teorías, y sobre todo cuando la ideología neoliberal la adoptó como piedra de toque de sus planteamientos. La caída del Muro y la extinción del bloque soviético -de la patraña comunista- encausó su edad de oro: desde entonces ningún economista y ningún líder cuestionan su validez. De pronto todos pasamos a ser tan sencillos como previsibles: dado que sólo nos importa nuestro yo, predecir nuestro comportamiento resulta tan fácil como introducir unos cuantos algoritmos en una computadora y esperar unos segundos para obtener el resultado.

            Pero, ¿cómo ocurrió este acto de prestidigitación que nos transformó en unos seres tan sosos, tan inocuos? En Ego. Las trampas del juego capitalista (Ariel, 2014), Frank Schirrmacher realiza una genealogía de esta peligrosa idea que ha terminado por contaminarnos sin remedio. El codirector del Frankfurter Allgemeine Zeitung sitúa su origen en la teoría de juegos desarrollada por John von Neumann y Oskar Morgenstern y luego ampliada por John Nash -el excéntrico matemático de Una mente brillante que aún deambula por el campus de Princeton-: a fin de encontrar una estrategia para entender la conducta ajena, hacía falta inventar un modelo de ser humano puramente racional cuyo única obsesión fuese el egoísmo. Pero de allí a asumir que los seres humanos somos idénticos a ese engendro -al que Schirrmacher denomina el "Número 2"- no sólo hay un abismo, sino un desplazamiento moral que acaso sea el causante de muchos de los grandes problemas de nuestro tiempo.  

            En Ego, Schirrmacher sigue el sorprendente itinerario de esta mutación, desde el momento en que los economistas neoliberales se valieron de la teoría de juegos para poner en marcha sus propias ideas -en particular su pasión por el homo oeconomicus, sus aproximaciones al rational choice y a los mercados eficientes de Eugene Fama- hasta el momento en que sus algoritmos computacionales se han extendido por doquier, de la mercadotecnia a la política y de la educación a la criminología, asumiendo que ese Número 2 ha pasado a ocupar nuestro sitio.

            Schirrmacher pinta una nueva criatura de Frankenstein, por supuesto. Un monstruo inventado por nosotros como una mera aproximación a la realidad -un modelo teórico como cualquier otro- que hoy controla infinitos ordenes de nuestra vida política, económica y social. De nuestra vida cotidiana. La concepción de que el yo es lo único que cuenta, trasladada al mundo financiero, ha sido una de las causas de la Gran Recesión de 2008, pero también de los anuncios dirigidos de Google o Amazon, que intentan adivinar nuestras elecciones a cada instante, o de que la política haya terminado reducida, gracias al poder de las encuestas, a un simulacro al servicio de los mercados. Los ciudadanos se vuelven clientes y el Estado una gran computadora que nos impone comportamientos predeterminados.

            Por alarmante que suene, quien escribe estas páginas no es un reportero amarillista, sino el codirector de uno de los diarios más influyentes del planeta -hasta donde los diarios aún pueden serlo. Su denuncia de un mundo regido por la "democracia de mercado" y por la "economía de la información" basadas en una reducción del ser humano a un puro ego previsible constituye una poderosa alerta sobre los peligros que se ciernen sobre nosotros mientras nos mantengamos ciegos a las diarias conquistas del Número 2. 

           

Twitter: @jvolpi

[Publicado el 20/4/2014 a las 16:44]

[Etiquetas: egoíasmo; neoliberalismo; Schirrmacher]

Compartir:

Comentarios (11)

  • Me parece que el egoísmo es causa de muchos males en nuestra sociedad. Tanto en el avance de la economía como del bienestar de la población en general.

    No estamos en este mundo solos; al contrario, vivimos en sociedad y quizá la mayoría de las veces debemos dar prioridad a nosotros mismos, pero no debemos olvidar que formamos parte de un conjunto cuya prioridad debe ser el bien común y su avance como civilización.

    Creo que si se diera prioridad al bienestar de la gente; tanto por parte del gobierno como del resto de la sociedad, así como al avance en conjunto como tal; estaríamos en un mundo mejor.

    Comentado por: Daniel Pineda el 17/5/2014 a las 19:33

  • Muchas gracias por la entrada. En relacion con el tema, la serie documental de Adam Curtis "All Watched Over by Machines of Loving Grace"intenta retratar el papel de la ideologia del individualismo en la configuracion del neoliberalismo actual o "la unica via". No es muy sesudo pero es entretenido y algo provocativo.
    Ya siento la falta de tildes
    Un saludo

    Comentado por: Alvaro Teijeira el 07/5/2014 a las 13:28

  • Excelente articulo, si bien es cierto, el EGO, es una característica indudable del ser humano, el cual aun no hemos aprendido a utilizar para bien de los demás.

    Nos olvidamos que el verdadero significado de la vida, no es vivir solo para nosotros, sino para los demás; y que solo podemos encontrar la verdadera felicidad, no en el recibir, sino mas bien en el dar, entregar, compartir. Y cuando el ser humano y la sociedad pueda entender esto, seguro avanzaremos como país.

    Comentado por: Alma Judith De Jesus el 06/5/2014 a las 04:52

  • Estamos todos en espera de aquello que nos saque del bache capitalista en que nos hayamos todos estancados, si bien nos hemos dado cuenta que el comunismo sòlo fue una utopìa, una patraña inventada para establecer una triste dictadura explotadora, el capitalismo hoy en dìa da muestras de que tampoco es la soluciòn o la panacea, hemos visto como el bienestar social se ha venido abajo al sur de Europa y se sostiene unicamente en Europa del norte, serà esta la soluciòn? el socialismo avanza en China, aunque da muestras de ser otra dictadura unipartidista disfrazada, que tal vez el tiempo se encargarà de abrir o no, mientras EUA y la UE se encargan de ver quine hace pero las cosas y Putin toma provecho de esto, ya no hay bloqueos polìticos, pero aùn asì la geopolìtica parece tomar el protagonismo en como se mueve el mundo estos dìas, urge inventar algo que nos saque a todos del hoyo y no sòlo al consentido yo interno de todos.

    Comentado por: Ghost Writer el 25/4/2014 a las 22:06

  • Desafortunadamente nos encontramos en la época del primero yo, después yo y al último yo, eso lo demuestran claramente las personas por sus actos, ya sea al interior de la familia o al convivir con los demás. En los negocios, cuando las personas ven por si mismas como menciona el autor, tal vez al estafar a otros, al manejar cuando conducen con agresividad al querer ganarle a otros.
    No obstante cada día se nos presentan numerosas oportunidades de hacer cosas buenas por los demás, pero las dejamos pasar, las desaprovechamos.
    Estamos en un momento en que la única meta para las personas es “hacer dinero”, esto es lo primordial para ellos, pero la pregunta es ¿son realmente felices? No lo creo ya que investigadores revelan que quienes dan demasiada importancia a los bienes materiales son menos felices y se deprimen con más facilidad, además de que presentan un mayor índice de trastornos físicos y mentales.
    Es el momento de que tomemos conciencia hay una frase que llamo ni atención “La soberbia y el egoísmo, son los padres de la soledad.” No cabe duda de que es cierto, pues las personas que ven por si mismas dejando de lado los intereses de los demás terminan quedándose solas.

    Comentado por: Karina Barajas el 25/4/2014 a las 05:20

  • Es para mí un verdadero gusto encontrar un lugar donde leer al prolífico Jorge Volpi. Tras haber leído su obra "En búsqueda de Klingsor" he recuperado mi fe en la literatura mexicana contemporánea.

    Pero en cuestión a el comentario del juego tradicional de nuestra cultura - ese yo-yo recurrente y constante en nuestra sociedad post industrial y científica - no considero que las ideas estén basadas en las postuladas por los economistas que ha mencionado en su escrito. ¡Gloria a Dios que así fuera! Sino que en nuestra sociedad "consumista" actual se basa en las ideas postuladas por J. M. Keynes. El debate de las ideas económicas se extiende por los tiempos que transcurren la vida del hombre en sociedad - y se seguirá extendiendo me atrevo a decir -.

    Creo que en plena sociedad científica y objetivista, el carácter egoísta de una cultura individualista no es un tópico a discusión sociológica muy emprendida, simplemente se le da el toque de crítica acérrima e ideologizada, sobre todo en nuestra cultura mexicana. Por el contrario, a decir de Vargas Llosa Jr. El tópico social se ha vuelto un concepto positivo casi divino. En mi punto de vista es necesario replantearse la situación social en las naciones con progreso inminente y las que no logran salir del abismo económico todavía.

    Puedo concluir diciendo que la temática económica en latino américa ha sido un tema "Tabú" digno de aparecer en una serie de televisión bien conocida. Como dijo Octavio Paz: "El marxismo se ha convertido en un vicio intelectual, es la superstición del siglo.”

    Comentado por: Amisadai Ríos Aquino el 23/4/2014 a las 20:34

  • Excelente forma de pensar del escritor, me parece que el egoísmo que cada ser lleva dentro de el, debe ser mejor manejado y de manera positiva. No esta mal que pensemos siempre en beneficio propio, solo que debemos darle un mejor efóque a nuestras actitudes.

    El ego debe tener la importancia que se merece, sin dejar que nos maneje, es decir, si cada uno de nosotros mirara dentro de si, evitariamos discriminaciones de todo tipo, ya que lamentableente, la mayoria de las personas no sabe lo que realmente es capaz de hacer.

    Saludos y amemonos de mas.

    Comentado por: Eva Rocio Olivares Lazalde el 23/4/2014 a las 03:49

  • Interesante artículo que nos invita a reflexionar porque si bien es cierto que por naturaleza somos egoístas, pensando siempre en el yo, primero yo, después yo y siempre yo. Con esto no quiero decir que en su totalidad somos así, pero si somos mayoría unos mas otros menos pero a fin de cuentas egoístas, ahora bien, también puede repercutirse por vivir una vida tan acelerada, en una constante competencia que desgraciadamente no es competencia sana más bien de ambición de poder, de tener, de querer , etc., nos hemos hecho tan materialistas, pero no porque uno quiera más bien porque las mismas circunstancias de la vida nos orillan a tomar esas actitudes y lo vemos en todos los ámbitos en lo político, económico, en lo social y hasta en lo familiar.
    Ahora, si ese yo lo utilizáramos positivamente como yo quiero prepararme, yo quiero trabajar en grupo, yo quiero hacer algo en mi comunidad, yo quiero hacer una labor altruista, etc., seriamos un mejor país, pero nunca es tarde y empecemos ahora con ese yo, pero, ese yo positivo, con objetivos, metas con ideales.

    Comentado por: MARIBEL HERNANDEZ GARDUÑO el 22/4/2014 a las 20:13

  • Yo considero que este egocentrismo que por naturaleza poseemos todos y cada uno de nosotros ha sido, mas desarrollado en unos que en otros y por lo tanto es una limitante para el desarrollo tanto personal, laboral y familiar, ya que al no ser empaticos con las demas personas no lleva a no ver mas alla de nuestros ojos, no deberiamos omitir que esto hasta cierto punto ha sido parte de la educacion de la que hemos formado parte desde niños.

    A nivel nacional cada una de las carencias de conocimientos, de valores, de amor por los demas y por nosotros mismos, la importancia que le damos a cosas en segundo plano y la ambicion exagerada siendo causas de desplazamiento moral; ha llevado a nuestro pais a permanecer en un punto negro en donde los afectados en todos los sentidos somos los mexicanos.

    Por eso ante todo debemos hacer conciencia y asi juntos lograremos hacer cosas grandiosas que jamas imaginasmos.

    SALUDOS

    Comentado por: Maribel Saldaña Grande el 22/4/2014 a las 04:44

  • Excelente articulo! el misterio sobre el Ego sigue siendo algo extraño y sobrenatural.
    El desear que el egoísmo no se posesione de nosotros, sigue siendo una lucha constante en nuestro interior.
    Aunque para algunos es algo automatico, para mi sigue siendo un enexplicable sentimiento que trato de abortar todos los dias. El yo, en nuestro diario vivir se posesiona de toda nuestra perspectiva. A veces no entendemos la condicion ajena, pero la verdad es que nosotros mismos no podemos comprendernos del todo.
    La importancia que le hemos dado al yo, como si todo dependiera de el. Y no es que realmente sea asi, sino que nosotros le hemos dado lugar a ese monstruo para que tenga el liderazgo en nuestra vida.
    Debemos de estar alertas a este Ego porque constituye un gran peligro para nosotros.

    Saludos
    Sayra Molina L.

    Comentado por: Sayra Molina Lopez el 21/4/2014 a las 19:22

  • ¡¡Bueno Doc ‒y permítame “las licencias”‒, tampoco hay que tomarse las cosas tan a la tremenda, ¿no?!! Al fin y al cabo ese engendro yoico controlador del que habla y con el que nos venimos limitando (más que definiéndonos) es un poco haragán. E insignificante. Todo hay que decirlo. Y sin ocultarle el desprecio que se merece tal criatura.


    Husserl, por ejemplo, aplicando sus conceptos de intentum e intentio, nos podría decir que confundimos los afanes de la objetividad con los trajines y caprichitos de la objetualidad. Que inventemos números con los que rebatir ese determinismo que nos amputa la determinación. Que dejemos de hacer caso a esos ridículos “números de la cabra”, escenificados por las corporaciones y entidades monetarias, con los que, sin deformarnos, nos creemos tan informados.


    Es más, y por otro lado, y no sin cierta cáustica, decir, intentando imitar la expresividad nietzscheana, que no es para tanto, que la hecatombe del homo oeconomicus ese, pues eso, más que una tragedia cósmica es una ridiculez insípida.


    Vamos que Platón y Aristóteles, por ejemplo, se “escohonarían” cuando le explicásemos cómo la potencia de la actualización de los mercados otorga luz heracliteana a cada uno de los hogares habientes en nuestras filosóficas repúblicas de expertos.


    Saludos.

    Comentado por: L el 20/4/2014 a las 17:38

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2019 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres