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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 15 de octubre de 2019

 Blog de Jorge Volpi

Los funerales del crítico

Tan admirado como odiado. Y, sobre todo, tan temido. Marcel Reich-Ranicki, el mayor crítico literario de Alemania y acaso del mundo. Una palabra suya era capaz de construir una reputación o de destruirla de un plumazo. Siempre agudo, siempre lúcido, siempre implacable. Se dice que, cuando huyó de Polonia en 1958, Heinrich Böll lo ayudó a encontrar trabajo en la redacción de Die Zeit y aún así él no tuvo empacho en despedazar su nueva novela (al toparse con él en una fiesta, éste le dio un abrazo al tiempo que le susurraba: "imbécil").

            Miembro de una familia judía alemana, Reich había nacido en Varsovia en 1920, y para inicios de 1939 se desempeñaba como intérprete del Consejo Judío en dicha ciudad. El mismo día en que fue trasladado a Treblinka, contrajo nupcias con su esposa, con la cual logró escapar del gueto en 1943, sumándose a la resistencia polaca con el seudónimo Ranicki. Al término de la guerra trabajó como diplomático -y espía- en Londres, hasta que fue expulsado de su puesto por "divergencias ideológicas". Harto de confrontarse con la censura, escapó a Alemania y pasó a formar parte del célebre Grupo del 47.

            Cuando se incorporó al programa de le televisión pública Cuarteto literario en 1980, ya era el crítico más elocuente -y feroz- de su generación, pero su presencia en los medios lo transformó en el "papa de la crítica" y semana a semana un ávido público seguía al pie de la letra sus recomendaciones. A los lectores les fascinaba la erudición y la ironía de quien había sido capaz de aparecer en la portada de Der Spiegel desgarrando un ejemplar de Es cuento largo de Günther Grass. (Otro de los escritores vilipendiados por él, Martin Walser, lo asesinó en su novela La muerte de un crítico.)

            Reich-Ranicki se convirtió en el modelo a seguir por críticos literarios de medio mundo. Muchos de ellos no añoraban tanto su profundidad o su vehemencia, como su posición: la capacidad de ser escuchado por miles -si no, como en Alemania, por millones- de lectores, de fijar el gusto de su época y de poner en su lugar a los escritores de su entorno. Durante décadas su ejemplo fue imitado por doquier, como si la única medida de la independencia de un crítico fuese su violencia -o su mala leche.

            La reciente muerte de Reich-Ranicki sella, sin embargo, el final de una época. Sus funerales también son los de un momento de la cultura en el que una voz (o, en el mejor de los casos, unas pocas voces) determinaban el valor de una obra. Tal como ha ocurrido en otros ámbitos -las columnas políticas, por ejemplo-, la desaparición de estas figuras totémicas, la crisis de los medios impresos y la proliferación de los comentarios en Internet o en redes sociales hacen imposible que este sistema jerárquico se prolongue por más tiempo.

            Para sus seguidores, esta transformación supone una grave pérdida: al carecer de intermediarios respetados -de augures confiables-, el público queda sometido a los intereses del mercado, preocupado sólo por vender librosvendiulturales c sin reparar en su calidad artística. Sin duda, uno puede sentir nostalgia por ese pasado en el que bastaba abrir el Frankfurter Allgemaine Zeitung -o Vuelta o los grandes suplementos literarios que hubo en México- para saber qué valía la pena leer y qué no. Para bien o para mal, hoy eso es imposible: para seleccionar un libro -o una película, o un restaurante-, el público prefiere guiarse por comentarios en Facebook y Twitter y en especial por las reseñas de otros usuarios en sitios como Amazon o Goodreads. 

En contra de lo que algunos quieren hacernos creer, quizás esta mutación no sea tan dañina: un estudio realizado por Loretti I. Dobrescu, Michael Luca y Alberto Motta para la Harvard Bussines Review ("What Makes a Critic Tick", revisado en 2013) parece demostrar que los lectores comunes tienden a coincidir con los críticos profesionales a la hora de discernir la calidad de una obra, tal vez gracias a lo que se conoce como "sabiduría de las multitudes". Con algunas ventajas: los lectores comunes se muestran más receptivos frente a los nuevos autores y no se dejan influir por los lazos personales o las disputas grupales que tienden a nublar el juicio de los críticos profesionales, cuyas opiniones -pese a la creciente brutalidad de sus diatribas- se han vuelto casi irrelevantes.  

Por supuesto, el nuevo modelo también posee desventajas: autores y editores se han atrevido a falsear las reseñas de lectores anónimos, la publicidad excesiva resulta más efectiva en ellos y, para formarse un juicio, uno ha de eludir las estrellitas y adentrarse en la lectura de una docena de reseñas de usuarios, pero a la larga esta "democratización de la crítica" no suena tan perversa como denuncian sus adversarios. Ello no significa que dejemos de llorar la muerte de figuras como Reich-Ranicki -"el hombre que nos enseñó a leer", según un diario alemán-, pero quizás al mismo tiempo debamos celebrar, con cautela, la aparición de miles de críticos sin papeles.

Publicado en Reforma, 29.09.13

Twitter: @jvolpi

 

[Publicado el 29/9/2013 a las 18:05]

[Etiquetas: Reich-Ranicki; crítica literaria]

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Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

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