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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 19 de septiembre de 2019

 Blog de Jorge Volpi

El lapsus del Procónsul

Un desliz. No una estrategia deliberada, ni una argucia diplomática, ni un engaño geopolítico. Un simple y llano desliz. En otras palabras, un error de cálculo. Un "argumento retórico", según su protagonista, capaz de torcer por completo la política y la imagen de su país. Y no cualquier país: Estados Unidos, la -tal vez justo hasta ahora- única potencia global. Un desliz que, al menos de momento, detuvo el bombardeo de Siria y puso en entredicho, si no de plano en ridículo, a su jefe, el presidente Barack Obama.

            Desde mediados del siglo xix se esparció la idea, sostenida con especial énfasis por Thomas Carlyle, de que son los héroes -de Jesús y Mahoma a César y Napoleón- quienes hacen la Historia, sólo para que el gran Liev Tolstói se burlase de ellos en Guerra y paz, mostrando cómo esos "grandes hombres" son incapaces de articular el comportamiento de las masas. Hoy constatamos que Tolstói se equivocaba en lo que respecta a los errores: si un solo individuo, por poderoso que sea, jamás conseguiría trastocar la Historia de forma voluntaria, un solo yerro puede lograr que ésta se vuelva en su contra.

            Pensemos en Günter Schabowski, el efímero jefe del Partido Comunista de Berlín Oriental cuando, la tarde del 9 de noviembre de 1989, afirmó en una conferencia de prensa que la posibilidad de pasar de Alemania Democrática a Alemania Federal en viajes privados era posible "de forma inmediata" -otro lapsus memorable-, provocando la caída del Muro de Berlín esa misma noche. O en el hierático secretario de Estado John Kerry quien, para salir del paso a la pregunta de un reportero, sostuvo que el régimen de Bachar el-Asad podría salvarse del inminente ataque estadounidense si se comprometía a entregar todas sus armas químicas a la comunidad internacional. "Aunque", añadió confiado, "no lo va a hacer y no se puede hacer".

            ¿Error de cálculo? ¿Improvisación? ¿Falta de tablas? No pasaron ni unas horas antes de que el astuto ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, le tomase la palabra a Kerry y propusiese un plan de desarme, rápidamente adoptado por Asad como última salida para evitar la destrucción de su arsenal bélico. El desliz de Kerry -que, si la situación no fuese tan grave, alcanzaría tintes de comedia- provocó que la decisión de Obama de atacar a Siria en represalia por el uso de gas sarín perdiese los escasos apoyos que aún le quedaban tanto entre los republicanos del Congreso como entre sus aliados europeos (baste recordar la pifia paralela del primer ministro británico David Cameron al perder la votación en la Cámara de los Comunes.) 

            De un modo u otro, lo cierto es que Obama se había colocado en una posición imposible. Tras dos años de guerra civil en Siria, en la que se cuentan miles de víctimas y cientos de miles de refugiados, Estados Unidos se había negado a intervenir, permitiendo que un variopinto grupo de rebeldes se enfrentase cada vez con menores posibilidades de éxito a las tropas del régimen. Hasta que Obama -¿en otro desliz?- decidió imponerle una línea roja a Asad: si éste llegaba a usar armas químicas, no dudaría en emplear la fuerza en su contra. Como suele ocurrir, el ultimátum apenas tardó en revertirse contra su impulsor: una vez que Estados Unidos afirmó que el gobierno sirio había empleado armas químicas en un barrio de Damasco, a Estados Unidos no le quedaba otro remedio que intervenir.

            Para entonces, todos los escenarios se habían tornado negativos para los intereses norteamericanos. Un ataque sin el aval de Naciones Unidas o la Liga Árabe no haría más que enturbiar aún más su imagen en la zona, y podría generar consecuencias devastadoras: la muerte (casi inevitable en estos casos) de numerosos civiles o, peor aun, la caída de Asad y el triunfo de un partido integrista, mucho más dañino para Estados Unidos e Israel que la dictadura laica del hachemí. Por otra parte, la falta de respuesta a la provocación siria sería vista como una muestra de debilidad -el réquiem por la última superpotencia- por parte de Irán, Rusia y China.

            Atrapado en su propio laberinto, Estados Unidos terminó por elegir el menor de los males y, aun a riesgo de mostrarse vacilante -Obama en Elsinore-, decidió apoyar el plan de Vladímir Putin, quien de pronto acabó convertido en un improbable adalid de la paz. Imposible saber si a la postre Asad cumplirá sus promesas, pero ha ganado un tiempo valiosísimo. Los otros beneficiados por la maniobra han sido Rusia y China, que han visto fortalecidas sus aspiraciones globales, así como Israel, que ha conseguido mantener el equilibrio destructor entre sus dos odiados rivales: Asad y los islamistas. Si al final Siria llegase a entregar su arsenal químico sin el uso de la fuerza, incluso Obama podría salir fortalecido. Pero, si los días de Estados Unidos como policía mundial no se han erosionado por completo por los desastres de Irak y Afganistán, el desliz de Kerry le ha hecho sufrir un golpe que podría parecer definitivo.

 

Publicado en el diario Reforma, 22.09.13

 

Twitter: @jvolpi

 

 

 

[Publicado el 22/9/2013 a las 15:44]

[Etiquetas: Obama; Kerry; Putin; Siria; Asad]

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Comentarios (1)

  • espléndido artículo,tiene ese algo que hace que uno se alegre de haberlo leído aún sabiendo que quizá no alcance a leer ese libro en su vida.

    Comentado por: red bottom shoes el 25/9/2013 a las 04:17

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Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

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