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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 14 de noviembre de 2019

 Blog de Jorge Volpi

De bloqueo en bloqueo

A lo largo de las últimas semanas, la capital se ha visto desquiciada por las estruendosas protestas callejeras. Al principio, las autoridades minimizaron el conflicto -ante los pasmados ojos de los ciudadanos, llegaron a afirmar la inexistencia del movimiento-, mientras los manifestantes bloqueaban calles y avenidas, llegando a obstaculizar el acceso al aeropuerto. Si hasta el momento el presidente había gozado de un amplio margen de aprobación por sus arriesgadas decisiones políticas, su imagen -al igual que la del alcalde- se ha desplomado en las encuestas, sobre todo entre las clases medias y altas. Hartas de embotellamientos que duran horas, exigen mano dura al gobierno, que en su opinión se ha mostrado incapaz de hacer frente a los disturbios.

            La confrontación entre policías y paristas se ha tornado cada día más violenta, con un saldo que suma ya decenas de heridos. Según los responsables de los cuerpos de seguridad, jóvenes radicales infiltrados entre los organizadores son los responsables del caos: "Desafortunadamente varias de estas manifestaciones fueron aprovechadas por vándalos que sólo quieren causar caos y destrucción, y dañar los bienes públicos y privados. No hay protesta, por justa que sea, que amerite la pérdida de una vida".

Hace unos días, los sectores más conservadores del país presentaron un proyecto para endurecer las sanciones contra quienes alteren el orden público. Según sus defensores, estas medidas buscan "evitar desmanes en las manifestaciones", sin por ello conculcar el derecho de protesta, aunque diversos colectivos de derechos humanos -y buena parte de la oposición- denunciaron el peligro de reformar el código penal. Para defenderse, uno de los artífices del proyecto declaró: "La protesta social es legítima, la promovemos, la respetamos e invitamos a los ciudadanos a que se manifiesten, pero no es aceptable cuando termina en bloqueos que atentan contra los derechos de los ciudadanos, pero más grave aún es una promoción de la violencia, por eso quienes promueven estas protestas van a tener que pagar las consecuencias".

De acuerdo con el nuevo proyecto de ley, "quien incite, dirija, participe, constriña o proporcione los medios para obstaculizar [...] las vías o la infraestructura de transporte de tal manera que atente contra la vida humana, la salud pública, la movilidad, la seguridad alimentaria, el medio ambiente o el derecho al trabajo, incurrirá en prisión de 3 a 5 años". Y añade que, si se utiliza capucha o algún elemento que impida la identificación, la sanción podrá llegar a seis años y medio, sin beneficio de reducción de penas. En contraposición, uno de los más destacados líderes de izquierda replicó: "Éste es un gobierno tramposo, dice que va a solucionar los problemas y prepara las medidas para que la gente no pueda protestar.".

Aunque este escenario parecería describir con cierta precisión lo que ocurre en la Ciudad de México, en realidad pertenece a la Bogotá donde aterricé hace unos días. Tras la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, miles de productos agrícolas de este país han abarrotado los comercios colombianos, desplazando a los productos locales. Enfrentados a una competencia desleal, abandonados en sus comunidades y desprovistos de vías rápidas para transportar sus productos, los campesinos decidieron poner en marcha un Paro Nacional Agrario que no tardó en ser secundado por otros sectores inconformes, como los maestros.

De bloqueo en bloqueo, la situación admite paralelismos: la llegada de un presidente pragmático, tras varios años de un presidente ideológico que no admitía otra verdad que la suya; la aprobación de reformas necesarias, pero que inevitablemente afectan a grupos siempre desfavorecidos; ásperas protestas y bloqueos, que de inmediato suscitan la animadversión de las clases medias y de comunicadores que apenas dudan en exigir su aplastamiento. En resumen: las contradicciones propias de naciones que, pese a sus avances, continúan divididas por una pavorosa brecha social.

Al final, en un caso y otro, tendríamos que ver a los campesinos colombianos o a los maestros mexicanos, más que como agentes perniciosos, revoltosos sin principios o vándalos -aquí y allá los líderes de opinión no se cansan de emplear este epíteto-, como el odioso síntoma de un mal mayor: un pacto social que, a lo largo de los últimos decenios, ha impulsado el rápido enriquecimiento de unos cuantos en detrimento de millones que continúan al margen de cualquier mejora -y, lo que es peor, al margen del discurso de éxito que enarbolan políticos y empresarios de sus países. Frente al discurso del odio que se exacerba en momentos como éste, lo que se necesita es que las autoridades no se dejen presionar y actúen con la mayor prudencia y sensatez. No se trata de compartir la estrategia o las ideas de los manifestantes -casi siempre borrosas e inasibles-, sino de mirar los bloqueos como quien mira la llaga abierta en una sociedad herida.

 

Originalmente publicado en el diario Reforma, 15.09.13

[Publicado el 15/9/2013 a las 16:28]

[Etiquetas: Colombia; México; bloqueos]

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Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

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